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Andà p'allá, bobo

Unos malcriados, eso es lo que son, unos malcriados

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas

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Emilio Pérez de Rozas

Emilio Pérez de Rozas

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Así, de entrada, aunque le duela al ‘ser superior’, podríamos decir que a Florentino Pérez, a todo un empresario, a uno de los 100 seres más poderosos de España, se le ha ido el Real Madrid, el mismísimo Real Madrid, de las manos. Y no se le ha ido sin darse cuenta, no, no, que va, que va, antes de verlo despeñarse por el precipicio, ha tenido decenas de alarmas (mañana se las cuento), que ni siquiera han despertado su curiosidad o intervención.

Así, de entrada, aunque le duela a todo un Director General, posición de la que, sin duda, se siente sumamente orgulloso, podríamos decir, sin miedo a errar, que el papel de José Ángel Sánchez, la mano derecha del presidente blanco, ha sido pobre, ridículo, lamentable y, fundamentalmente, impropio del que está al mando, al frente, del que dicen es uno de los cinco clubs más grandes del mundo y una auténtica institución.

Así, de entrada, aunque le duela al gran banquero Anas Laghrari, el contable, el economista, el señor de los números que permite a Florentino vivir con el paraguas de que siempre le salvará alguien con carretillas de millones de euros, el papel de este caballero silencioso, pero que huele el poder, que quiere el poder, que persigue el poder, ha sido, también, irrisorio.

Papá decía que cuando quitaron la asignatura de urbanidad de los colegios, “jodieron al mundo, Emilio”. No hace falta acudir a la IA, pero, sí, acudamos a ella: Urbanidad es el conjunto de valores y normas de cortesía, atención, modales y buenas costumbres que permiten una mejor interacción social. Se trata de actuar con respeto y consideración hacia los demás, fomentando un ambiente armonioso y positivo.

Podemos (y debemos) culpar a Florentino Pérez, José Ángel Sánchez, Anas Laghrari, Xabi Alonso y Álvaro Arbeloa de todo este caos ¡claro que sí!, pero esto no es el recreo del cole, estos futbolistas, estos ricos mimados y adultos, faltos de urbanidad y educación, son los grandes culpables de este escándalo. Ellos.

Mi dirán, vale, estupendo, hasta hace dos años, es decir, en el tiempo anterior a que el Real Madrid, sí, todo el Real Madrid, no solo el vestuario, perdiese, durante dos años, todos los torneos, sumase dos ‘nadapletes’ consecutivos, nadie hablaba del lamentable comportamiento de los futbolistas. Más a mi favor, los profesionales del fútbol, como poco, deberían tener la dignidad de comportarse cuando ni siquiera cumplen con su trabajo, cuando se comportan profesionalmente como un cualquiera, ganando decenas de millones de euros.

Demasiados culpables

Hay quien piensa en Madrid (y acierta) que hemos asistido (sí, sí, ya nadie piensa que pueda ocurrir algo más triste, lamentable y reprobable que lo ocurrido hasta ahora) al final de una maratón, de la que, sin duda, ‘Flo’, Sánchez, Laghrari, Xabi Alonso y Álvaro Arbeloa han sido cómplices (sí, el tolosarra también por no haber denunciado públicamente a sus jugadores, incluido Vini Júnior, quien logró su despido) de las mayores barbaridades de todos los tiempos protagonizadas por unos niños mimados, maleducados en la mayoría de los casos, que no conocen los límites de su comportamiento.

El problema y volvemos a la falta de urbanidad, es que si Florentino Pérez les perdonó tanto, tanto, les toleró tanto, tanto, si no despidió a su amigo José Mourinho cuando le metió el dedo en el ojo a Tito Vilanova, si no despidió a Pepe cuando (casi) mata a Casquero en un Real Madrid-Getafe, si toleró que Kylian Mbappé le regatease y se burlase de él durante años antes de fichar por la Casa Blanca, si permitió que en marzo se fuese de fiesta a Oslo estando lesionado y, ahora, a Cagliari (siguiendo estando lesionado), si permitió que Vinicius fuese el que es y, no solo forzase el despido de un entrenador con tres años de contrato, sino que impidió el despegue de un avión ¡todo un avión! con rumbo a la gala del Balón de Oro, en París, ahora ya no llega a tiempo de nada. De nada.

Xabi Alonso saluda Florentino en l’entrega de medalles de la Supercopa, després de perdre la final diumenge. | KAI FÖRSTERLING / EFE

Xabi Alonso y Florentino Pérez. / EL PERIÓDICO

“No culpo a los jugadores, yo soy el único responsable”, dijo Florentino Pérez cuando se fue en 2006. “Algunos jugadores están confundidos y yo he participado en su confusión. La mejor manera de que lo entiendan es que otros hagan lo que yo no he sido capaz. No me han gustado muchas de las actuaciones de los últimos días y debo echarme la culpa a mí mismo (…) Haya jugadores confundidos, a los que no he sabido más que maleducar”.

Vale, estupendo, ¿y ellos? Repito, podemos mirar a Pérez, a Sánchez, a Laghrari, a Alonso, a Arbeola ¡claro que podemos mirarles!, pero no estamos en el patio del colegio, no, no es el recreo del instituto, estamos ante unos adultos, ya no tan jóvenes, que son (por desgracia en muchos casos) el ejemplo de nuestros niños, de millones de niños de todo el mundo.

Señores ustedes son el Real Madrid, acaben con dignidad y algo de decoro; ustedes ganan insultantes cantidades de dinero; ustedes son (por desgracia) ejemplo para muchos niños del mundo entero, hagan el favor de comportarse.

Cuentan que cuando Santiago Bernabéu recibía, por vez primera, en su despacho a un nuevo fichaje, solía despedirle en la puerta de su oficina con un “…y, mire, sepa que, hasta ahora, usted se llamaba Manolo González (pongamos, digo), a partir de hoy, usted es el señor Real Madrid”.

El mundo sabe de qué material están hechos estos chicos. Madrid sabe que Baena, Carreras, Asencio (y muchos otros) tienen mesa reservada cada noche en varias discotecas de Madrid. Ha visto como Mina Bonino, la esposa de Valverde, ha criticado a Ancelotti ¡a Ancelotti! “porque parece ignorar que mi marido es un 8 y no lateral”, recibiendo la reprimenda de Mariann, la esposa de ‘Carletto’, la gente se ha mofado del sofá gris que hay en el despacho de Arbeloa donde, según él, trata a sus chicos. ¡Por favor! La gente, en fin, acaba de leer un comunicado de Valverde, cuyo último párrafo empieza con un “ayer he tenido” ¡ayer he tenido!

En fin, urbanidad, señores, urbanidad, después del ridículo que llevan haciendo todos, todos, pero especialmente ustedes, señores futbolistas, acaben la temporada con algo de decoro y dignidad. Ustedes ya no se llaman Vinicius, Mbappé, Carreras, Valverde, Tchouaméni…¡ustedes son el señor Real Madrid!

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