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Opinión | Apunte

Barcelona

El clásico como cataplasma

Aurelien Tchouaméni, centrocampista del Real Madrid.

Aurelien Tchouaméni, centrocampista del Real Madrid. / Afp7

A puertas de un nuevo clásico, el vestuario del Real Madrid es un polvorín de dimensiones bíblicas. Aunque algunos intenten motivar a los jugadores pidiéndoles de rodillas que se pongan las pilas, ni que sea para dar la segunda alegría de la temporada a su afición -la primera fue ganarle al Barça en el Bernabeu aunque casi no se celebró por mor de un Vinicius histérico- llegarán pensando en el día después.

Lo mismo que Florentino Pérez, que parece haber decidido que será Mourinho el próximo salvador. Tampoco Mbappé tiene demasiados números de estar en el césped y todo apunta que su dolencia se esfumará cuando esté cerca de su selección. Unos ven el Mundial como única opción para reivindicarse y, de paso, perder de vista al Real Madrid un par de meses. Y otros, el final de temporada para que corra el aire, respirar otro nuevo o cambiar de ídem. Resumiendo: que cada uno va a la suya, Arbeloa hace bueno el dicho catalán ‘qui dia passa, any empeny’ y ni está ni se le espera en las decisiones deportivas del futuro más inmediato. Un ambiente laboral que se corta con un cuchillo o se resuelve con un par de tortas.

El choque de trenes entre Rüdiger y Carreras informaron en El Chiringuito que no ha sido el primero. La última hora nos sitúa a Valverde en el hospital, al que acudio acompañado del técnico blanco, tras una pelea brutal con Tchouaméni. Puntos de sutura y una imagen lamentable. También cuentan que la tirantez en determinadas sesiones ha sido elevada. “Nada, puro fútbol”, apuntan algunos para bajar el souflé. Tensión acumulada, frustración por varios ridículos y por sumar dos años en blanco, escribo yo. Que los jugadores pasen en Valdebebas, como mucho, tres horas al día aún cuando está todo dispuesto para que convivan con ‘rancho’ de nivel y todo tipo de comodidades describe la situación. Disparados salen por la puerta para huir de la quema y de lo que les escalda. Tremendo.

Llega un Real Madrid a retales con el único objetivo de aguarle la fiesta al Barça. Alargar el alirón culer como cataplasma puntual de una herida profunda que nadie acierta a suturar. Un clásico sin pasillo y con la limpieza de todas las habitaciones por hacer.

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