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La tierra desaparece de los campos de fútbol de Catalunya
Solo quedan 27 terrenos activos que no sean de hierba
“Es la muerte del fútbol rural, de pueblos de 500 habitantes donde ni los ayuntamientos ni nadie ha creído”, lamenta el presidente de la Monistrolenca

Un partido de fútbol en el campo de tierra del Olvan. / Cedida

'Patatal Park'. Así llama jocosamente el CE Olvan al campo que acoge sus partidos de la Cuarta Catalana, la última categoría del fútbol territorial. Es una especie en extinción ya que es uno de los pocos de tierra que quedan en Catalunya. Evoca al fútbol de otros tiempos: a charcos y fango, camisetas rebozadas como croquetas, a polvo que se mete en garganta y ojos cuando el viento sopla con más fuerza de la habitual, a chinitas de arena que se clavan como perdigones en la piel, a rodillas y codos con costras que nunca cierran.
Olvan es un municipio de 900 habitantes del Berguedà. Sebas Prat, el alcalde y miembro de la junta del club, recuerda que cuando se extendió el césped artificial tener un campo de tierra era una ventaja: "Nos hacíamos fuertes en casa ante equipos que no estaban acostumbrados a esta superficie".
Juega a favor y en contra
Ahora también les juega en contra porque cuesta encontrar chavales de los pueblos cercanos que quieran luchar sobre barro. "Éramos el tercer equipo de la comarca y llegamos a estar en Segunda Regional -rememora el presidente, Arnau Plans-. Pero los tiempos cambian rápido y nuestros jugadores no se adaptan bien. Vienen todos de jugar en césped artificial en sus clubes de fútbol formativo. Es algo que nos afecta a nivel de juego, con el toque, el bote...".

Un partido en el campo del Olvan. / Cedida
Cuando hay lluvias y temporales los miembros de la junta tienen que aplanar el campo enfangado, para quitar las pisadas del entreno del día anterior antes de poder pintar las líneas de cal. El alcalde cuenta que hasta ahora no se ha podido afrontar el cambio al césped artificial, porque había otras asuntos prioritarios. Pero que ahora quieren encararlo y tienen sobre la mesa varios presupuestos, entre 420.000 y 470.000 euros.
El triángulo que forman el Berguedà, el Solsonès y el Bages concentraba la resistencia de la tierra contra la hierba hasta el covid. Como si fueran la aldea de Astérix y Obélix, allí se alineaban los campos del Montmajor, el Sant Llorenç de Morunys, el Vilada, Pare Ignasi Puig, la Balconada y el Valls de Torroella. La tierra solo se mantiene intacta en este último y en el del Olvan.
De la cincuentena de campos de tierra que había activos en Catalunya hace tres años ahora solo quedan 27 en los que haya partidos o entrenamientos.
La hierba artificial ha ido sustituyendo a la arenisca en los pocos campos que quedaban. El Atlètic Vilabella, que como el Olvan llamaba 'Patatal' a su hogar, lo rebautizó hace un año como 'Nou Patatal' después de que le pusieran hierba artificial reciclada. Su presidente confiaba en que el cambio permitiera poder volver a montar un equipo de veteranos pero, sobre todo, atraer a más chavales para la base.
Como pasaba en otros casos muchos padres preferían buscar clubes con césped para sus hijos, aunque tuvieran que pagar más o hacer unos kilómetros extras, pensando en lo que se ahorrarían en betadine y detergente.
Rechazo de los jóvenes
En el área metropolitana de Barcelona el último campo de tierra era el de Can Sellarés, donde jugaba hasta el 2022 el Rayo Viladecans en Cuarta Catalana. "Había equipos que no venían a jugar, porque los jóvenes no están acostumbrados y no quieren jugar en tierra -explica Sergio Moya, presidente del club-. Yo tengo 45 años y he llegado a jugar en Tercera División en tierra, pero la juventud de hoy en día ha empezado en césped artificial y no quieren tierra, aunque la Federación lo permita. La sociedad es hoy otra, nos hemos vuelto todos muy cómodos ahora".
El Rayo, fundado en 1900, jugó cinco temporadas en ese campo hasta que les notificaron que no podían seguir ahí. "Nos echaron porque iban a reformar toda la zona y hacer pisos. Nos dijeron que empezaban las obras en septiembre de 2022 y mira, hasta ahora no ha entrado ni una grúa. Todo han sido movimientos para que cerremos".
Mientras el Rayo tiene de momento la actividad parada, su antigua casa ya es historia, después de que a principios de este mes los ayuntamientos de Viladecans y Gavà desencallaran los últimos impedimentos burocráticos. Las antiguas pistas de baloncesto y del campo de tierra de Can Sellarés darán paso a un campo de fútbol 7 y una doble pista polideportiva cubierta con gradería.
Kubala, sin herederos
La Agrupació Esportiva Monistrolenca sí que sigue jugando en el campo municipal de Monistrol de Calders, pese a las dudas sobre el futuro del club. "Las dos cosas que tenemos son el campo de tierra y que Kubala jugó con la Monistrolenca porque se recuperó aquí de tuberculosis cuando el Barça lo fichó. Somos un equipo fundado en 1916 y creo que el año que viene no habrá fútbol", apunta Germà Cabrera, presidente de la entidad. "Hemos pasado de cuatro equipos a uno y, la próxima temporada, quizá ninguno".
Antes tenían equipo de veteranas, de veteranos, de fútbol base y el de Cuarta Catalana, ahora no está ni garantizada la del equipo de veteranos, el único que compite esta temporada. "Con unas instalaciones en condiciones los chavales de 17, 18, 19 años igual dirían 'oye, por qué ni voy a jugar a mi pueblo', pero cuando han jugado siempre en césped igual piensan ‘si me tengo que tirar al suelo prefiero que sea césped y no tierra’. Es la muerte del fútbol rural, de pueblos de 500 habitantes donde ni los ayuntamientos ni nadie ha creído”.
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