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Girona - Mallorca (0-1)

Un Girona nervioso se estrella en casa y enciende todas las alarmas

Un gol de Samu Costa liquida al equipo de Míchel, que perdona ocasiones para no perder y hace que todos los fantasmas regresen a Montilivi.

El descenso puede colocarse a un punto al final de esta jornada dependiendo de los resultados de los rivales directos.

Los jugadores del Girona se lamentan durante el duelo contra el Mallorca.

Los jugadores del Girona se lamentan durante el duelo contra el Mallorca. / David Borrat / EFE

Marc Brugués

Girona
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"¿Toc-toc?" ¿Quién es? "Somos los fantasmas, que queremos pasar". Sí, ya están aquí. Las piernas temblaron en el peor día y el Girona dejó escapar el tren que lo llevaba, directamente y sin sobresaltos, hacia la salvación. Está claro que no ha descendido, pero la derrota contra el Mallorca vuelve a encender, muchos meses después, las alarmas en Montilivi. Y no es que el equipo no hiciera hecho méritos para puntuar e incluso ganar. La falta de acierto de los gerundenses, la actuación del portero Román y los palos, junto con la eficacia de Samu Costa en una de las pocas llegadas del Mallorca en la primera parte, propiciaron que los tres puntos volaran hacia Palma.

Se intentó todo. No hubo manera. Ni la carta de Stuani sirvió para intentar salvar, al menos, un punto en un partido en el que, aunque la primera parte no fue nada buena, la segunda sí lo fue. Y con ocasiones de sobra como para no haber perdido. Quedan cuatro jornadas y habrá que ver qué hacen los rivales directos para medir la dimensión del error de este viernes. La realidad, sin embargo, es que la ventaja de cuatro puntos puede verse muy reducida y que el panorama se oscurece. Abróchense los cinturones, que vienen emociones fuertes.

Sudar sangre

Montilivi tenía una cita con la historia y no falló. Mucho antes de las nueve todo el mundo estaba en su sitio. En la grada y, sobre todo, en el césped, donde el Girona tenía la misión de superar al Mallorca —el peor visitante de la categoría— para espantar fantasmas y ganarse el derecho a vivir un final de temporada tranquilo. Tres puntos vitales para el equipo ante un rival directo en una final con red, en la que ganar era casi sinónimo de salvación y no hacerlo abría de par en par la puerta a todos los fantasmas.

Míchel da instrucciones a sus jugadores en el partido ante el Mallorca de este viernes.

Míchel da instrucciones a sus jugadores en el partido ante el Mallorca de este viernes. / David Borrat / EFE

Para lograrlo, estaba claro que con el juego de toque y combinación no sería suficiente y que haría falta sudar sangre. Y más ante un Mallorca más acostumbrado a moverse en el barro. Tocaba salir a morder desde el primer momento, algo que no se había hecho ni contra el Betis ni el Valencia. Míchel optó por situar a Blind en el lateral izquierdo, mover a Arnau al eje y dar el lateral derecho a Francés. La entrada de Fran Beltrán y Joel Roca fueron las otras novedades en el once.

Ocasión clara de Echeverri

El Girona se puso en marcha enseguida con un rápido contragolpe de Joel Roca que terminó con un disparo de Tsygankov que salió muy desviado. El equipo amenazaba, sobre todo, por la derecha ante un Mallorca que planteaba una presión asfixiante al hombre por todo el campo. Las ocasiones, sin embargo, eran rojiblancas y Leo Román salvaría un uno contra uno clarísimo de Echeverri tras una magnífica asistencia de Ounahi. El balón era más del Mallorca, que lo recuperaba con mucha facilidad, pero las ocasiones eran del Girona. El ritmo era intensísimo y no favorecía a los de Míchel, que no lo veía nada claro. Así, Vitor Reis tuvo que aparecer milagrosamente para salvar, sobre la línea, un gol de Muriqi que el banquillo visitante ya celebraba.

Samu Costa celebra su gol felicitado por Darder, este viernes en Girona.

Samu Costa celebra su gol felicitado por Darder, este viernes en Girona. / David Borrat / EFE

El partido no pintaba bien y Míchel lo intuía. El gol de Muriqi no había entrado, pero sí se adelantaría el Mallorca al borde del descanso cuando Samu Costa remató, en el segundo palo y de cabeza, un centro de Mojica desde la izquierda. Un gol demasiado fácil en el que Blind volvió a quedar retratado. Se llegaba al descanso con el agua al cuello y con un Girona incómodo que veía cómo se jugaba el partido que quería el Mallorca. Míchel tenía trabajo en el vestuario buscando cómo esquivar o superar la presión alta de los baleares y poder tener un poco más de control del partido o conseguir generar más contragolpes como los que Joel Roca había tenido al principio. Lo lograría, porque la reanudación tomaría un claro color rojiblanco.

Remates al palo

El Girona se toparía con los palos en dos acciones casi consecutivas de Joel Roca y, sobre todo, de Ounahi. Montilivi se encendía viendo que el Girona era otro en busca del empate. El balón circulaba con velocidad y el Girona acosaba al Mallorca. El gol, sin embargo, no llegaba. A veinte minutos del final, Míchel movió el banquillo y recurrió al factor Stuani. De hecho, refrescó todo el equipo dando entrada a Bryan Gil, Rincón y también Lemar.

Las ocasiones seguirían apareciendo, y no precisamente poco claras, como un cabezazo de Witsel fuera por muy poco y, sobre todo, una de Stuani que detuvo Leo Román. El gol se resistía ante la desesperación de Míchel y de un Montilivi que rezaba. No habría nada que hacer. Incluso Gazzaniga salvaría el segundo del Mallorca ante un Girona que, a la desesperada, no encontraría el premio del empate. A sufrir, no queda otra.

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