PSG - BAYERN MÚNICH (5-4)
El PSG toma ventaja ante el Bayern Múnich en el partido más grande del fútbol europeo en muchos años
El equipo de Luis Enrique supera a los bávaros en la ida de una semifinal de Champions extraordinaria, un festival de goles y alternancia en el marcador raramente visto

Dembelé celebra abrazado a Doué uno de sus dos goles al Bayern en la semifinal de la Champions. / ALAIN JOCARD / AFP

Fue el partido más grande del fútbol europeo en muchos años. Una fiesta de exuberancia ofensiva. Una feria de la imaginación. Una verbena de goles, algunos realmente hermosos. Dos equipos que se zurraron con saña y no dejaron al otro ni respirar grabaron un espectáculo para el recuerdo. La trompetería previa anunciaba una semifinal de Champions que ocultaba una final. Los presagios se quedaron cortos. Fue mucho más que eso. El Parque de los Príncipes asistió a un enfrentamiento para la historia. Y aún queda una vuelta, en Múnich. De momento, el PSG empaqueta una ligera ventaja sobre el Bayern (5-4). Ante semejante desenfreno, parece poca cosa.
Quienes anticiparon un partido épico no hicieron un ruido vacuo. El PSG y el Bayern Múnich se abalanzaron con las garras afiladas a la cara del otro, como dos fieras hambrientas a las que les sueltan las cadenas. Brutal y bello lo que se vio en París. Un fútbol atronador. Nunca se han marcado nueve goles en una semifinal de Champions. Qué bendita locura.
Dos delanteras incomparables
Las dos escuadras alinearon a las mejores delanteras de Europa, no admiten comparación, y en París hicieron quedar mal a las estructuras defensivas. Se mostraron imparables. Las juntas y te abren cualquier canal bloqueado de importancia geoestratégica. Kvaratskhelia, Dembélé, Doué, por un lado; Olisé, Harry Kane, Luis Díaz, por otro. Demoledores futbolistas en estado de inspiración, demasiado para cualquier retaguardia.

Kvaratskhelia marca el segundo tanto del PSG ante el Bayern en la ida de las semifinales de Champions. / YOAN VALAT / EFE
El Bayern, que había derrotado al PSG en los últimos cinco enfrentamientos en Champions, compareció desacomplejado y estranguló a los franceses hasta que se adelantó con un penalti cometido sobre Luis Díaz, un polvorilla de mucha mecha. Igualó Kvaratskhelia con un amago, regate y disparo cruzado exquisito (1-1). A partir de aquí el PSG se creció. Dio la vuelta el más bajito, Joao Neves, con un remate de cabeza a la salida de un córner (2-1). Pero empató el Bayern con un trallazo de Olisé, el delantero más excitante del panorama europeo con permiso de Lamine Yamal (2-2).
Y antes del descanso manchó el encuentro el VAR, que vaya por dónde estaba gestionado por un español, Carlos del Cerro Grande, que citó al colegiado a la pantallita por una mano de Alphonso Davies apenas despegada del cuerpo. Un penalti muy de la Liga, muy absurdo. Igual sale a cuenta a los entrenadores empezar a amputar las manos de sus defensas. Dembélé, que provocó la pena máxima, acertó para colocar el 3-2. Al descanso y a respirar todos.

Marquinhos defiende a Harry Kane en la semifinal de la Champions. / YOAN VALAT / EFE
Y tras el entretiempo el partido volvió desatado, sin amarres, tal y como se había dejado. No se permitió la calma en el Parque de los Príncipes. El Bayern se derritió de entrada. O el PSG le fundió como si un soplete se encarnizara con una pastilla de mantequilla. Como purasangres galoparon los atacantes franceses. Y como francotiradores dispararon. Impresionante diana de Kvaratskhelia después de una carrera de Hakimi y de que tanto Doué como Dembélé dejaran pasar el balón (4-2). Era el décimo gol del georgiano, el máximo realizador del equipo galo este año. Y el Balón de Oro enchufó el quinto enseguida (5-2). Cinco remates a puerta y cinco goles del PSG. Lo dicho, como francotiradores.
¿Había resuelto la eliminatoria el cuadro de Luis Enrique? Ni de broma. El Bayern se levantó de la lona, demostrando la personalidad que se le presupone a la bestia bávara. Marcaron Upamecano (5-3) y Luis Díaz, un golazo, con una habilidad en el espacio corto admirable (5-4). No tiene mal gusto Deco, que tanto lo quiso fichar para el Barça.
El equipo alemán, insuflado de vitamina tras recortar la desventaja, persiguió el empate, como si aquello fuera realmente una final. No se administró, no regateó esfuerzos. Vincent Kompany, el técnico belga que vio el partido desde la grada por sanción, ha dotado al Bayern de una ambición que en Baviera no veían desde los tiempos de Pep Guardiola.
El PSG, que si algo sabe hacer con Luis Enrique es presionar y resistir, sudó como nunca para evitar el empate. Casi lo materializa Kimmich en el último segundo, de cabeza. Pitó el final el árbitro y casi causó pasmo que todos los jugadores no se tiraran al césped exhaustos. Qué festival. Ganas de ver ya la vuelta.
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