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Fútbol

La historia oculta del equipo de fútbol de Chernóbil: los jugadores que pasaron a ser 'liquidadores'

El estadio de Pripyat, que debía inaugurarse cinco días después de la catástrofe nuclear, nunca llegó a acoger un partido

El estadio de fútbol de Prypiat, abandonado.

El estadio de fútbol de Prypiat, abandonado. / STEPHEN J MASON / CC License Wikicommons

Arnau Segura

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Cuarenta años después el estadio de Pripyat, a un paseo de la central nuclear de Chernóbil, sigue esperando su primer gol. La Wikipedia dice que cerró el 26 de abril de 1986, antes de abrir el 1 de mayo, el día previsto para la inauguración. Dejó de ser antes de empezar a ser, víctima de la mayor catástrofe nuclear de la historia, y el verde ha dejado paso a una arboleda tan conmovedora e irreal como el resto de una ciudad fantasma: ayer hogar de 50.000 personas, hoy una macabra exposición de la vida humana sin almas. "Si no hubiera sido por el accidente jamás me habría ido de la ciudad. Sé que suena un poco a fantasía, pero si la ciudad se pudiera limpiar y fuera segura para vivir volvería. Era un paraíso y no una ciudad", reconoció Volodymyr Semikopov, trabajador de la central y también jugador del equipo de fútbol de la ciudad, en el periódico ucraniano 'Blik'.

La ciudad de Pripyat, 150 kilómetros al norte de Kiev, a solo diez kilómetros de la frontera Bielorrusia, se fundó en 1970 para acoger a los trabajadores de la que sería una de las centrales nucleares más importantes del mundo. En paralelo a la construcción de la ciudad y de la central, bautizada con el nombre de Vladimir Lenin, nació un equipo de fútbol que luego se llamaría Stroitel: 'constructor' en ruso. Pripyat era una ciudad modelo, con una media de edad de unos 26 años, y el fútbol era uno de sus puntos de encuentro y a la vez un símbolo más de su crecimiento y prosperidad.

El escudo del Stroitel, el equipo de fútbol de Prypiat.

El escudo del Stroitel, el equipo de fútbol de Prypiat. / EP

El Stroitel fue campeón de la región de Kiev en 1981, 1982 y 1983 y soñaba con alcanzar algún día la élite soviética. El 1 de mayo de 1986, el Día del trabajador, se iba a inaugurar el estadio Avangard ('vanguardia' en ruso), con capacidad para 5.000 o 10.000 aficionados. Pero la ciudad nunca llegó a cambiar la página del calendario. Se quedó para siempre en el 26 de abril, suspendida en el tiempo. A la 1:23 explotó el reactor número cuatro durante una prueba de seguridad. Murieron 31 personas de forma inmediata, pero la tragedia tendría una cantidad incalculable de víctimas.

"Lo primero que pensé es que nos estaban bombardeando. En los primeros minutos estaba seguro de que había estallado una guerra. No consideraba otras posibilidades", contó Semikopov sobre el "mayor desastre provocado por el hombre en la historia de la humanidad". Esa noche no le tocaba trabajar, pero de repente se vio en medio de un "infierno". "Recuerdo perfectamente el sabor metálico en mis labios, la radiación. El aire era tan denso que era imposible respirar", añadía. Fue trasladado a un hospital militar de Moscú con un sinfín de precauciones porque eran considerados "fuentes de radiación" y los médicos le diagnosticaron una "enfermedad aguda".

Ese 26 de abril el Stroitel debía jugar un partido. Valentyn Lytvyn, trabajador de la central y jugador del equipo, acababa de ser padre y cuando llegó a la ciudad, a las 9 de la mañana, se topó con mucha polícia. "Les pregunté qué había pasado, pero no sabían nada", explicó en el portal 'Discover Chernobyl'. Era un sábado de primavera más y vio a gente pasear con sus hijos, pero se extrañó al ver unos vehículos militares que rociaban las calles. Nadie sabía nada: las autoridades intentaron esconder la catástrofe hasta que ya fue insostenible dentro de la URSS y también en el plano mundial. La nube radioactiva ya corría por Europa.

Lytvyn se dirigió primero al estadio y después a la sede del club, en un edificio de nueve plantas. Subió a la azotea: "Pude ver la central y el humo que salía de las ruinas del reactor". Corrió hacia el hospital en busca de su esposa, hospitalizada por complicaciones en el parto. Se escaparon por una ventana de la planta baja y abandonaron la ciudad en moto, dejando atrás una fila infinita de autobuses que aguardaban la orden para empezar la evacuación.

Atracción turística

Los 50.000 vecinos de Pripyat dejaron atrás una ciudad inhabitable y una vida. Se les dijo que podrían volver al cabo de unos días, pero no fue así. Fue un adiós sin billete de vuelta, una mudanza para siempre con lo puesto. La mayoría nunca pudieron regresar a casa. Lytvyn sí: como liquidador, como varios jugadores del Stroitel. Fueron las 600.000 personas, militares y civiles, que se jugaron su salud y su vida para contener los efectos del drama. En cinco meses se levantó la ciudad de Slavútich para dar un hogar a los habitantes de Pripyat. También acogió el Stroitel, pero al poco tiempo ya desapareció definitivamente.

En los últimos años, sobre todo desde la serie 'Chernobyl', Pripyat se había erigido en un sitio turístico: algunas agencias venden tours de un día por 100 euros y de dos días y una noche por 250 en internet, pero la zona de exclusión lleva cerrada desde la guerra, un segundo destierro para una ciudad en un eterno 'stand by'. El estadio era uno de los puntos estrella de estos tours y los guías repetían la norma de no tocar nada y no sentarse en las gradas porque la ciudad sigue impregnada de contaminación. La tribuna de madera lleva 40 años viendo cómo los árboles ganan el césped, un estadio que sigue esperando su primera vez.

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