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Valencia - Girona (2-1)

El Girona pierde con el Valencia y se condena a sufrir en la Liga

El equipo de Míchel despierta tarde en Mestalla y tendrá que seguir luchando por salvar la categoría

Stuani se lamenta ante el valencianista Unai Núñez, en la derrota del Girona en Mestalla.

Stuani se lamenta ante el valencianista Unai Núñez, en la derrota del Girona en Mestalla. / Ana Escobar / Efe

Marc Brugués

València
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Cabizbajos y con los ánimos por los suelos subieron los jugadores del Girona al autobús para volver a casa. Lo hicieron con las manos vacías de puntos, pero con las maletas cargadas de dudas y fantasmas después de perder contra el Valencia en un partido trascendental en la lucha por escapar del peligro. Había mucho, muchísimo en juego para no complicarse la vida y afrontar con calma el final de temporada. Y los jugadores del Girona no lo entendieron, porque tiraron una hora de juego en Mestalla ante un rival directo. Ramazani y Sadiq, con dos goles en nueve minutos nada más empezar la segunda parte, pusieron un 2-0 en el marcador que lo dejaba complicadísimo. Roca recortó distancias y el Girona despertó, pero no fue suficiente para salvar ni siquiera un punto. Ni Stuani, el héroe habitual en estas situaciones, pudo evitar la derrota. Y eso que tuvo un par en el añadido, pero entre Dimitrievski y la defensa evitaron el milagro.

La victoria del Alavés a la hora de comer había añadido trascendencia al partido, al tiempo que comprimía la clasificación por abajo y convertía el final de temporada en divertido, apasionante o peligroso. El Girona tenía la misión de aislarse de todo ello e intentar hacer su partido en Mestalla contra un rival directo, muy angustiado, para seguir acercándose al objetivo de la permanencia. Para intentar no salir con las manos vacías, Míchel se decantó por Lemar para ocupar la mediapunta y retrasar a Iván Martín al pivote, en el lugar de un Fran Beltrán con problemas físicos. En punta de ataque, Echeverri volvió a ser el elegido.

Tener la pelota era previsible y, en cierto modo, sencillo ante un Valencia que, bien colocado atrás, tenía la esperanza de lanzar a Sadiq y Ramazani para aprovechar su velocidad en las transiciones. El reto era convertir la posesión en peligro, algo que no se hizo contra el Betis. Tampoco lo haría de entrada un Girona muy impreciso, que veía cómo el Valencia poco a poco le hacía retroceder y generaba peligro. Mucho. Sobre todo a partir de pérdidas no forzadas de los gerundenses, como una de Blind ante Ramazani que estuvo a punto de acabar con gol de Sadiq. Aún más cerca estuvo Beltrán al rematar al palo un centro de Javi Guerra desde la derecha.

Agresividad

El Girona no había entrado bien al partido. O lo había hecho con una marcha y media menos que un Valencia mucho más agresivo, que evidenciaba la necesidad de ganar en cada balón dividido y en cada duelo. Todos eran para los locales ante unos jugadores del Girona demasiado blandos, que veían cómo, con tres pases, el peligro —o la presencia de jugadores locales— llegaba al área. En ataque, nada. Nada de nada en una primera parte en la que el primer remate rojiblanco llegó en el añadido, en forma de lanzamiento directo de falta de Echeverri, que salió lamiendo el palo.

El guion no cambiaría en la reanudación. Al contrario, empeoraba nada más empezar, porque el Valencia encontraría el premio a su insistencia y castigaría al Girona cuando Ramazani, rápido como una bala, se plantó dentro del área y, después de un buen recorte a Vitor Reis, batió a Gazzaniga. Ahora sí que el partido se ponía cuesta arriba y el Girona estaba obligado a sacar el carácter, el genio o lo que fuera para intentar igualarlo. Tampoco sería el caso, porque los de Míchel encajarían el segundo sin tiempo para digerir el primero. Sería Sadiq, que remataría a placer un centro de Gayà para hacer un 2-0 que parecía irremontable.

Míchel sacudió al equipo con un triple cambio —Roca, Bryan Gil y Francés por Echeverri, Àlex Moreno y Lemar— en busca de más profundidad. El invento funcionó enseguida, porque en la primera jugada tras el cambio Roca remató al fondo de la red un centro de Francés.

El Girona tenía media hora para encontrar el empate. Míchel también dio entrada a Stuani y Rincón, refrescando al equipo y añadiendo la amenaza, siempre presente, del uruguayo. Tocaba, eso sí, hacerle llegar balones. Mientras el Girona lo intentaba y el árbitro perdonaba la roja a Gayà por una entrada a Bryan Gil, los minutos volaban. Y el gol no llegaba. Ni llegaría. Stuani la tuvo ya en el añadido, pero vio cómo Dimitrievski sacaba una mano milagrosa para evitar el empate. Nada. Tocará sufrir y saber hacerlo. El viernes contra el Mallorca será una final.