Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | GOLPE FRANCO

Juan Cruz Ruiz

Juan Cruz Ruiz

Periodista y escritor

El fútbol sin Lamine

La crónica: El Barça se impone al fútbol piedra y tiene el título de Liga a un palmo

LaLiga: Getafe - Barcelona, en imágenes.

LaLiga: Getafe - Barcelona, en imágenes. / Mariscal / EFE

Las televisiones que retransmiten el fútbol contribuyen, con el prolegómeno de los partidos, a hacernos creer que ganar o perder es una costumbre que proviene de lo que ya pasó: ganó el Barça, o perdió el Barça, o cualquier equipo, hace una temporada, pues ahora seguramente pasará lo mismo. Y la cámara lo explica con hechos que no son ciencia sino casualidades. Excepto en algunas ocasiones, importantes o casuales, se repiten resultados, pero muchas veces esos resultados son consecuencia de azares que tienen que ver con lesiones, expulsiones o vaporosas excusas que el fútbol regala para que parezca que las cosas siempre se parecen cuando en realidad están en el aire de las casualidades.

Este partido en el que parecía que todo iba a ser como otras veces tuvo un aire nuevo, una circunstancia que ahora pasará a los anales quizá provisionales del fútbol: en este partido podía pasar de todo, con unos jugadores o con otros, pero lo cierto es que el azar más reciente, según el cual el futbolista que marcó un penalti para el Barça en el partido anterior se quedó enseguida, lesionado, en la enfermería.

Este futbolista, Lamine Yamal, ya no estará en el equipo al menos por dos meses. A los 18 años no tuvo todavía razones para explicarse a sí mismo cuánto duelen las contingencias que les aguardan a los futbolistas, o a cualquiera. Ese dolor se le manifestó cuando acababa de convertir en gol un penalti que resultó hecho para la historia: la primera lesión importante del que quizá está preparado para ser el mejor jugador del mundo.

Cualquiera pudo ver ese momento que ahora es un momento para la historia como elemento mayor de su paso por la vida y por el fútbol. Yo lo vi, como aficionado que soy, como si se rompiera el Barça de pronto. El estupor fue más que una manera de ver la caída de un hombre joven: era la manifestación del llanto de un muchacho cuya desolación abarca la tristeza y el dolor, la consecuencia de la rotura grave de un jugador que parecía de cristal de roca y ahora resulta que es tan solo cristal. Un futbolista doliéndose al acabar una obligación que le salió bien hasta que se hizo trizas su estancia en el campo.

La desolación de Flick fue como la de quien no tiene repuesto. Pero ahí vino la solución provisional, una alegría bien trabada. Fermín le dedicó el gol a su compañero lesionado. Y después, cuando ya el fútbol formaba parte de la rutina y se estimaba que, quizá, el Barça no estaba tan bien, Rashford hizo el gol de su temporada: tranquilo y veloz le dedicó a su equipo, y a su compañero ahora lesionado, un gol que tiene el valor de una temporada.

Suscríbete para seguir leyendo