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Igualdad en el deporte

El fútbol no es una excepción: los banquillos masculinos siguen sin aceptar entrenadoras

La alemana Marie-Louise Eta rompe el gran techo de cristal del fútbol

La entrenadora asistente del Montakit Fuenlabrada en 2018, Anna Montañana, durante el partido ante el Movistar Estudiantes, de la Liga Endesa.

La entrenadora asistente del Montakit Fuenlabrada en 2018, Anna Montañana, durante el partido ante el Movistar Estudiantes, de la Liga Endesa. / Paco Campos / EFE

Begoña González

Begoña González

Barcelona
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La llegada de Marie-Louise Eta al banquillo del Union Berlin hasta final de temporada ha sacudido el deporte de élite europeo. Su caso, todavía excepcional, vuelve a poner bajo el foco una realidad que sigue siendo la norma en la mayoría de disciplinas: en España todavía no hay mujeres al frente de un equipo profesional masculino en las grandes ligas. A día de hoy, en las máximas categorías masculinas de baloncesto, fútbol sala, voleibol, waterpolo, balonmano y hockey, no figura ninguna mujer como primera entrenadora. No se trata de un vacío aislado ni de una anomalía en un campeonato concreto, sino de un patrón que se repite en seis de los principales escaparates del deporte estatal.

Lo llamativo no es solo la ausencia, sino su alcance. Seis deportes, seis primeras categorías masculinas y la misma casilla en blanco. Las ligas y federaciones exhiben estructura, calendario, clubes, resultados y nombres propios, pero no muestran, al menos por ahora, a ninguna mujer como máxima responsable técnica de esos equipos. La igualdad ha ganado terreno en licencias, visibilidad y desarrollo del deporte femenino, pero el último escalón de mando en la élite masculina continúa siendo, según la fotografía oficial, un espacio vedado para las entrenadoras.

Frontera difusa en la Liga F

Esa frontera, en cambio, empieza a resquebrajarse cuando se mira hacia las máximas categorías femeninas. También ahí las mujeres al frente de los banquillos siguen siendo minoría, pero al menos ya existen ejemplos visibles y consolidados. En la Liga F, máxima categoría del fútbol femenino español, la propia competición destacó al inicio de la temporada 2025/26 la presencia de cuatro mujeres en los banquillos de Primera. Con el paso de las jornadas, ese número se ha reducido y, a estas alturas del curso, sobreviven los casos de Irene Ferreras, al frente del Granada, y Sara Monforte, en el RCD Espanyol.

En baloncesto, la Liga Femenina Endesa ofrece una señal más sólida. Azu Muguruza, en IDK Euskotren, y Anna Montañana, que hizo historia como asistenta de Néstor García en el Montakit Fuenlabrada masculino, en Perfumerías Avenida, son dos nombres asentados en la élite nacional. En voleibol, Esther López se mantiene al frente del Haro Rioja Vóley en la Liga Iberdrola. Y en balonmano, la Liga Guerreras Iberdrola también ha abierto espacio a perfiles como el de Cristina Cabeza. Son menos de las que deberían, pero existen. Y su sola presencia desmonta la coartada más recurrente: no falta talento, falta confianza para entregarle también el mando.

Otros deportes con referentes femeninos

La diferencia, por tanto, no radica en la falta de entrenadoras preparadas para competir al máximo nivel, sino en el lugar donde se les permite hacerlo. Hoy su presencia es ya una realidad en varias cumbres del deporte femenino, pero sigue sin trasladarse a las grandes ligas masculinas. Hay, además, disciplinas en las que esa frontera se difumina desde hace tiempo, especialmente en entornos históricamente más vinculados al deporte femenino. La natación artística es el ejemplo más claro. Allí sí existe una tradición prolongada de entrenadoras y figuras de referencia. Andrea Fuentes, al frente del equipo nacional español, encarna precisamente eso: excelencia, liderazgo y legitimidad en el máximo nivel. Su recorrido demuestra que el debate nunca fue de capacidad. Siempre fue de acceso.

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