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APUNTE

Oda a la verdad, por Lluis Carrasco

Final de Copa: Atlético de Madrid - Real Sociedad, en imágenes.

Final de Copa: Atlético de Madrid - Real Sociedad, en imágenes. / José Manuel Vidal / EFE

Lluís Carrasco

Lluís Carrasco

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Dicen que el Barça no jugó la final de Copa del Rey el sábado. Que aquello era cosa de otros dos equipos: uno vasco, el otro español, con media Cartuja dando la bienvenida a la marcha real a base de pitos, y la otra mitad al compás del característico lololo de su inexistente letra. Y, sin embargo, qué cosas tiene el fútbol, el Barça sí estaba. ¿Quién sino silba mejor que nadie esas notas? ¡Ya lo creo que estaba! Siempre lo está, aunque no lo vean. Porque el Barça no es solo una camiseta azul y grana o un escudo bordado. El Barça, y aquí empieza el problema para algunos, es una manera de entender la justicia… y la vida. Y cuando alguien salta a un estadio a competir contra el embuste, contra la manipulación, contra la mentira y el fraude, ahí hay ADN Barça, aunque ese día vista de txuri-urdin.

El sábado el tema no iba de posesión. Iba de resistir cuando el viento sopla conducido, de no comprar el relato de quién no debía, por justicia, estar ahí compitiendo, de pelear como si se transmitiera una discusión incómoda. Y sí, se sufrió. Claro que se sufrió. La verdad siempre suda más que la mentira desde el punto de penalti, ese lugar donde ya no hay aspavientos cholistas que valgan, ni expulsiones inventadas, ni patadas del portero en la cara del rival. Ahí solo hay pulso, convicción y una portería que no entiende de manipulaciones malintencionadas. Y ganó quien tenía que ganar. O, mejor dicho: ganó quien no estaba dispuesto a perder algo más que un título.

Final de Copa del Rey: Atlético de Madrid - Real Sociedad, en imágenes

Final de Copa del Rey: Atlético de Madrid - Real Sociedad, en imágenes. / AFP7 vía Europa Press / AFP7 vía Europa Press

La copa se levantó con otros colores. Azul y blanco. Pero que nadie se engañe: durante 120 minutos largos y una tanda de nervios, el Barça también jugó esa final. Porque cuando alguien compite por la verdad, el Barça, aunque no lo ponga en el acta, se pone la camiseta que haga falta. Y el sábado, sí: el Barça estuvo empujando a la Real Sociedad. Uno más en la lucha. Uno más celebrando, aunque algunos prefieran no verlo. Porque hay victorias que no se esperan pero se agradecen al instante. Y esta, por jodido que le resulte a alguno, fue el triunfo de la verdad.

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