Tenis
Toni Nadal: "Hacía sufrir a Rafael porque entendía que sería bueno para su futuro"
El ex entrenador y tío de Rafael Nadal ha pisado Sevilla de la mano de la Fundación EducAcción y la Universidad Pablo de Olavide para hablar de aquellos valores invisibles en la educación de los jóvenes que van más allá de los buenos resultados académicos

El Correo
Durante más de 25 años, Toni Nadal entrenó a una de las mayores leyendas del tenis mundial: Rafa Nadal. Pero antes que al campeón de 22 Grand Slams, formó a su sobrino Rafael. Este miércoles, con la Torre del Oro y el Guadalquivir al fondo, el técnico de Manacor dejó a un lado los trofeos, los resultados y la táctica para reivindicar otra victoria "invisible": la de educar a una buena persona detrás del gran deportista. "Por encima de ganar Roland Garros, yo quería que la gente hablara bien de Rafael", resumió.
El entrenador mallorquín participó este miércoles en la Terraza Abades Triana en la presentación del informe El impacto invisible de la educación. Education ESG Impact Index: cómo medir lo que transforma a las personas y a la sociedad, elaborado por la Fundación EducAcción, la Universidad Pablo de Olavide y la Universidad Autónoma de Madrid, con la colaboración de la Fundación Unicaja. El acto giró en torno a una idea cada vez más presente en el debate educativo: la necesidad de mirar más allá de las notas y del rendimiento académico para atender también a otros aprendizajes menos cuantificables, pero decisivos en la formación de una persona.
Humildad, empatía, carácter, pensamiento crítico, capacidad de esfuerzo o calidad de las relaciones humanas. Esos son algunos de los valores que Toni Nadal situó en el centro de cualquier proceso educativo. También del deportivo. Con un tono distendido, sin rodeos y con la soltura de quien habla desde la experiencia y sin la necesidad de ser políticamente correcto, el exentrenador de Rafa Nadal fue enlazando su visión sobre la enseñanza con episodios de una trayectoria construida en la élite, pero sostenida -según defendió- sobre principios mucho más cotidianos que una victoria.
"Yo soy un tipo que estudió Historia y Derecho, y no terminé ni una ni otra. Ni eso fui capaz de hacer", bromeó antes de explicar que buena parte del método que aplicó con su sobrino respondía a una convicción sencilla: preparar a una persona para soportar la dificultad. "Tenía claro que si le ponía las cosas difíciles a mi sobrino, sería capaz de enfrentarse a situaciones duras. Por eso hacía sufrir a Rafael porque entendía que sería bueno para su futuro", afirmó. "Recientemente leí a un autor americano que decía: "Tiempos difíciles crean hombres fuertes, hombres fuertes crean tiempos fáciles, tiempos fáciles crean hombres débiles y hombres débiles crean tiempos difíciles". Eso es lo que yo he aplicado estos años", añadió.
Tenía claro que si le ponía las cosas difíciles a mi sobrino sería capaz de enfrentarse a situaciones duras
A partir de ahí, Toni Nadal defendió una educación del carácter basada en hechos más que en discursos. Recordó, por ejemplo, la ocasión en que un jugador joven presumió de haber ganado con demasiada facilidad a un rival. "Le hice correr 40 vueltas a la pista número uno, que era la más grande, y le dije que la próxima vez se fuera a chulear a su casa", relató. No era solo una anécdota. Era, más bien, una forma de fijar límites y de marcar qué actitudes considera inaceptables dentro y fuera de la pista.
De fondo, una pregunta: "¿Qué tipo de sociedad queremos, qué tipo de gente queremos para el futuro de la sociedad?". Para Nadal, la respuesta condiciona también el modelo educativo. Y el suyo pasa por dos pilares claros: trabajo y exigencia. “Yo fui un entrenador muy exigente con mi sobrino porque sabía a lo que queríamos aspirar y porque siempre vi en él a un chico dispuesto a soportar esa exigencia", explicó. Pero matizó enseguida que esa severidad no nacía de la frialdad, sino del afecto: "Sobre todo, fui exigente porque sentía una gran estima hacia él. Nunca la tendría con alguien que no me importara".
A esa exigencia añadió otra palabra clave: compromiso. "Si te comprometes en algo y lo cumples, la gente confía en ti", señaló. En su intervención, Toni Nadal insistió en que ese principio sirve para el deporte, para la educación y para cualquier relación humana basada en la responsabilidad compartida.
"Yo quería que Rafael fuera feliz"
A pesar del palmarés de Rafa Nadal -22 Grand Slams, cuatro Copas Davis y el reconocimiento casi unánime como mejor jugador de tierra batida de la historia-, su tío insistió en que nunca entendió el éxito como un fin en sí mismo. "Yo quería que Rafael fuera feliz. Hoy en día queremos estar contentos, y hay una diferencia. Para ser feliz uno tiene que sentirse útil, autónomo y válido", afirmó.
Si vendemos que tenemos todo tipo de derechos y casi ningún deber, creo que es muy complicado prosperar
Desde esa lógica, defendió que el resultado no garantiza nada si no va acompañado de un proceso sólido. Por eso recordó uno de los momentos más delicados de la carrera del tenista: la lesión crónica en el pie que hizo temer por su futuro en 2005. "Cuando venía a quejarse, que eran muy pocas veces, le decía que esto era lo que había y que con esto teníamos que jugar", contó. Para Toni Nadal, no se trataba de negar el dolor, sino de evitar que la queja ocupara el centro. "Le dije: no te quejes, que la vida nos ha tratado mucho mejor de lo que esperábamos y de lo que merecíamos", le repetía.
En esa misma línea, rechazó una de las frases más repetidas de la autoayuda contemporánea: "No es verdad eso de que si quieres, puedes". Lo argumentó con un ejemplo simple: si Rafael Nadal quería ganar Roland Garros y Djokovic también, uno de los dos no podía lograrlo, por mucho que lo deseara. "Aunque tú desees mucho una cosa, no necesariamente la vas a conseguir y hay que aceptarlo", advirtió. A su juicio, el valor del éxito no reside tanto en el resultado como en lo que cuesta perseguirlo.
Aunque tú desees mucho una cosa, no necesariamente la vas a conseguir y hay que aceptarlo
Esa reflexión le sirvió también para enlazar con uno de los conceptos más repetidos durante su charla: la frustración. Nadal advirtió de que buena parte del malestar actual nace de una educación demasiado volcada en la recompensa inmediata, en la sobreprotección y en la inflación de la autoestima. "Si les decimos a nuestros hijos que son los mejores, que se lo merecen, que son muy talentosos, les mentimos", afirmó. Y añadió: "Si vendemos que tenemos todo tipo de derechos y casi ningún deber, creo que es muy complicado prosperar".
El esfuerzo fue otro de los ejes de su intervención. De nuevo volvió a comparar a Rafa Nadal con Roger Federer para explicar que no todos parten de las mismas condiciones ni necesitan invertir la misma energía para alcanzar una meta. "Federer, para alcanzar lo que tenía que alcanzar, con una hora y media le bastaba. En cambio, Rafael le tenía que poner más esfuerzo y dedicación. Esa era la realidad y era inevitable", sostuvo. Puede parecer injusto, vino a decir, pero asumir esa desigualdad forma también parte del aprendizaje.
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