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Opinión | Apunte

Sergi Mas

Sergi Mas

Periodista

Glòria als herois

Los futbolistas del Espanyol acechan a Lamine Yamal en el último derbi en el Spotify Camp Nou.

Los futbolistas del Espanyol acechan a Lamine Yamal en el último derbi en el Spotify Camp Nou. / Enric Fontcuberta / EFE

Me toca escribir la columna sobre el RCD Espanyol la semana posterior al derbi, en la que la Liga descansa antes de que recibamos al Levante -colista de la clasificación-, y en la que nos ha dejado José Emilio Santamaría, el mejor entrenador que, con números en la mano, hemos tenido en nuestra historia. Casi nada. 

No me gustó el derbi por varias cosas: porque nos presentamos al campo en la segunda parte, porque nos cascaron cuatro y porque Manolo González realizó en la previa una broma impropia que sólo le puede ir en contra.

¿Cuál fue el objetivo de esta gracia, si es que la tuvo? ¿Demostrar era más perico que nadie? ¿A estas alturas desconoce que desde que sale de casa siempre puede tener una cámara que le grabe, y más en el recinto visitante? Ni me gustó el desagradable gesto del vómito, ni jamás me gustará que públicamente el entrenador de mi equipo escenifique algo tan soez. Doy por hecho que Alan Pace, el presidente, le llamó al orden con una buena reprimenda. Espero confirmarlo en breve. Esto no son valores de mi RCDE.

Y ya que va de valores, no me gustaron los cánticos de algunos chavales del Barça contra el Espanyol. Jamás los escuché en figuras como Puyol, Iniesta, Xavi, Messi, Guardiola o Cruyff, que les dan mil lecciones de humildad a esta colección de canis y camorreros de autos de choque.

“Perico dime lo que se siente tener tu casa en Cornellà” (difícil encontrar un comentario tan clasista); “Te tiramos Sarrià…” (la mayoría de ellos ni habían nacido); “fuisteis a la montañá” (la letra es notoriamente mejorable); “rezaremos por tu desaparición”, dudo que lo hagan porque el derbi es su necesidad anual de reivindicarse, por ello Yamal publicó “Toca tragar”. Es chabacano que un profesional insulte al vecino, porque cuando escupes hacia arriba puedes tragarte el sipi en tu propia boca, como le ocurrió tres días después tras la visita al Metropolitano.

Y mi recuerdo a José Emilio Santamaría, señor de un fútbol que ya no es el mío.

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