LA SITUACIÓN AZULGRANA
Ahogado en la orilla europea: disección de otro viaje del Barça hacia la decepción
La crónica: Funeral con honores para el Barça; eliminado por el Atlético de la Champions (1-2)
La contracrónica: Otra victoria para llorar
El mensaje: Raphinha raja del arbitraje de Turpin: "Este partido nos lo han robado"
El análisis: El Barça cae, pero le dice al mundo que volverá

Lamine Yamal, durante el partido de vuelta de cuartos de final de Liga de Campeones entre el Atlético de Madrid y el Barcelona / Sergio Pérez / EFE

De nuevo, en la orilla. Terminó el Barça ahogado en la orilla europea. Si hace un año fue por la fragilidad de su defensa y estructura defensiva (el Inter le eliminó en semifinales marcándole siete goles), ahora ha sido su debilidad ofensiva (dos tantos al Atlético de cuartos de final) lo que le deja al equipo de Flick en su casa. No le alcanza, por una razón u otra, como diría Messi, a romper con esa frustración en la Champions, quedando cada vez más lejos el recuerdo del éxito de Berlín-2015.
No le vale ni siquiera tener la estratosférica versión de Lamine Yamal (así fue en San Siro con un fútbol celestial, así se repitió en el Metropolitano, con momentos incluso en los que rozó lo messiánico) porque a ese juego atrevido, pasional y, en muchos momentos, irracional no le ha añadido, de momento, la madurez necesaria para sobrevivir en la jungla europea, castigando, y con enorme crueldad, su inconsciencia.

Araujo se lamenta de la ocasión fallada en el tiempo añadido ante el Atlético de Madrid en la Champions. / Efe / Juanjo Martín
El Barça gana, pero llora. Se queda, de nuevo, con las manos vacías en Europa, zarandeado por sus propios errores, perfectamente aprovechados por sus rivales. Sea el Inter o el Atlético. Colocada ante el espejo, la imperfecta obra de Flick, que le ha dado al club un nivel europeo que no tuvo antes, se ha desfigurado. Ni una hora excelsa de fútbol, endemoniado como andaba Lamine Yamal, le sirvió para sortear el 0-2 encajado en el Camp Nou, un resultado que igualó en apenas 24 minutos.
Sin cuidar el tesoro
Y no se llevó entonces por delante al conjunto del Cholo porque topó con un descomunal Musso. No supo, como ya le ocurrió en Milán, proteger el tesoro retratando en la segunda mitad, y ya después del decisivo gol de Lookman, los problemas que le impiden llegar a una final de Champions.
A una prmera parte que rozó en determinados minutos casi la perfección -de 10 habría sido tener puntería y contundencia en el área del Atletico- le vino después una segunda mitad donde se ofuscó en ataque y padeció en defensa un viejo problema: quedarse con 10. Sucedió en el Camp Nou donde Pau Cubarsí fue expulsado (m. 44) y se reprodujo idéntica escena en el Metropolitano donde Eric Garcia terminó desquiciado desgarrándose la camiseta tras ver la tarjeta roja (m. 79).

Sorloth celebra con Giménez, Nahuel Molina y Griezma / Afp / Pierre-Philippe Marcou
Jugadas similares, ambos centrales ejerciendo de último hombre, con una pradera por delante para Giuliano Simeone y Sörloth. Se han jugado, con el tiempo incluido, 191 minutos de estos cuartos de final. Y el equipo de Flick ha estado en inferioridad numérica durante 68 minutos, el 35%, una ventaja que el Atlético ha sabido rentabilizar.
El Barça de Flick, una vez hecho lo más difícil -igualar el 0-2-, se lo dejó escapar a los siete minutos llevando su defensa al centro del campo para que Griezmann, solo y sin marcaje alguno, la desangrara con un excelente pase con la derecha que dejó en evidencia a los dos laterales azulgranas. Marcos Llorente se comió por velocidad a Cancelo, que salió tarde y mal a la presión, y Lookman estuvo mucho más rápido que un superado Koundé.
Cambios que empeoraron
Obtenido el botín, Simeone exprimió mucho mejor los recursos en el cuarto y último episodio del duelo con el Barça. Tiene una plantilla más amplia, profunda y rica en recursos. Sörloth, el delantero que sacó del banquillo, fue decisivo en el Camp Nou (marcó el 0-2 en el único disparo a puerta del Atlético de la segunda mitad, hizo tres en total en la ida).y en el Metropolitano forzando la expulsión de Eric Garcia, la tercera que viven los azulgranas en unos cuartos de final.
El primero fue Araujo ante el Paris SG en Montjuïc (abril 2024), aún con Xavi en el banquillo, luego ya con Flick como técnico, siguieron idéntico camino Cubarsí y Eric (abril 2026). Ni el mejor Barça de la temporada, que anuló al Atlético hasta hacerle pasar miedo consciente de que estaba más cerca del 0-3 o del 0-4, le permitió sobrevivir en Europa, un territorio inhóspito para el equipo. Y para el club, obligado ahora a encontrar las piezas adecuadas para que Lamine no se sienta tan solo en los momentos decisivos como esta última semana.
Lewandowski y Rashford no tuvieron impacto alguno con su entrada en el campo, siendo más valiosa la cabeza desesperada de Araujo -marró una ocasión para el 1-3 en el tiempo añadido- o el pie de Roony que esos dos delanteros tan reputados. Tampoco De Jong. Los jóvenes volaron; los veteranos, no.

Eric García se rompe la camiseta tras ser expulsado por Clément Turpin, al fondo. / Juanjo Martín / EFE
Con Flick, que no logró mantener el excitante ritmo del equipo en la primera mitad, se domina y se gobierna en España. Si gana esta Liga en la posee nueve puntos de renta sobre el Madrid y quedan 21 en juego se habrá llevado cinco de los seis títulos en juego, tan solo echando de menos la Copa perdida este curso con el Atlético, pero fuera no le alcanza.
Y a Joan Laporta, una vez reelegido como presidente por cinco años más, le toca arreglar la economía para entrar, al fin, en la regla del 1:1 del ‘fair play’, algo que no ha conseguido en su primer mandato, y repetir los movimientos-
Entonces fue activando palancas, que le dieron a Xavi las herramientas necesarias -se invirtieron entonces 214 millones en fichajes (Ferran Torres, Raphinha, Koundé, Lewandowski y Pablo Torre)- para ganar su Liga. Hansi ha llevado a la generación de Lamine y sus amigos hasta la frontera maldita en la Champions, incluso un poco más allá alcanzando las semifinales de San Siro.

Lamine Yamal se queda durante la eliminación europea del Barça en el Metropolitano. / JAVIER SORIANO / AFP
Pero el Barça de Flick, exuberante y bello con el gol, se ha apagado en el momento más inoportuno. Ni Lamine, que ha sido mejor ahora que hace un año (suma 23 tantos por los 18 del curso pasado), ha podido detener esa hemorragia, desamparado y huérfano de un grupo de niños. Jugó con una pandilla de jóvenes con una media de edad, de 24.95 años, la más precoz en la historia del club en una eliminatoria de Champions.
A Lewandowski, con 37 años, se le ha extraviado el punto de mira (pasa de 42 goles a 17, o sea 25 menos), y a Raphinha, que denunció que “le habían robado el partido al Barça”, se le ha visto demasiado tiempo en la enfermería -ha sufrido cuatro lesiones musculares- bajando su producción ofensiva de forma notable: de 34 a 19 tantos. Y ese amistoso con Brasil que tanto le costó a él. Y al equipo.
O sea, el Barça se ha quedado sin tridente, atrapado, además, por su juventud que le impide madurar de golpe.
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