GOLF
McIlroy se alinea con los elegidos al ganar el Masters de Augusta por segundo año consecutivo
El norirlandés se convierte en el cuarto jugador de la historia, junto a Jack Nicklaus, Nick Faldo y Tiger Woods, capaz de ponerse dos años seguidos la chaqueta verde

Rory McIlroy celebra la conquista de su segundo Masters de Augusta consecutivo. / HECTOR VIVAS / Getty Images via AFP

Rory McIlroy se negó a ceder la chaqueta verde ganada el año pasado y repitió victoria en el Masters de Augusta. Eso le abre las puertas de un club de elegidos, formado por golfistas capaces de ganar dos veces consecutivas en el impredecible campo de Georgia (EEUU). Solo Jack Nicklaus, Nick Faldo y Tiger Woods, este en 2002, lo lograron en el pasado. Se puede ser muy bueno, pero de alguna forma los planetas deben alinearse para semejante hito y McIlroy se ha confabulado, claramente, con los astros.
McIlroy fue el más sólido del pelotón de seis jugadores que arrancaron con opciones de encumbrarse en la última jornada. En apenas dos golpes de diferencia pelearon primeros espadas como Justin Rose, Scottie Scheffler o Cameron Young. Todos fueron tropezando en un momento u otro. Por algo el Augusta National Club tiene garras, particularmente afiladas en el Amen Corner, el tramo de los hoyos 11, 12 y 13 que tantos destinos ha dibujado. El norirlandés lo pasó sin un rasguño. Desfigurado salió, en cambio, el inglés Justin Rose. Ahí concluyó prácticamente su caza del líder.

Rory McIlroy aúlla de felicidad tras consumar su victoria en el Masters de Augusta. / ANDREW REDINGTON / Getty Images via AFP
McIlroy no necesitó ninguna actuación prodigiosa en el domingo decisivo. Le bastó entregar una tarjeta de un golpe bajo par. Le puso suspense en el último hoyo, el 18. Con un bogey se libraba del play off con Scheffler, el número uno del mundo. Y se complicó la vida con una salida con el driver que se le escapó a la zona boscosa. Corrigió con un hierro que envió la bola al bunker frontal al green. Salida efectiva y de ahí, dos putts, bogey y grito de euforia. Pudo volver a celebrar en Augusta, empezando con los abrazos sentidos a la familia. Se llevaba el sexto 'major' de su carrera.
Una montaña rusa
Ha sido un Masters de montaña rusa para el norirlandés de 36 años. Parecía encaminarse hacia un paseo en el parque tras la segunda jornada, cerrada con seis golpes de ventaja, la más amplia jamás vista tras 36 hoyos. Y, sin embargo, le entró un tembleque de piernas en el tercer día y permitió un agrupamiento de aspirantes al título. No empezó fino el domingo decisivo tampoco. Perdió dos golpes tras el hoyo 6, cediendo una ventaja momentánea al estadounidense Young.
Pero a partir de ahí se reencontró consigo mismo, escaló de nuevo posiciones, sustentado sobre todo en un putt quirúrgico y un golf, en general, sin errores. "No me puedo creer que haya tardado 17 años en ganar una chaqueta verde y ahora lo he conseguido dos veces. Pienso que mi larga dedicación al golf empieza a cobrarse", declaró el norirlandés.
McIlroy conquistó el año pasado el Grand Slam, la colección de los cuatro 'majors', gracias a su primer éxito en Augusta. Eso le dio silla en una mesa de seis, en la que ya se sentaban Gene Sarazen, Ben Hogan, Gary Player, Jack Nicklaus y Tiger Woods. Ahora entra en un club más pequeño, el de las dos victorias consecutivas.
"Me siento muy feliz de haber resistido. Como el año pasado, empecé mal, pero a partir de ahí jugué un golf sin equivocaciones. Por suerte obtuve un cojín de dos golpes. Cuando miré al marcador pensé que si llegaba al -14 podía ganar. Al final, con el -13 bastó", dijo con la emoción ya a flor de piel cuando recordó su sueño infantil de ganar en Augusta. Se puso entonces la chaqueta verde. Una vez más. Le encaja como un guante. Le tienen la talla tomada.
Su felicidad contrastaba con la sensación amarga de Rose, de 45 años y muy querido en el circuito, que de nuevo se quedó con la frustración de rozar y no agarrar el título. Tres veces segundo en Augusta, esta vez se quedó empatado en el tercer puesto con Young, Tyrrell Hatton y Russell Henley, a dos golpes. Jon Rahm, por su parte, jugó su mejor jornada. Concluyó con un -4 del día, para un +1 en total. Una reacción demasiado tardía.
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