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Opinión | Carrascazos

Lluís Carrasco

Lluís Carrasco

Publicista

'El Chiringuito' indignado, por Lluís Carrasco

Los chicos de La Masia tienen un defecto imperdonable: sienten. Y cuando ganan, celebran como lo que son antes que profesionales: amigos con dorsal, memoria, osadía, simpatía y un cierto desparpajo.

Gavi pelea con Expósito por un balón en el derbi.

Gavi pelea con Expósito por un balón en el derbi. / Valentí Enrich / SPO

Viendo 'El Chiringuito', quedé sorprendido de la rabia que se destilaba por los cánticos de unos chavales de La Masia tras el derbi del sábado. Había algo de enternecedor en el supuesto escándalo. No por un pretendido agravio (inexistente y con la consistencia de un merengue al sol), sino por la reacción desmedida e impostada que se transmitía. Cuando los chicos de La Masia cantan, en realidad no provocan: recuerdan. Y la memoria, cuando no se tiene, siempre parece una falta de respeto o una insolencia... Pedrerol y sus soldados obviaron que el fútbol, antes de ser una industria de acentos neutros y 'community managers', fue barrio, fue acera, fue rivalidad y fue bronca de proximidad.

El futbol es saber perfectamente a quién le marcas un gol y por qué ese gol escuece más que cualquier otro. Es entender que el rival no es un logotipo, sino el vecino que te ha intentado fastidiar el domingo desde que eras un crío. Y eso, claro, no cotiza tras según que resultado. En realidad, no sentían ofensa, sentían envidia. Envidia y desconcierto. Es la incómoda certeza de que hay sentimientos que no se pueden fichar ni comprar por más ceros que acompañen al contrato.

Una terminal internacional

Seamos sinceros, ¿cómo se replica que sufran, mueran y canten por unos colores, por un país, y como seguidores en el universo blanco? ¿En qué minuto de un entrenamiento de Arbeloa se trabaja el arraigo? ¿En qué sesión de Valdebebas se comparte identidad? ¿Hay un rondo específico para interiorizar sentimientos? ¿En qué cláusula se incluye saber qué canta la grada y por qué lo canta? Difícil, cuando el vestuario parece una terminal internacional donde todos están de paso y nadie termina de deshacer la maleta emocional.

Lamine Yamal y Fermín felicitan a Ferran Torres tras su segundo gol.

Lamine Yamal y Fermín felicitan a Ferran Torres tras su segundo gol. / Valentí Enrich / SPO

Los chicos de La Masia tienen un defecto imperdonable: sienten. Han crecido con esas canciones, con ese derbi, con esa rivalidad sin subtítulos, y no necesitan guion: ellos son el texto y el contexto. Y cuando ganan, celebran como lo que son antes que profesionales: amigos con dorsal, memoria, osadía, simpatía y un cierto desparpajo.

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