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Barcelona - Espanyol (4-1)

El Barça exprime a un Lamine portentoso para ganar el derbi al Espanyol y atar la Liga

El equipo azulgrana derrota al conjunto blanquiazul en un duelo dominado por el de Rocafonda, que jugó de principio a fin junto a Pedri a tres días del reto europeo en el Metropolitano

Francisco Cabezas

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Barcelona
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Cuesta predecir qué demonios ocurrirá el próximo martes, cuando el Barça se plante en el Metropolitano obligado a levantar dos goles al Atlético de Simeone si no quiere volver a quedarse en la cuneta de la Champions. Lo que sí quedó claro es que Hansi Flick, quien maneja un grupo de fútbol bello e incomprensible, optó por exprimir de principio a fin a sus dos mejores jugadores, Lamine Yamal, portentoso otra vez, y Pedri, más comedido. Todo para llevarse el derbi frente al Espanyol y atar también el título de Liga. Nueve son ya los puntos de distancia respecto al Real Madrid.

El Barça, que había jugado un buen primer tiempo resuelto con dos goles de Ferran, necesitó sin embargo un arrebato final de Lamine para hundir a un Espanyol que, pese a un tramo de competitividad, continúa sin ganar un partido este 2026. Aún tendrá que remar algo más para finiquitar la salvación, que es por lo que en definitiva luchan los de Manolo.

Las ganas de Flick de dejar la Liga resuelta le llevaron a alargar la presencia de Lamine y Pedri hasta el final, como si no confiara lo suficiente en los jugadores a los que fue dando cuerda.

Ferran celebra su primer gol al Espanyol en el Spotify Camp Nou.

Ferran celebra su primer gol al Espanyol en el Spotify Camp Nou. / Toni Albir / Efe

Claro que hay un fútbol que se juega en la sala de prensa, necesario para alimentar la infernal máquina mediática , y otro bien distinto que se juega sobre la hierba, donde las cosas sí que tienen consecuencias. Flick, un día después de cambiar en el púlpito mediático el relato buenista habitual y decir que el sueño de verdad es la Champions, no tanto la Liga, dio un volantazo e hizo jugar como titulares a Lamine y Pedri. Más allá del ansia competitiva de ambos, no convenía dejar pasar la oportunidad de apañar el título que está más a mano después del último coscorrón de un Real Madrid que está para lo que está.

El Espanyol de Manolo, antes de ese gol de Pol Lozano a la hora del partido con el que reparó en que algo podía hacer, había entrado demasiado pálido a la guarida de su gran rival. Ya fuera porque su plan (4-4-1-1) le invitaba a defender en 30 metros sin ánimo alguno de presionar arriba, ya fuera porque Lamine y Ferran amanecieron finísimos.

El artista de Rocafonda reclamó el foco tirándole un caño de tacón a Romero, quien pasa por ser uno de los mejores carrileros de Europa esta temporada. No contento con ello, se responsabilizó de botar el saque de esquina posterior para teledirigir la pelota a la cabeza de Ferran Torres. El valenciano, con Dmitrovic atrapado en la nada, sólo tuvo que esperar a que la pelota bajara mansa, como si la caída la templaran los paracaídas de la cápsula Artemis II. Marcó y sonrió a sus críticos.

Hansi Flick y Manolo González se abrazan antes de comenzar el derbi.

Hansi Flick y Manolo González se abrazan antes de comenzar el derbi. / Afp7

Mientras Gavi, como extremo, se enredaba en trifulcas que a nada llevaban, y Fermín ejercía de futbolista total con los calzones subidos y las medias por los tobillos, Lamine seguía a lo suyo. Gavi ganó una batalla en el eje y Lamine, a su manera, con el exterior de la bota, sirvió a Ferran su segundo gol. El delantero no disparó. Dio una de aquellas caricias, entre la ternura y picardía, que todo lo cambian.

El Barça se confió. Pol Lozano aprovechó un balón muerto y Roberto husmeó el empate. Pero aquello no hizo más que agitar a Lamine, que burló a Dmitrovic en el 3-1 e ingenió el 4-1 de Rashford, previa intervención de De Jong.

El Camp Nou lo celebró de lo lindo, dejándose llevar por ese grito tan cutre y peligroso como el «Sí se puede», como si al Barça alguna vez le hubieran funcionado estas cosas para ser grande. Qué más da. Flick pensó que la alegría de Lamine lo compensa todo. El artista no crea cuando duerme, sino cuando disfruta.

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