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Opinión | Apunte

La tormenta imperfecta

Lamine Yamal, decepcionado tras la derrota frente al Atlético en la ida de los cuartos de la Champions en el Spotify Camp Nou.

Lamine Yamal, decepcionado tras la derrota frente al Atlético en la ida de los cuartos de la Champions en el Spotify Camp Nou. / Jordi Cotrina

Dicen que la suerte es del que se la trabaja. Que no existe, por resumir corto y al pie. Pues del Barça no se puede decir que no activara el verbo currar en el Camp Nou ante el Atlético de Madrid, pero se dieron todas las circunstancias, las que estaban en el guion y las que no, para terminar con un 0-2 que pone la eliminatoria complicada. Demasiado castigo para un equipo que mereció más pero al que los detalles de puro fútbol no es la primera vez que le pasan factura. Tampoco fue preciso ante la portería de un Musso que se ha ganado la nómina rojiblanca desde que es titular. Poca contundencia en el área, sí, aunque paga doble merece un Lamine Yamal solo ante el mundo echándose el equipo a la espalda e intentando lo posible y lo imposible. Pero cuando todo lo malo decide caer hacia el lado 'culer', hay poco o nada que hacer.

Al que tendrían que congelarle el sueldo es al conjunto arbitral. El colegiado de campo, rumano para más señas, parecía venir de la Luna. Un extraterrestre que acabará en la nevera un tiempo por desconocimiento del reglamento y por dejar a un jugador como Koke en el terreno de juego. Desde el minuto 40 debió estar fuera del campo y es un escándalo que finalizara el partido. El VAR ni estuvo, ni se le esperó, ni acudió a la llamada de la justicia cuando se cometió uno de esos penaltis que a quien esto firma pone de los nervios pero que ser, son. Para los de Simeone se desató una tormenta perfecta que, con tres tiros a puerta, se llevó el cincuenta por ciento de la eliminatoria.

Pero en este Barça hay que creer. Y confiar. Su carácter combativo ante las injusticias, como demostró el miércoles, merece crédito. Nadie puede reprocharle a este equipo espíritu de lucha y actitud. La desidia no va con él pero los números en Champions no le acompañan. Y el oficio, a veces tampoco. Catorce partidos consecutivos encajando goles no es el mejor dato para ir al Metropolitano. Allí, el público trabaja fino a las órdenes del Cholo y los jugadores abusan de ese fútbol-piedra tormentoso, poco estético y menos ético. Lloverán chuzos de punta, no lo duden. 

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