Novedad editorial
Un hombre llamado Caballo: José I. Castelló recopila sus mejores historias sobre purasangres en EL PERIÓDICO
José I. Castelló, historiador, doctor y profesor de Periodismo, publica 20 preciosas historias sobre purasangres, 'jockeys', 'jocketas' y carreras históricas, contadas en este diario

José I. Castelló, autor de 'Historias a todo galope'. / J. I. C.

En el viejo periodismo, perdón, en el buen periodismo (no sé si esas teorías persisten en el nuevo periodismo), existía una frase tramposa, poco ética, que sugería (a los malos periodistas) que “una llamada no te estropee una noticia”.
Los malos maestros, que también los había (como ahora), te recomendaban que, tras confirmar una información por dos fuentes, te saltases la tercera (e imprescindible), por si esa llamada te desmentía todo tu montaje y te quedabas sin exclusiva, por falsa que fuese.
Yo no solo he hecho siempre todas las llamadas, sino que he descolgado todos los teléfonos. Incluso ahora que poseo 3.014 contactos en mi móvil. Incluso así, es decir, cuando parece imposible que no tenga reconocida a la persona que me llama, atiendo la llamada aunque sea un número desconocido para mí. Quién sabe, igual es una noticia o me ponen en la estela de una historia estupenda.

El caballo Shergar, en sus días de gloria. / Archivo
Cuento esto porque, en octubre de 2005, recibí una llamada de alguien que no conocía. Mi amigo Kiku Cusi, el único gran especialista de vela que he conocido en mi vida, enorme, le había facilitado mi teléfono a un tal José Ignacio Castelló Ribera (ahora, con 60 años), que había conocido a Kiku en una revista náutica. “Llama a Emilio, que estas cosas le encantan”, me temo que le dijo Kiku.
Ignacio, Nacho, no tardó ni quince minutos en llamarme. Y yo no tardé ni quince segundos en hacerme amigo suyo, de su tacto, de su señorío, de su pasión y, por descontado, de su información, de su temática, de su ¿especialidad?, bueno, Nacho sabe de todo. Y mucho. Y bien. Y lo cuenta de maravilla.
El caso es que Nacho, ya esa misma tarde, me habló de su pasión por las carreras de caballos, por los purasangres, por los jockeys, por los jeques, por los ricos que tienen cuadras millonarias, por ejemplo, el Aga Khan IV, por los sementales que cobran 300.000 euros por cubrir una yegua, cuyo dueño ni siquiera sabe si quedará embarazada, por míticos jinetes y míticas amazonas y/o jocketas.
Y yo, nosotros, que estamos acostumbrados, en EL PERIÓDICO, a contar historias humanas, decidimos que, de vez en cuando, cuando Nacho nos llamase, publicaríamos historias de animales. Cierto, de los animales más espectaculares y veloces del mundo. Y, la verdad, Nacho solo nos llamaba cuando la historia valía la pena. Y nosotros, jamás dudamos en publicarla.

Vicky Alonso, con Dancing Ballerina, feliz tras ganar el 21 de septiembre de 2021 en el Hipódromo de La Zarzuela. / A Galopar
Así fue como empezamos a ser amigos, amigos de verdad, más que colegas. Hay que decir que, hace 60 años, la cigüeña se equivocó de ruta, erró el país de destino y, aunque acabó dejando al bebé de los Castelló Ribera en un piso más que estupendo, en una familia de seis hermanos (gemelas incluidas), hubiera sido mejor que hubiese depositado ese paquete en cualquier rincón de Inglaterra, Irlanda, Francia, Dubai o en los mismísimos Estados Unidos.
Miren, si mi amigo hubiese nacido en cualquiera de esos países, donde los caballos de carreras son tan mimados como Lamine Yamal, Castelló se hubiera convertido en el puto amo del cortijo, en el comentarista más famoso de ese país y, por descontado, se hubiese sentido plenamente realizado en su misión en esta vida: vivir de las carreras de caballos.
Nacho no solo no nació en las islas británicas, nació en Barcelona donde (paradojas de la vida, ridículos de la universidad) para estudiar periodismo (¡estudiar periodismo, pero qué es eso, por Dios!), necesitabas una nota alta. Y Nacho, de joven (luego hasta se doctoró en Periodismo, ya ven) no era demasiado buen estudiante. Eso sí, lo aprobaba todo justito.
Se fue a estudiar Historia moderna, Antropología, qué se yo. Y allí hizo amistad, antes que conmigo, con Dante. “Pero tú qué haces aquí, si lo que te gusta es el periodismo”. Pues ya ves, ya ves. Total que, acabada la carrera de Historia, Dante lo empujó hacia Ciencias de la Información. Sacaba solo sobresalientes y, a los cinco años, ya era doctor (2014). ¿Quieren conocer su tesis doctoral?: cómo ‘El Periódico’ y ‘La Vanguardia’ hicieron desaparecer las corridas de toros en Catalunya. Psssssssssss, no se lo cuenten a nadie.
De lo que Dante se dio cuenta en 24 horas y yo lo descubrí, a los 24 segundos de su llamada aquel octubre de 2005, es decir, que estábamos ante un tremendo periodista y especialista, capaz de narrar historias maravillosas, todas desconocidas para nuestros lectores, la profesión aún no se ha enterado.
Y Nacho, que se había aficionado a los caballos ¡vaya tela! rellenando la quiniela hípica creada por el pillo Ramón Mendoza, expresidente del Real Madrid, se refugió en la Universidad Abat Oliba, como Director de Estudios, profesor de Periodismo e, incluso, historiador pues, estos días, además de presentar su libro ‘Historias a todo galope’, acaba de publicar la historia de su universidad, un documento interesantísimo.
Nacho, que cuando empezó en el mundo de los caballos todo el mundo decidió apodarle ‘Harry’ (por el actor Richard Harris, de ‘Un hombre llamado Caballo’), hubiese podido ser Dios en muchos de los países donde abundan los hipódromos, pero ha preferido enseñar al que no sabe (me temo que, a menudo, se desespera por el pasotismo de algunos de sus alumnos) y se ha dedicado a llenar de perlas deslumbrantes, negro sobre blanco, publicaciones de purasangres y yeguas maravillosas como ‘El Caballo’, ‘Recta final’, ‘A Galopar’ y, afortunadamente, El Periódico de Catalunya.
Castelló podría ser, perfectamente, el segundo apellido de La Madre Teresa de Calcuta. Es un ser excepcional, con un tacto exquisito, un señor. Y redacta como los ángeles. Es muy injusto, mucho, demasiado, que no viva de sus textos. Este es el cuarto libro sobre los purasangres que escribe mi amigo, que jamás se ha subido a un caballo ¡telita!: dos fueron de consejos hípicos, un tercero sobre razas y este de reportajes curiosos e interesantísimos.

Cody Dorman con Cody's Wish en la cuadra horas antes de morir. / Alex Evers/Eclipse Sportswire
Nacho y yo (y EL PERIÓDICO) jamás hemos hablado de dinero. Lo único que quiere mi amigo es divulgar historias del turf y desayunar, de vez en cuando, en ‘El Cherpi’, antes en la plaza Narcisa Freixas y, ahora, en el Paseo de la Bonanova, junto a La Salle, con EL PERIÓDICO abierto en su página, manchándolo con la manteca del cruasán y saboreando un café con leche.
Este libro, casi artesanal, está formado por 20 historias maravillosas contadas por un periodista que trata de hacer visible un deporte invisible. Son historias de purasangres legendarios, jockeys que pasan hambre para dar el peso, mujeres que rompen barreras, editores que confían y apuestas donde siempre acecha el azar. Este libro, créanme, dibuja algo más grande que el turf: el pulso real del periodismo hecho desde dentro, sin solemnidad y sin disfrazar las contradicciones del oficio.
Bendito el día que Kiku le dio mi móvil a Nacho. Bendito el día que descolgué mi teléfono, en octubre de 2005, y conocí a este ser tan excepcional, cuya pasión por las carreras de caballos y su maravillosa redacción acabaron siendo un regalo para nuestro diario.
Mi profesión perdió a un enorme redactor jefe, pero yo he ganado a uno de mis grandes amigos. De por vida.
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