Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Apunte

Jordi Puntí

Jordi Puntí

Escritor. Autor de 'Confeti' y 'Todo Messi. Ejercicios de estilo'.

Grandes esperanzas

Cubarsí se queja después de ser expulsado.

Cubarsí se queja después de ser expulsado. / JORDI COTRINA

Charles Dickens tituló una de sus mejores novelas como 'Great Expectations'. La traducción parece obvia —grandes expectativas—, pero castellano y catalán como optan por un título más literario y soñador: 'Grandes esperanzas'. Ambas palabras son casi sinónimos, pero no del todo. Porque las expectativas no son sólo esperanzas, sino también promesas de futuro con una base sólida. Cuando el protagonista de la novela, Pip, recibe un dinero y pasa a tener una posición social de caballero, se dice tener “grandes expectativas” con un destino más noble.

A qué viene esta divagación, se preguntará el lector. No, no es una forma de ignorar la derrota del miércoles. Al contrario: hay una diferencia sutil pero decisiva entre las expectativas y las esperanzas, y el Barça la recorrió en 90 minutos. Aunque siempre hay que contar con el azar, lo cierto es que el partido de ida contra el Atlético de Madrid se presentaba lleno de expectativas: el Barça llenaba el Camp Nou y confiaba en un proyecto que sabe imponer su relato. Había un trasfondo racional, pues, una arquitectura sólida. Pero el fútbol —y esto el culé lo conoce de primera mano— es experto en dinamitarlos. En este caso, el azar se llamaba Istvan Kovacs, un árbitro de la extraordinaria y competitiva liga de Rumanía (un país que lleva 28 años sin clasificarse por un Mundial). Incluso aceptando la expulsión de Cubarsí, los errores en la no expulsión de Koke y el penal no señalado a Pubill, además de permitir la dureza del Atlético, demuestran una incompetencia de nivel europeo. Repasen las imágenes del penal absurdo no señalado: el rostro acorralado de Kovacs, esperando que el VAR lo salve del error, es un gran ejemplo de comunicación no verbal.

Ahora, el 0-2 obliga el Barça a un desplazamiento más incierto. Ya no se trata de lo que estamos convencidos de que va a pasar, sino de lo que todavía puede pasar. Sin claras expectativas, aparecen las esperanzas: más frágiles, más emocionales, pero también más resistentes al desengaño. En el Metropolitano la vuelta no se jugará solo con ideas y convicción, sino con fe en la remontada. Y, al menos en el primer minuto, volverán a ser once contra once.

Suscríbete para seguir leyendo