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Baloncesto

Xavi Pascual pone a Laporta en un aprieto deslizando que medita no continuar en el Barça

El técnico azulgrana muestra su hartazgo ante la decrepitud de la sección y deja la puerta abierta a su salida en verano

Xavi Pascual, técnico del Barça de baloncesto.

Xavi Pascual, técnico del Barça de baloncesto. / Manuel Bruque / Efe

Francisco Cabezas

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Barcelona
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Pudo pasar algo desapercibido en plena resaca del contundente triunfo electoral de Joan Laporta en las elecciones a la presidencia del Barça.

Tres días después de descorchar el cava, el club azulgrana anunciaba cómo se organizaría de cara a este proceso de transición que devolverá a Laporta a la poltrona a partir del próximo 1 de julio. Más allá de la presidencia interina de Rafa Yuste, sorprendió el discreto paso a un lado de Josep Cubells, que dejaba sus responsabilidades como histórico directivo responsable de la sección de baloncesto para quedarse como secretario del club. La presencia de Cubells en un Palau harto ya de todo se había hecho cada vez más incómoda en una sección dejada de la mano de Dios y ahora bajo el presunto control del empresario ilerdense Sisco Pujol i Sabaté, cuyo nombramiento como directivo azulgrana fue aprobado en junta en diciembre de 2024 (definitivo tras la asamblea de octubre de 2025) y que en 2021 formó parte de la precandidatura presidencial de Jordi Farré. Aquel mismo año, tal y como hiciera Joan Soler, Pujol intentó entrar en la directiva con Laporta después de echar una mano con los avales que facilitaron la investidura. Pero no cumplía todavía con los requisitos.

Joan Laporta, presidente electo del Barça, junto a Sisco Pujol, directivo responsable de la sección de baloncesto.

Joan Laporta, presidente electo del Barça, junto a Sisco Pujol, directivo responsable de la sección de baloncesto. / FCB

Sirva la introducción para comenzar a descifrar el indisimulado malestar de Xavi Pascual, sufrido técnico del Barça de baloncesto, tras la derrota el miércoles frente al Panathinaikos (79-93). El Palau, ante la ausencia de capitostes a quien dirigir la mirada en el palco -más allá de Juan Carlos Navarro, que ejerce de 'general manager', y Mario Bruno Fernández, su mano derecha en la dirección deportiva-, ya ni siquiera pita. Simplemente, se vacía cuando ya nada hay que ver ni a quien señalar.

Al confirmarse la derrota frente a ese Panathinaikos en que cualquiera de sus jugadores de banquillo podría ser pieza fundamental en este Barça, Xavi Pascual, que al menos logró que su grupo maquillara una diferencia en contra que llegó a ser de 31 puntos, dijo exactamente lo que quería decir. Y así lo dejó claro: "Me siento el máximo responsable del ridículo que hemos hecho. Cuando termine la temporada explicaremos muchas cosas y hablaremos de todo. Ahora intentaré tener la máxima calma posible. Tenemos que estar todos unidos. Cuando termine (el curso) tendremos tiempo para hablar, para valorar. Veremos dónde tenemos que estar y si estaremos". 

Ausencia de refuerzos

Por primera vez, el deseado Xavi Pascual, que tanto había alargado la negociación con el Barça antes de dar el sí definitivo a su regreso el pasado mes noviembre -nadie pudo asegurarle con firmeza refuerzos pese a contar con una plantilla veterana, desnivelada y martirizada por las lesiones-, insinuaba que su presencia no estaba asegurada a partir del próximo verano, a pesar de que su contrato le une a la entidad hasta el 30 de junio de 2028. Pascual ha comenzado a hartarse de la dejadez en una sección que vive de los cantos de sirena y pendiente de una reformulación proclamada a los cuatro vientos en el último proceso electoral y que debería acometerse de cara a la próxima temporada. Y todo siendo la sección más deficitaria del club (20,6 millones de euros en pérdidas en el ejercicio 2024-25) y después de que en el último ejercicio se aprobara reducir el presupuesto en gastos deportivos de 29,8 millones a 27,3 millones.

No ha habido proyecto fiable desde que la directiva considerara inadecuado cumplir con las expectativas salariales que pretendía Sarunas Jasikevicius para renovar como técnico en junio de 2023. Mientras el lituano ganaba la Euroliga en 2025, el Barça veía cómo sus técnicos se derretían en las brasas del banquillo (Grimau y Peñarroya se fueron en blanco después de pisar tierra quemada) ante la imposibilidad de hacer rendir a la plantilla dispuesta. No hay metáfora más cruda que la del pívot Youssoupha Fall, a quien el club dijo adiós en verano tras confirmar que su nivel no era apto, pero al que tuvo que volver a reclutar ante la imposibilidad de poder pagar algo mejor en el mercado. Sigue incrustado en el banquillo o en la grada.

Siete jugadores acaban contrato

Hasta siete jugadores del equipo acaban contrato: el citado Fall; Willy Hernangómez, a quien Pascual tampoco ha podido encontrarle el punto de cocción; Miles Norris, rescatado de la nada por el técnico y quizá todavía aprovechable; Myles Cale, cuya intensidad no disimula la escasez de talento; Laprovittola, machacado por las lesiones y a quien el club no ha tenido a bien sustituir tras volver a la enfermería; y los exprimidos Satoransky y Vesely, de 34 y 35 años.

Will Clyburn trata de avanzar ante la defensa de Osman, durante la derrota del Barça ante Panathinaikos en el Palau.

Will Clyburn trata de avanzar ante la defensa de Osman, durante la derrota del Barça ante Panathinaikos en el Palau. / Efe

Pero mientras en los despachos deciden qué hacer (Moses Wright, pívot del Zalgiris, es uno de los grandes deseados) y hasta qué punto comenzar a competir económicamente con una nobleza europea en la que el Barça ya no está, el equipo, eliminado por el Baskonia en semifinales en la última Copa del Rey, hace lo que puede en la ACB (es quinto, con un balance de 17-8) y trata de sobrevivir en la Euroliga: 20-16, a una sola derrota de quedar incluso fuera del 'play-in' con el Dubai Basketball como gran peligro.

Sin dirección de juego cada vez que no puede salir a pista Satoransky (el base checo está de baja, sin que el club haya aportado detalles concretos), el equipo sigue pendiente del regreso de Juan Núñez sabiendo que con Juani Marcos no basta. Esclavo de los ejercicios de anarquía de Punter o Clyburn, a Xavi Pascual no le queda otra que seguir trampeando. Mientras piensa qué demonios hacer y pone a Laporta en un aprieto.

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