Barcelona - Atlético (0-2)
Al Barça se le escurre la vida en un minuto
La expulsión de Cubarsí justo antes del descanso abre los mares a un Atlético que toma ventaja en la ida de cuartos de final de la Champions

Lamine Yamal, desesperado durante la derrota frente al Atlético. / Jordi Cotrina

Lo que hace especial a la vida es que es finita. Y que en un minuto, lo que tarda uno en entender qué demonios ha pasado, se te escurre y ya está. Ya sea por un árbitro rumano con malas pulgas, porque jugar con diez durante todo un acto contra un Atlético encerrado es peor que el garbeo por el infierno de Dante, o porque Rashford, por mucho que se esfuerce, no es Raphinha. El Barça tendrá que levantar dos goles en la guarida de Simeone si pretende seguir respirando en la Champions. Mal asunto.
La vida, decíamos, se te puede ir en un minuto. Hubo una razón, la incapacidad de Lewandowski y Olmo para hacer falta cuando debían en la última jugada antes del descanso. Un efecto polémico, el encontronazo de Cubarsí contra un Giuliano Simeone que, pese a avanzar solo hacia la portería, no tenía el balón controlado y se derrumbaba antes del contacto. Y tres consecuencias fatales para el Barça: la amarilla convertida en roja tras revisión de VAR; el gran gol de libre directo de, sí, Julián Álvarez, precisamente quien sabe del deseo de Joan Laporta por vestirlo de azulgrana; y el sacrificio de Pedri, con una pequeña molestia, que ya no jugó el segundo tiempo y se quedó con muy mala cara en el banco. Junto a Lewandowski, pero eso, quizá, fuera incluso una bendición.

Pau Cubarsí aguarda con miedo la tarjeta del árbitro Kovas, que acabó por expulsarlo. / Jordi Cotrina
El Atlético tomó así ventaja en una eliminatoria frente a un Barça cada vez más tieso y tenso, y marcada a fuego por la expulsión de Cubarsí. En su día, el Tata Martino y Luis Enrique, pese a tener a Messi, quedaron apeados en la misma curva rojiblanca. Lamine Yamal tendrá que demostrar de qué pasta está hecho después de una noche de lo más desagradable en la que acabó destrozado y jugando como si estuviera solo. Buscaba aliados y no había nadie.
La mano de Pubill
El árbitro Istvan Kovacs jamás tuvo el partido controlado. La hinchada azulgrana le reclamó hasta tres tarjetas a Koke, que sólo vio una, y también una claro mano en el área de Pubill –sustituto del lesionado Hancko– que bien pudo haber cambiado otra vez el guion de la noche. El defensor, en una acción tan surrealista como punible, tocó la pelota con la mano cuando el guardameta Musso ya había sacado de puerta. Ni el árbitro ni los responsables del VAR quisieron saber nada del asunto. A Flick se lo llevaron los demonios.
Pero más allá de las peripecias del colegiado con el silbato, Simeone supo hacer suyo el escenario llevando al Barça y a su afición a una guerra de nervios en que los azulgrana tenían todas las de perder. Porque al Barcelona nunca le fue bien cuando los arrebatos emocionales fueron por delante del juego.

Julián Álvarez marca el 0-1 de falta. / Jordi Cotrina
No es Hansi Flick un técnico dado a los juegos malabares con las alineaciones, mucho menos en este tramo de competición en que cualquier desliz sirve para ser condenado a galeras. Lewandowski, que venía de poner el pecho en el Metropolitano para dejar la Liga a tiro, se quedó con el puesto de delantero centro, confirmando que Ferran Torres ha caído en desgracia. Pero el partido del polaco no dio motivo alguno para seguir confiando en él. Olmo no repitió como falso nueve, tomando un puesto en el interior que dejaba de inicio Fermín, que por la mañana había sufrido una pequeña brecha en la cabeza. Olmo volvió a las andadas, mientras que Fermín, en connivencia con Gavi en el intento de rebelión del segundo acto, poco pudo ya cambiar ante un Atlético que cerró todas las vías de entrada.
Las ocasiones de Rashford
Quién sabe qué hubiera ocurrido si antes de que el Barça se hubiera quedado en inferioridad a Rashford le hubiera dado por aprovechar cualquiera de las grandes opciones de las que dispuso. Pero el delantero inglés, unas veces por su escasa confianza, y otras negado por Musso, no aportó más que desesperanza. Y eso que se fue unas cuantas veces de su par, Nahuel Molina. Pero todo lo bueno que hacía en el amanecer, lo desaprovechaba al anochecer. Lo contrario que Sorloth.

Lamine Yamal trata de escapar de Koke. / Jordi Cotrina
Al Barça no se le pudo discutir la valentía con la que afrontó el segundo tiempo. Pero sin la cordura de Pedri, ya podían los azulgrana correr de un lado a otro, permitiendo que el balón fluyera mucho más rápido que las ideas.
Simeone tuvo más que suficiente con defenderse sin complejos, dejando en el Barça esa tristeza poscoito de la que escribía Bolaño cuando intentaba entender por qué la oscuridad gana tantas veces.
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