Girona - Villarreal (1-0)
Un Girona notable doblega al Villarreal y ata media salvación
Un autogol de Pau Navarro da la victoria a los hombres de Míchel en un Montilivi entregado que ya ve la permanencia en el horizonte.

Los jugadores del Girona, al fondo, celebran el gol de Pau Navarro en propia meta. / LLUIS GENE / AFP
En uno de los mejores partidos de la temporada en Montilivi, el Girona dio un paso de gigante hacia la salvación con una victoria tan merecida como valiosa ante el Villarreal (1-0). Tres puntos de esos que tienen un valor incalculable y que impulsan al equipo hasta los 37 y, lo más importante, amplían el colchón respecto al descenso a ocho puntos.
No hubo ni rastro de la versión de equipo sin alma y superado que se vio en Pamplona. Este lunes el Girona tuvo fútbol, espíritu y, sobre todo, premio con una victoria conseguida gracias a un autogol de Pau Navarro en el añadido de la primera parte. Un triunfo basado en el compromiso y también en el juego, porque nadie puede discutir el éxito de un Girona que lo buscó, lo mereció y lo encontró. Tres puntos valiosos que el equipo supo amarrar a la perfección para que no se escaparan. El viernes en el Bernabéu, que sea lo que Dios quiera.
Lesión de Vanat
Ganar era media salvación. Era situarse con 37 puntos y rozar con la punta de los dedos el gran objetivo de la continuidad en Primera. La empresa no era nada sencilla, al contrario. Arañar algo positivo contra el tercer clasificado, un Villarreal lleno de cracks, era complicado, sí, pero en Montilivi ya habían tropezado el Barça (2-1) y el Madrid (1-1). Eso sí, aunque pocos lo recordaran con tantas vacaciones de por medio, el Girona venía de hacer uno de los peores partidos de la temporada en Pamplona contra Osasuna, donde faltó de todo.

Ounahi y Mouriño pugnan por un balón este lunes. / David Borrat / EFE
Para intentarlo, Míchel apostó por introducir a Àlex Moreno en el lateral izquierdo y devolver a Arnau al derecho. El regreso de Iván Martín en lugar de Joel Roca desplazó a Ounahi al extremo izquierdo, sin libertad de movimientos. El duelo comenzó muy eléctrico, con más balón para el Girona y más llegadas del Villarreal. Nada del otro mundo al principio, salvo un disparo raso de Moleiro que se envenenó. Tampoco los de Míchel generarían demasiado peligro, pero sí tenían el control del partido: presionaban bien, ganaban duelos y evitaban que el Villarreal saliera al contragolpe, su gran arma. Eso sí, lo hacían sin Vanat, que solo duró 12 minutos en el campo por lesión y tuvo que ser sustituido por Abel Ruiz.
El partido era del Girona. Combinaba con facilidad y empezaba también a llegar. Lo intentó primero Vitor Reis con un cabezazo tras una prolongación de Witsel y después Ounahi, con un tiro que desvió Pau Navarro a córner. Las ocasiones no eran muy claras, pero la insistencia y superioridad rojiblanca encontró premio cuando la primera parte ya agonizaba y pocos lo esperaban. Fue en una acción por la derecha de Arnau que Pau Navarro, esta vez sí, introdujo el balón en su propia portería ante la presión de Abel Ruiz. Montilivi rugía y disfrutaba viendo al Girona encaminarse hacia la victoria.
Ocasiones erradas
La más que notable versión ofrecida por el equipo en los primeros 45 minutos tuvo continuidad con un primer cuarto de hora espléndido tras la reanudación, en el que el Girona transformó el dominio en llegadas y ocasiones claras para ampliar el marcador. No lo consiguió porque ni Ounahi, en dos ocasiones, ni Abel Ruiz, ni tampoco Tsygankov tuvieron la puntería afinada ante un Luiz Júnior muy inspirado.

Gerard Moreno trata de escaparse de Abel Ruiz, este lunes en Montilivi. / David Borrat / EFE
El marcador empezaba a quedarse corto. Y peligroso, claro. Aun así, el Girona seguía controlándolo sin permitir que el Villarreal terminara de despertar. El técnico visitante, Marcelino, agitó al equipo con la entrada de Freeman, Alfon y Buchanan. Mientras, Míchel dio entrada a Lemar por un Iván Martín agotado y también se vio obligado a sustituir a Blind, con problemas físicos.
Con la lengua fuera
El Girona llegaba al tramo final del partido con la lengua fuera y perdiendo efectivos uno tras otro. Porque si ya habían caído Vanat y Blind, Arnau tampoco pudo continuar a diez minutos del final. Rincón y Roca entraron por el maresmense y Ounahi para intentar resistir los últimos diez minutos. Una misión que podía valer media permanencia y para la que hacía falta una dosis máxima de sacrificio.
Un ejercicio de resistencia por parte de un Girona que no había encontrado el segundo gol y estaba condenado a sufrir para mantener la ventaja mínima. Tampoco sufriría tanto porque el Villarreal no inquietó y los tres puntos se quedaron en casa. Igual que media salvación.
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