Opinión | Golpe Franco

Periodista y escritor
Jugó todo el Barça, por Juan Cruz Ruiz
LA CRÓNICA: Lewandowski hunde al Madrid y al Atlético

Griezmann cabecea junto a Pedri, este sábado en Madrid. / AFP7 vía Europa Press / AFP7 vía Europa Press
Jugó todo el Barça, desde la puerta hasta la delantera. Como si fuera un equipo nuevo, reciente, afrontó uno de los grandes partidos de la temporada con inteligencia y con ganas de encontrarse, al final, con una victoria.
Poco a poco el Atlético fue aceptando, excepto su entrenador, que el partido no sería tan solo una contienda de dos sino, sobre todo, un desafío entre los propios jugadores del Barça: se ganaría si todas las líneas jugaban cerca, aplicados en encontrar al final, donde estuvieran, los más preclaros futbolistas del Barcelona.
Cuando el Atlético marcó el primer gol no estaban todavía dirimidas las posibilidades de unos y de otros. El Cholo estaba dando todavía, y a su manera, las órdenes que él transmite a unos y otros (a los suyos, a los contrarios) como si la cancha fuera de su propiedad, así como el juicio de los que mandan en las órdenes del juego. El Cholo fue más que sus futbolistas, y eso a mí me parece que no debe ser tan bueno para los muchos que están a sus órdenes.
Los sustos de Griezmann
Este entrenador omnímodo dio órdenes que a veces parecían destinadas, también, al entrenador contrario. En el mejor momento del Atlético pareció que todo se le iba a caer al Barça de Flick, porque Griezmann, el mejor del Atlético, en actitud y en fútbol, estaba haciendo del Barça un equipo asequible, muchas veces equipado para marcar. Mientras estuvo en la cancha el francés el equipo fue un conjunto que se recuperada de los primeros sustos. Cuando se fue Griezmann ya no hubo sustos, la verdad.
El empate súbito desvió la atención del Cholo, que empezó a transmitirles a los suyos esa urgencia que impide que el balón se juegue. Como si en lugar de hacer fútbol hicieran, cada uno a su manera, acertijos.
En el lado contrario, el Barça, al que Pedri maneja como si fuera el más viejo de los capitanes, el fútbol se fue haciendo grande, su delantera recibió ayudas de todas las áreas. De una manera natural el equipo que al principio parecía parte de los iguales se convirtió en el que iba a ganar el partido en cuanto se abriera el portero del Atlético de Madrid.
El portero del Atlético me pareció el mejor del partido, el más trabajador, el más cercano a la realidad del fútbol de su demarcación: nunca se rindió, aunque perdiera, y eso lo notaron el Barça y el Atlético a la vez, porque no hubo en ese lado del campo nadie que tuviera mejor puestos los ojos que este audaz futbolista que, además, reía cada vez que le ganaba a la delantera azulgrana y esta fracasaba en su pasión por vencerlo.
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