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PREGUNTAS Y RESPUESTAS

Siete claves de los insultos racistas en el España-Egipto de Cornellà: ¿qué va a pasar ahora?

Los hechos: Los cánticos racistas empañan el amistoso de España frente a Egipto en Cornellà: "Musulmán el que no bote"

La investigación: Los Mossos investigan los insultos islamófobos y xenófobos durante el España-Egipto

Las reacciones: El Gobierno condena los insultos racistas en el España-Egipto: "Son comportamientos absolutamente inaceptables"

La grada llena de aficionados de España en el RCDE Stadium para el amistoso frente a Egipto.

La grada llena de aficionados de España en el RCDE Stadium para el amistoso frente a Egipto. / Jordi Cotrina

Sergio R. Viñas

Sergio R. Viñas

Madrid
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El último amistoso de España antes de la convocatoria para el Mundial de este verano quedó completamente opacado por lo sucedido en las gradas del RCDE Stadium. Los cánticos islamófobos y xenófobos contra la selección de Egipto de una parte de los aficionados presentes en Cornellà marcaron una noche que deja muchas preguntas por contestar, tanto por lo que sucedió (y no) durante el encuentro, como por lo que pueda ocurrir a partir de ahora en el ámbito sancionador.

Todo empezó con la pitada al himno nacional de Egipto, una actitud reprobable pero no sancionable. Poco antes de que se cumpliera la primera media hora del partido, un grupo numeroso de aficionados coreó el cántico racista "Musulmán en el que no bote", encontrando bastante complicidad en el estadio. El insulto partió desde el fondo sur, también conocido como Gol Cornellà, donde se suelen ubicar ultras de extrema derecha en los partidos del Espanyol. De hecho, en el amistoso de este martes se pudieron ver banderas españolas franquistas. El cántico se repitió justo antes del descanso y también en la segunda parte, cuando ya encontró el reproche generalizado del resto de aficionados presentes en el partido.

Los jugadores de la selección, tras el España-Egipto.

Los jugadores de la selección, tras el España-Egipto. / Javier Borrego / AFP7 / Europa P / Europa Press

El fútbol goza de un protocolo a tres niveles cuando ocurren casos de racismo, xenofobia u otras violencias (como lanzamiento de objetos), bien entre jugadores, bien desde la grada. El árbitro, al ser consciente o ser avisado de una situación de este tipo, debe cruzar sus brazos en forma de aspa, dirigirse a la zona de banquillos y solicitar que se emiten mensajes por megafonía y a través de las pantallas o marcadores, si los hubiera, para que cesen esos comportamientos. Si vuelve a suceder, tiene la potestad para suspender temporalmente el partido, enviando a los jugadores a los vestuarios. Si ocurriera una tercera vez tras los dos avisos, el árbitro puede y debe suspenderlo definitivamente. El mismo protocolo se aplica en el caso de lanzamiento de objetos, como se vio recientemente en España en el Betis-Sevilla, que fue suspendido durante 15 minutos. Nada de eso ocurrió.

El árbitro del encuentro es quien tiene la potestad para ponerlo en marcha, aunque la iniciativa de avisarle o solicitarlo puede partir de jugadores o técnicos. Eso no sucedió en Cornellà. La barrera idiomática, dado que el cuerpo arbitral era búlgaro, puede explicar por qué el árbitro no lo hizo. Lo mismo se puede colegir en el caso de los jugadores y técnicos egipcios. Ahora bien, podría haber sido un futbolista español el que alertara al colegiado de los cánticos racistas, que también eran directamente ofensivos para al menos uno de ellos, Lamine Yamal. La estrella azulgrana sí ha alzado la voz horas después: "Sé que iba por el equipo rival y no era algo personal contra mí, pero como persona musulmana no deja de ser una falta de respeto y algo intolerable. Entiendo que no toda la afición es así, pero a los que cantan estas cosas: usar una religión como burla en un campo os deja como personas Ignorantes y racistas. El fútbol es para disfrutarlo y animar, no para faltar al respeto a la gente por lo que es o en lo que cree".

El delantero de la selección española de fútbol Lamine Yamal, durante el partido amistoso que las selecciones de España y Egipto.

El delantero de la selección española de fútbol Lamine Yamal, durante el partido amistoso que las selecciones de España y Egipto. / Alberto Estévez / EFE

Dado que no se activaba el protocolo, durante el descanso, tanto por la megafonía del estadio como en las pantallas se proyectó un mensaje que decía: "Se recuerda que la legislación para la prevención de la violencia en el deporte prohíbe y sanciona la participación activa en actos violentos, xenófobos, homófobos o racistas". Después de que el cántico se repitiera por tercera vez, ya en la segunda parte y con una gran pitada del resto del estadio hacia los ultras, se repitió el mensaje por megafonía. La iniciativa fue de la RFEF, que también se sumó a la condena de los hechos a través de sus redes sociales, si bien Berni Álvarez, conseller catalán de Deportes, reivindica que fue él quien tuvo que reclamar a la RFEF que se activara esta iniciativa.

Sí, tanto de carácter económico como de cierre parcial de una parte del estadio en un próximo partido como local. La FIFA, dado que se trataba de un amistoso internacional, es la responsable de adoptar medidas disciplinarias. En casos anteriores de racismo o xenofobia de espectadores, ha impuesto multas de entre 5.000 y 20.000 euros. En algunos de ellos, de mayor gravedad, ha ordenado cierres parciales de hasta el 20% del aforo durante un partido. En ningún caso habrá sanciones deportivas a la selección, como pudieran ser deducciones de puntos en torneos o fases de clasificación, por lo sucedido. En el aspecto administrativo, Antiviolencia también puede sancionar económicamente a la RFEF por lo sucedido y a individuos particulares a partir de la investigación policial que han puesto en marcha los Mossos.

Aficionados de España antes del partido frente a Egipto en el RCDE Stadium

Aficionados de España antes del partido frente a Egipto en el RCDE Stadium / Jordi Cotrina

No. El club perico es el propietario del RCDE Stadium, pero el recinto estaba cedido a la RFEF durante el partido, por lo que no es responsable de lo que sucediera dentro de él. Lo podría ser en caso de deficiencias estructurales relativas a la seguridad, por ejemplo, pero no es el caso. Que las personas fueran o no socias o aficionados del Espanyol tampoco es, por descontado, relevante a la hora de exigir responsabilidad. El club ha condenado los hechos y pedido que no se criminalice a su afición.

La teoría dice que sí, que en un escenario hipotético podría llegar a afectar. Pero la práctica dice que no. La FIFA viene demostrando en los últimos tiempos que el dinero y sus intereses comerciales están muy por delante del respeto a los Derechos Humanos. Celebró un Mundial en Rusia hace ocho años, otro en Qatar hace cuatro, le ha regalado el de 2036 a Arabia Saudí y no sólo ha torcido el gesto ante la ofensiva bélica ilegal de Trump de cara a la cita de este verano, sino que ha condecorado al dirigente con el Premio FIFA de la Paz inventado ex profeso para satisfacerle. Así que, no, no parece que unos cánticos racistas en un campo español puedan tener grandes repercusiones de cara a un Mundial.

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