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Opinión | Apunte

El cántico de la vergüenza, por Carme Barceló

Qué significa 'Alhamdulillah', la respuesta que ha dado Lamine Yamal a los cánticos racistas

Siete claves de los insultos racistas en el España-Egipto de Cornellà: ¿qué va a pasar ahora?

Aficionados de España en el RCDE Stadium.

Aficionados de España en el RCDE Stadium. / JORDI COTRINA / EPC

El presidente de la Federación Española de Fútbol debe tener un problema de vista. O de oído. O de ambos. Para el Sr. Louzán el lamentable espectáculo racista y xenófobo que se vivió en el RCDE Stadium este martes fue un hecho puntual, minoritario y muy localizado. Nada más lejos de la realidad. Active los cinco sentidos, caballero, porque fueron centenares, se contagiaron unos a otros, estaban dirigidos y se les vio encantados de bramar ese "Musulmán el que no bote, eh, eh", el cántico de la vergüenza que ya forma parte de la historia de España.

Debió pensar lo mismo que el presidente el colegiado del partido, que debió activar el protocolo, parar y/o suspender el encuentro. Pero, ¡ay, el negocio!. Cualquiera detiene el espectáculo que, ya saben, debe continuar. Los mensajes emitidos por megafonía y en los videomarcadores fueron silbados por una gran parte del público. La imagen del estadio de Cornellà-El Prat ha dado la vuelta a un mundo que, lamentablemente, no gira a gusto de los que ven confirmada aquí y allá la amenaza ultraderechista.

Vehículo de odio

Si el fútbol es la imagen de la sociedad, aviados estamos, porque hechos como éste lo convierten en un vehículo de odio. Muy preocupada me dejó lo sucedido y el día después. Porque ver como la máxima preocupación de alguno es la posibilidad de perder la organización de un Mundial, o la final o lo que sea que tenga que ver con hacer caja es lamentable. Confirmar que el analfabetismo, la incultura, la intolerancia y el odio habitan entre nosotros es muy doloroso. Y qué decir de los silencios, tantas veces cómplices, de los de siempre.

El que no se calló fue Lamine Yamal. El que explicó en su día que el miedo lo había dejado en el parque de Mataró y que hoy es el jugador de referencia de la selección española se fue del campo hecho polvo. Durante el partido se mostró cabizbajo y triste. Fue el único que no fue a dar las gracias al público. Lógico y coherente. "Soy musulmán, alhamdulillah", escribió. A sus 18 años tiene un máster de racismo. Vivido, sufrido y soportado en el césped y en la calle.

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