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Opinión | Carrascazos

Lluís Carrasco

Lluís Carrasco

Publicista

El Barça entrena en Madrid, por Lluís Carrasco

Ona Batlle, del FC Barcelona, celebra un gol durante el partido de la Liga F ante el Madrid, el domingo.

Ona Batlle, del FC Barcelona, celebra un gol durante el partido de la Liga F ante el Madrid, el domingo. / AFP

Hay tuits que no informan, iluminan. El que publicó en la noche del domingo el gran Oscar Nin, pertenece a una categoría tan escasa como necesaria: la del sarcasmo y la ironía de barrio que, sin pedir permiso, te dibuja una sonrisa y te deja con cara de merluzo. Venía a decir -con esa retranca que tan bien ejecuta el muy 'cabrón'- que el Barça femenino va demasiado a Madrid a entrenar. Y claro, uno, que ya peina canas blaugranas, no puede evitar preguntarse: ¿y si no fuera del todo una broma? Porque cuando eres el mejor equipo de Europa, el problema no es ganar, es no aburrirte de hacerlo.

La excelencia tiene ese defecto: te deja sin rivales. Y ahí aparece la idea: convertir al equipo de la capital en ese compañero de ring y gimnasio que te ayuda a mantener el tono y la pegada sin ponerte en riesgo la mandíbula. El color ayuda, no nos engañemos. El blanco siempre motiva. Es verlo y subir un punto la presión, como cuando te cruzas con esa vecina que te pone, y te saluda con esa coquetería en el ascensor que no acabas de saber leer. Pero futbolísticamente, el asunto tiene menos misterio que una película de romanos y milagros, repetida una y otra vez en semana santa. Sirve para rodar automatismos, ajustar líneas y ensayar goleadas con cierta resistencia, sí, pero total tranquilidad.

Un sparring periódico

La Champions, en cambio, es otra cosa. Es la única competición que nos mira de tú a tú sin sonrojarse. El único escenario donde el equipo necesita realmente apretar los dientes y recordar que el fútbol, a veces, también duele. Todo lo demás son capítulos intermedios de una serie que miras, solo porque ya la has empezado, pero que sabes de sobras cómo acaba. Así que quizá Oscar Nin llevaba razón. Tal vez esos viajes a Madrid sean sesiones programadas de entrenamiento. Un sparring periódico, blanco impoluto, que permite a las blaugranas no oxidarse a la espera de lo que realmente importa: Europa. El resto, puro atrezo en un estadio bautizado con el nombre de un jugador culé birlado por el franquismo. La historia misma de nuestro futbol.

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