Fútbol
Balones contra excavadoras: la lucha de los niños refugiados de Belén para detener la demolición de su campo de fútbol
En el campamento de Aida, donde malviven 5.500 palestinos hacinados en 0,07 kilómetros cuadrados, los jóvenes construyeron una cancha donde los niños pueden imaginar un futuro distinto, aunque ahora dos órdenes de demolición israelíes la amenazan
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Exterior del estadio de fútbol del campamento de refugiados Aida, en Belén. / EP

Diez toques de balón acarrean un mensaje. Alrededor del mundo, gente corriente y gente famosa se planta delante de una cámara para demostrar que pueden dar una decena de puntadas a la pelota. Decenas y decenas de toques se transforman en centenares de sacudidas que viajan a través del globo, cruzan el mar Mediterráneo y sortean el muro de apartheid israelí que envuelve la Cisjordania ocupada. Aterrizan sobre la hierba del estadio de fútbol del campamento de refugiados Aida, en Belén. Los más de 250 niños que juegan en esa pista sienten cada toque como una constatación de que no están solos, y que el mundo no permitirá que les saquen de allí. Por el momento, los cientos de golpes han llegado hasta los despachos de la FIFA y la UEFA. Desde allí, los altos cargos del fútbol han exigido a Israel que detenga la demolición del estadio de Aida. Es su primer gran triunfo.
No es la primera vez que los niños del campo, protegidos por el Centro de la Juventud de Aida, se enfrentan a una amenaza de estas dimensiones. "Desde nuestra creación en 1968, los israelíes cerraron el centro hasta 14 veces y, en 2001, finalmente, lo demolieron" durante la Segunda Intifada, cuenta Mohammed Abu Srour, miembro de la junta del centro y responsable del programa deportivo. "Con la construcción del muro un año más tarde, confiscaron todo el espacio donde teníamos dos campos de fútbol pequeños en un terreno perteneciente a la iglesia armenia", afirma a EL PERIÓDICO. "De repente, éramos niños y futbolistas sin ningún lugar donde poder jugar y expresarnos", añade. Hasta que, después de reconstruir el centro, se pusieron con la cancha de fútbol.
Panorama desolador
"Un sueño hecho realidad", reconoce Abu Srour. "Era 2020 y, de nuevo, la gente tenía un lugar donde venir a jugar, a reunirse, donde los niños y las familias podían pasar el rato", recuerda. El límite de la hierba lo marca el muro de separación de casi nueve metros de altura. Para cualquiera lejos de esta asediada tierra, un estadio así sería lo más alejado de un sueño, pero, para los niños y mayores del campo de Aida, es el mejor lugar del mundo. No hay otro mejor. Construido en 1948 para acoger a los miles de palestinos expulsados de sus hogares durante la Nakba, catástrofe en árabe, provocada por la creación del Estado de Israel, el campamento fue establecido en un reducido espacio de 0,07 kilómetros cuadrados para 1.200 refugiados. Casi ocho décadas después, más de 5.500 personas malviven en el mismo lugar sin atisbo de mejora o esperanza alguna.
El panorama de vida es desolador y el de futuro es prácticamente inexistente. "Hay hacinamiento, hay falta de privacidad, la tasa de empleo es alta, especialmente después de la pandemia, la pobreza es alta, y, además, no hay espacios públicos porque, según las Naciones Unidas, se supone que los refugiados deben regresar a su lugar de origen lo antes posible", apunta Abu Srour. Cansados de esperar por un retorno que cada día se aleja más, los propios jóvenes del campo decidieron poner remedio a la desesperanza de sus días y construyeron el campo de fútbol. Pero ese "sueño hecho realidad" se ve, de nuevo, amenazado después de que el pasado 3 de noviembre las tropas israelíes les sirvieran una orden de demolición. Ni dos meses más tarde, llegó la segunda. En ellas, les exigían demoler el campo en una semana ellos mismos o, si no, tendrían que pagar los gastos de las excavadoras israelíes.

Estadio de fútbol del campamento de refugiados Aida, en Belén. / EP
Desde el 7 de octubre de 2023 y tras el inicio de la brutal ofensiva militar contra Gaza, que ha matado a más de 71.800 personas, las agresiones contra los palestinos han alcanzado cada rincón de sus vidas cotidianas. "Todo en Palestina es político", reconoce Dima Said, portavoz de la Asociación de Fútbol Palestina. "Y para nosotros, el deporte es como el campo [de juego] donde podemos practicar o mostrar nuestra identidad sin límites, expresándonos libremente, representando a nuestro país, luciendo con orgullo la bandera, y a nuestra gente de la mejor manera posible", dice a este diario. Pese a su popularidad, el fútbol lleva más de dos años parado en los territorios palestinos ocupados. En la Franja de Gaza, los estadios han sido destruidos o convertidos en centros para desplazados o campos de internamiento.
"Hay hacinamiento, hay falta de privacidad, la tasa de empleo es alta, especialmente después de la pandemia, la pobreza es alta, y, además, no hay espacios públicos porque, según las Naciones Unidas, se supone que los refugiados deben regresar a su lugar de origen lo antes posible"
Para los niños del campo de Aida, la desaparición del campo de fútbol supondría el fin de su posibilidad de soñar. "Las fuerzas israelíes no logran desalojarnos por la fuerza con los ataques diarios a los que someten al campo, así que intentan complicar y dificultar enormemente la vida de la gente", explica Abu Sroud, que reconoce que los niños "están frustrados sin mucho que hacer". En esa hierba, han aprendido jugadores que luego se han convertido en futbolistas profesionales de la primera división palestina o de la selección nacional y han salido al extranjero a representar a su pueblo. "Esto rompe con lo que quieren los israelíes, ya que nos ven como una amenaza, porque, no solo trabajamos el deporte, sino que los educamos, convirtiendo a estos niños en personas educadas, sanas y con conocimientos", añade.
Israel "quiere que los palestinos se limiten a tirar piedras o a llevar armas para tomarlo como excusa y atacar a la gente del campamento", señala Abu Sroud. La Asociación Palestina de Fútbol ha denunciado que la orden de demolición contra la cancha de Aida constituye una violación de la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño, que Israel ha ratificado, ya que privaría a cientos de niños de su derecho a practicar deporte y desarrollarse en un entorno seguro y saludable. Conscientes de la injusticia que supone perder un espacio así en un lugar como el campo de Aida, personalidades del mundo del deporte, como Eric Cantona, o la youtuber educadora estadounidense Ms Rachel se han posicionado al lado de los niños del campamento.

Estadio de fútbol del campamento de refugiados Aida, en Belén. / EP
Tras superar el shock inicial de las órdenes de demolición, los responsables del Centro de la Juventud de Aida se pusieron manos a la obra y lanzaron una campaña global para salvar la cancha. "Les pedimos que intervengan urgentemente para detener la demolición del campo de fútbol del campo de refugiados de Aida y proteger el derecho de los niños palestinos a jugar; el fútbol es para todos", exigen en una petición dirigida a los presidentes de la FIFA, Gianni Infantino, y de la UEFA, Aleksander Čeferin. Casi 360.000 personas la han firmado. Además, futbolistas de todas las edades y categorías de alrededor del mundo se han unido al reto de grabarse dando una decena de toques para salvar el campo y nominando a otros compañeros con el objetivo de que la cadena de solidaridad no se detenga. Y esos toques solidarios han llegado donde tenían que llegar.
"Todo en Palestina es político. Y para nosotros, el deporte es como el campo [de juego] donde podemos practicar o mostrar nuestra identidad sin límites, expresándonos libremente, representando a nuestro país, luciendo con orgullo la bandera, y a nuestra gente de la mejor manera posible."
La presión alcanzó los despachos suizos. A mitad de enero, la intervención de la FIFA y la UEFA, a través del embajador suizo de Israel, logró detener la demolición. "Sin embargo, aún no hemos recibido ninguna declaración oficial al respecto, por eso les decimos que no detendremos nuestra campaña hasta que recibamos algo oficial que podamos usar con fines legales", declara Abu Srour. "No podemos confiar en los israelíes: un país que cometió un genocidio a la vista de todo el mundo no teme demoler un campo de fútbol, pero incluso eso, el campo de fútbol, es un símbolo del sufrimiento que estamos padeciendo; aunque se salvara, no estaríamos seguros dentro del campamento" de Aida, concluye el miembro de la junta del Centro de la Juventud de Aida.
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