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El Ramassà, el club de fútbol que tambien es una oenegé

La Associació Esportiva Ramassà fomenta la actividad deportiva entre mujeres refugiadas y solicitantes de asilo en Catalunya

Jordi Grivé: "Seremos el primer club de fútbol de España que se convierte en oenegé"

Los jugadores del Ramassà en un viaje a África

Los jugadores del Ramassà en un viaje a África / Cedida

Arnau Segura

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"Es increíble lo que puede llegar a mover el fútbol a nivel social. Es una excusa, una herramienta, un instrumento casi perfecto y súper útil porque es totalmente internacional y crea espacios de unión que nacen solos. Cualquier objetivo se puede trabajar y conseguir a través de una pelota. Muchos no estamos de acuerdo con la parte de la industria, el negocio, pero el fútbol de calle puede romper muchas barreras y crear un impacto que cambie el día a día de mucha gente", dice Marc Larripa (Granollers, 1986). Es el director del área social de la Associació Esportiva Ramassà, un club de les Franqueses del Vallès nacido hace justo 50 años y constituido a la vez como oenegé que supone un caso extraordinario en el fútbol español.

Este fin de semana tenían un partido contra el Cardedeu B en la liga de cuarta catalana, la categoría más baja del fútbol territorial, pero jugarán contra el Cape Town City de la segunda división sudafricana, a más de 8.500 kilómetros del Vallès Oriental. Casi 50 participantes empezaron este jueves el décimo viaje solidario del club, después de visitar Etiopía, Benín, Uganda, Camerún, Madagascar, Costa de Marfil, Gambia, Kenia y Mongolia. Hacen trabajo de campo de la mano de oenegés locales y juegan un partido con uno de los grandes equipos del país. Son ocho derrotas y un empate, pero sobre todo nueve victorias: ya han donado más de 5.600 kilos de material y 69.538,84 euros.

Los jugadores del Ramassà con los de otro equipo africano

Los jugadores del Ramassà con los de otro equipo africano / Cedida

Jordi Grivé (Granollers, 1972), exjugador, exentrenador y ahora presidente, apunta que la idea nació en 2013 mientras acompañaba unos amigos a correr un maratón en Etiopía: "Pensé: 'Qué bonito sería venir aquí a jugar un partido y hacer algo más. Disfrutar del deporte y utilizarlo al mismo tiempo'". Consiguieron un amistoso contra el Saint George, 25 veces campeón de liga. Ese primer viaje fue "una locura", por la propia experiencia y por el recibimiento porque era el primer equipo de Europa que viajaba a Etiopía. También les dijeron que eran los primeros en pisar el país en Benín, Madagascar o Mongolia.

"Como si fuéramos estrellas"

"El día antes del partido de Etiopía en los deportes de la televisión del país salió primero el Manchester United, luego el Ramassà y después el Barça. El día del partido nos escoltaron al estadio, como si fuéramos estrellas", sonríe. Pidieron que aparcaran el autobús muy cerca de la puerta, por miedo. "Pensábamos que podíamos recibir una goleada histórica y nos preocupaba lo que podía pasar, que la gente se pudiera sentir engañada porque ellos se pensaban que éramos el Barça", explica. Fue pasar de jugar con 20, 25 aficionados a 20.000, 25.000 en un partido retransmitido por la televisión nacional. Alguien de seguridad les dijo que no se les ocurriera regalar camisetas al público, para evitar peleas: "Algún jugador entró al vestuario casi en calzoncillos porque lo había dado todo". Acabaron dando una vuelta de honor, ovacionados.

Recibimiento al Ramassà.

Recibimiento al Ramassà. / Cedida

"No habíamos vivido nunca algo así. Son imágenes absolutamente increíbles y recuerdos inolvidables que tendremos siempre. Son cosas que creíamos que pasarían una vez en la vida y que luego se han ido repitiendo. La lista de momentos es infinita. Nos sigue sorprendiendo lo que somos y lo que hemos conseguido", dice antes de reivindicar el carácter tan cautivador de África. "Muchos niños o jóvenes quieren jugar al fútbol contigo simplemente para poder explicar que han jugado con un jugador europeo. También te piden el teléfono para tener una puerta de entrada para cuando vengan", añade Grivé.

Proyectos para la infancia

De los 100 kilos de material deportivo y escolar recogidos en la primera edición pasaron a más de 500 en la segunda. En la tercera fueron más de 500 y 1.500 euros para una escuela de niños sordomudos y una escuela de niños huérfanos: admiten que llevar material y jugar un partido era un objetivo "muy pobre" y empezaron a trabajar con oenegés para ser el "motor impulsor" de algunos proyectos, sobre todo relacionados con niños. En Uganda la gente les paraba por la calle para pedirles autógrafos y fotografías e incluso hicieron una rueda de prensa para presentar el partido. Fue el primer viaje de Larripa, aún jugador.

Álvaro Maroto (Montmeló, 1999) y actual capitán no olvidará nunca su orimer gol en el partido del viaje a Costa de Marfil. Le enseñó a su abuela donde estaba el país en el mapa y ella le dijo que no entendía porqué tenía que irse tan lejos: "Es un shock de realidad que cuesta en algunos momentos, por la pobreza. En estos países los contrastes entre la gente que tiene dinero y la que no son muy bestias. Recuerdo ver una gran finca que pertenecía a un alemán y delante dos niños jugando con un trapo como pelota, con la ropa sucia y rota". "A nivel futbolístico es sentirse profesional por un día. En Kenia vino el presidente del país. Las gradas están llenas: aquí vienen cuatro familiares y ahí hay tanta gente que no sabes ni adonde mirar. Y a nivel social es una pasada. Es una cosa que te llena. Ves la felicidad en los ojos de los niños y te das cuenta de lo potente que es el fútbol", remarca Maroto. Los futbolistas se pagan su viaje: el primer año incluso hubo un jugador que pidió un crédito.

Un jugador del Ramassà con otro de un equipo gambiano.

Un jugador del Ramassà con otro de un equipo gambiano. / Cedida

Costa de Marfil también fue el estreno de Raquel Gutiérrez (Granollers, 1971), figura clave de la iniciativa desde el aspecto logístico: "El día que estuvimos con la oenegé nuestra guía estuvo como dos horas diciendo que nos teníamos que ir y no había manera. Nadie quería irse". "Quizás no te entiendes con el idioma, pero a veces no hace falta porque hay otros idiomas que son universales y que están por encima: un balón, los abrazos".