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La ronda catalana

Pradell, la cumbre que asfixia a los ciclistas

La principal dificultad montañosa de la Volta fue superada como en 2024 por Marc Soler en primera posición, a la espera de que en un futuro no muy lejano sea puerto de paso de la Vuelta.

Jonas Vingegaard, con el jersey blanco y verde de líder, en el ascenso a Pradell.

Jonas Vingegaard, con el jersey blanco y verde de líder, en el ascenso a Pradell. / LA VOLTA

Sergi López-Egea

Sergi López-Egea

Berga
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No fue la locura de hace dos años cuando Pradell presentó las credenciales como puerto insignia de la Volta. Pero las rampas eran las mismas y muchos los aficionados que se colocaron en la zona del infierno, una vez la carrera superó la pequeña localidad de Vallcebre.

Gritos de pasión servían para recibir a unos ciclistas que subían con el plato pequeño y el piñón más grande que llevaban, casi una mini sartén para cocinar una ración de arroz individual. Qué barbaridad. Qué puerto. Es el mismo que desde hace años piensa incluir Javier Guillén, como director de la Vuelta en su carrera. “Es imposible situar allí la meta, pero hay territorio ‘comanche’ para hacer el descenso y buscar una localidad la llegada en una localidad cercana”, comentaba en Berga, que lleva tiempo abierta para acoger también a la ronda española; un magnífico escenario para vender el paisaje y conseguir la llegada del turista que viaja con la bici a cuestas.

Berga fue un delirio, un pasillo humano que debían superar los ciclistas para subir al podio de presentación o dirigirse después a la línea de salida. Muchos corredores, emocionados, chocaban las manos de los vecinos, berguedanos y berguedanas que convertían a la Volta en una segunda edición de su famosa Patum.

Todo fue perfecto, sin demasiado frío, con sol, sin apenas viento y hasta con imágenes de estampa con la nieve en los laterales de la primera parte del descenso por Pradell y luego con el Pedraforca a la espalda de los ciclistas.

Quizá los únicos que lo pasaron mal fueron los conductores despistados que bajaban desde el túnel del Cadí hacia Barcelona, que no se enteraron del paso de la Volta, que no hicieron caso a las advertencias del GPS y que se tragaron el embotellamiento por el corte de la C-16 en los alrededores de Berga.

La salida de la sexta etapa, en Berga.

La salida de la sexta etapa, en Berga. / LA VOLTA

Pradell se volvió a convertir en la cumbre de Marc Soler. El ciclista de Vilanova también pasó en primer lugar hace dos años, cuando trabajaba a las órdenes de Tadej Pogacar. Es tan alocado, como bestia, perfecto gregario del esloveno en el Tour, y que busca atacar, aunque sin recompensa en la Volta mientras suma triunfos de etapa en la Vuelta. Fugado, día sí y día también, se gana los elogios de TV-3 como ningún otro corredor.

Quizá Pradell y el resto de las cumbres del Berguedà tengan que estar el año que viene en el banquillo de la Volta, a la espera de una futura visita de la Vuelta y, evidentemente, sin que el Tour, en julio, a poco más de 100 kilómetros de Barcelona, le haya echado el ojo. De lo contrario Pogacar ya deja el Tour sentenciado a tres semanas de París con Vingegaard a su estela y hay que darle emoción a la ronda francesa… por lo menos a pocos días de que aparezca la ciudad de la luz en el horizonte de la prueba.

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