Carreras de caballos
Purasangres que desafían la guerra
Los mejores potros del mundo disputan este sábado en el hipódromo de Dubái la multimillonaria World Cup a pesar del bombardeo sobre los Emiratos Árabes Unidos. Es la única competición deportiva internacional que no se ha cancelado tras el estallido bélico.

Los jinetes montan a American Stage (izquierda) de EEUU y a Forever Young (derecha) de Japón durante los preparativos para la Copa Mundial de Dubái 2026 en el hipódromo de Meydan de Dubái. / ALI HAIDER / EFE
Si ya de por sí una carrera de caballos entrevé un riesgo para jinetes y purasangres, todavía lo es mucho más galopar bajo un cielo saturado de misiles, drones y defensas aéreas. Esto es lo que puede suceder este sábado en el hipódromo de Meydan, en Dubai, cuando se dispute la 30ª edición de la World Cup —nueve carreras de caballos que reparten 30,5 millones de dólares—, con la participación de 34 jockeys, 50 entrenadores y 101 purasangres, la mayoría de las superestrellas de este deporte, porque no han querido cambiar sus planes a pesar de la guerra.
Los organizadores de la competición que desde hace tres décadas capitanea personalmente el jeque Mohammed bin Rashid Al Maktoum, gobernante de Dubái, primer ministro de los Emiratos Árabes Unidos y, posiblemente, la persona más influyente del mundo de las carreras de caballos como jefe del poderoso imperio hípico Godolphin, se ha negado a ceder ante el conflicto bélico en Oriente Medio.
Desde el hipódromo comunicaron hace días a los valientes que han decidido correr en Meydan que "todo seguía lo previsto" para disputar esta emblemática competición internacional antes que tomar la decisión que otros eventos deportivos adoptaron con solo estallar la guerra, caso de las cancelaciones de la Finalísima entre las selecciones de fútbol de España y Argentina, los Grandes Premios de Bahréin y Arabia Saudí, en Fórmula 1, o el de Qatar, en Moto GP.
Bajo los misiles
Hace semanas que muchos de los purasangres participantes llegaron a a región con Janah Airlines, la compañía privada de transporte aéreo del jeque Mohammed, conscientes del riesgo que puede suponer galopar bajo los misiles. Entre ellos, el japonés Forever Young, escogido el Caballo del Año en su país y con unas ganancias en premios hasta el momento de 29 millones de dólares, o Calandagan, propiedad de los descendientes del Aga Khan y considerado el mejor caballo del mundo, que viajó a última hora desde Francia a Dubái. "Hemos hablado cada día con los miembros del equipo que tenemos en el hipódromo de Meydan y después de evaluar la situación hemos decidido que viaje y corra", dice Nemone Routh, gerente de la cuadra.

Un jinete se entrena durante los preparativos de la gran carrera de este sábado en Dubái. / ALI HAIDER / EFE
A pesar de que el número de participantes en las nueve carreras sea prácticamente el mismo que el del pasado año, algo más de un centenar, la edición de este año no será como la de otras ocasiones. Las cancelaciones de vuelos a Dubái por las complicaciones en el espacio aéreo de la región y la prudencia que ha prevalecido en algunas cuadras extranjeras por la situación geopolítica han provocado que algunos de los mejores corceles, entrenadores y jockeys no se hayan trasladado finalmente. Esto le ha pasado al hispano-luso Ricardo Sousa, que montaba el pasado domingo en el hipódromo de La Zarzuela a la espera de que le confirmasen su participación en Dubái, algo que no ha podido suceder al no poder salir de Arabia Saudí el avión que debía transportar a su caballo, uno de los favoritos en una de las carreras.
Cinco horas de competición
No se espera una jornada fácil. Se ha redoblado la seguridad porque la amenaza será permanente desde que se abran los cajones de salida de la primera prueba hasta que cruce la meta el último caballo de la novena carrera. "Estamos muy preocupados, pero nos lo tomamos con mucha cautela", manifiesta David Jacobson, entrenador de Banishing, uno de los caballos favoritos.
Serán cinco horas de competición en un hipódromo que tiene una pista que se encuentra a 16 kilómetros del consulado estadounidense en los Emiratos Árabes Unidos —atacado con drones el 28 de febrero y 3 de marzo—, y unas gradas que el pasado 13 de marzo temblaron por una explosión a pocos kilómetros de distancia que obligó a suspender temporalmente la competición tras la primera carrera de la noche. Entonces, se pidió a los espectadores que buscaran refugio bajo la tribuna, pero tan solo 22 minutos después se reanudó la prueba y el programa se completó sin más demora. Y es que así es este deporte: ni con los misiles cerca hay forma de disuadir a purasangres, jinetes, aficionados y, en este caso, al jeque. ¡Suerte!
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