Opinión | Apunte

Escritor. Autor de 'Confeti' y 'Todo Messi. Ejercicios de estilo'.
Nueve, diez y once

Lewandowski celebrando el segundo de los goles del delantero durante el partido de vuelta de los octavos de final de la Champions League entre el FC Barcelona y el Newcastle en el Camp Nou. / JORDI COTRINA
Hay una incógnita que cae sobre el Barça con la insistencia de una lluvia de balones colgados al área: ¿quién debería ser el nuevo delantero centro? Ni Lewandowski ni Ferran Torres parecen ahora mismo apuestas de futuro, pero el problema quizás no sea tanto de nombres como de naturaleza. En el modelo de Hansi Flick, el 9 debe ser una pieza híbrida: alguien que presione a los centrales como si le debieran dinero, que cace muchos remates pero también que sea altruista y juegue para el equipo.
En este punto, conviene desconfiar de la tentación del puro goleador, casi industrial. Un caso como el de Haaland —un fenómeno estadístico— puede ser paradójico: mejorar los números personales pero empobrecer el sistema, ya que su naturaleza tiende a simplificar el juego: menos contexto, mayor fin. Y el Barça, históricamente, vive de crear contexto. Hay un precedente que funciona como una advertencia retrospectiva: el paso de Ibrahimović por el Barça de Pep Guardiola. Sobre el papel todo encajaba: talento, físico, carácter. En la práctica, ese equipo que había encontrado una sinfonía con Messi como falso 9 se vio desajustado, como un reloj suizo con una alarma demasiado chillona.
En ese sentido, una vez más, el recuerdo de Johan Cruyff no es arqueología, sino brújula. Cruyff desconfiaba del 9 estático. Prefería delanteros que desordenaran al sistema rival, como Romario o Laudrup, incluso a costa de desordenar el propio. Pero el fútbol es cíclico y caprichoso. Hoy quizás no basta con un falso 9 puro. Es necesario un perfil más musculado, menos etéreo, pero igualmente listo. Alguien como Julián Álvarez —si se nos permite soñar— o incluso un Marcus Thuram bien adiestrado en el sistema: jugadores que combinan movilidad, lectura táctica y carácter competitivo. Delanteros que pueden ser nueve, diez y once en una misma jugada. Peloteros del área. El reto del Barça es, pues, dar con un 9 que no parezca un 9. Al fin y al cabo, los aficionados del Barça encuentran más placer estético en la jugada de conjunto que en el rematador. Cruyff lo explicaría mejor, claro. Lo resumiría en una sola frase y sonreiría, preguntándose si lo hemos entendido.
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