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El Tourmalet

El Caja Rural, de la tierra de la Volta al cielo del Tour

Tourmalet por Sergi López Egea

Tourmalet por Sergi López Egea / REDACCIÓN

Sergi López-Egea

Sergi López-Egea

Banyoles
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La tierra se llama Volta y el cielo se denomina Tour. Los martes y los viernes se sortea en toda Europa el euromillón. Acertar los cinco números y los dos complementarios es arte de magia, de lo contrario el continente estaría lleno de millonarios. Pero siempre está la puerta abierta a que toque una rifa tan grande como el sorteo europeo y, en ciclismo, el bombo de la suerte te lleva a correr el Tour, que es lo que le ha ocurrido este año al Caja Rural.

Si se citan los apellidos de Balderstone, Castellón, Berwick, Guardeño, Parra, Arriola y Darder (Sergi de nombre, por lo que siempre es más fácil identificarlo con otro deportista con la misma denominación) sólo los más metidos en el arte del ciclismo adivinarán, así de entrada, que se trata de ciclistas profesionales que, aunque no firmen los autógrafos y se hagan los ‘selfies’ de Pogacar, Vingegaard o Evenepoel, corren por sus mismas carreteras, entrenan lo que no está escrito entre una selva con tráfico y son tan profesionales como ellos aunque el salario que ingresan a lo largo del año no engorde la cuenta corriente ni permita pensar en inversiones o en una dulce jubilación a los 40.

Sin vivir en el extranjero

Tampoco tienen la necesidad de vivir en Andorra o Mónaco porque, la verdad, pocos impuestos se ahorrarían con el cambio de residencia. Viven en sus pueblos o ciudades y sus madres sufren igual que las de los grandes campeones tratando de creer que los hijos jamás se verán envueltos en una caída.

Casi siempre llegan en pelotones secundarios, aunque hay que ir muy rápido, aquí en la Volta o en julio en el Tour, para llegar a la meta pintada en una cumbre a 5 o 10 minutos de los Pogacar, Vingegaard y compañía.

Si alguien se acerca al autobús del Caja Rural, instalado en la salida de Figueres o en la llegada de Banyoles, lo encontrará no muy lejos de donde están aparcados los de las grandes escuadras, las que viven en la flor de presupuestos millonarios.

Tres ciclistas catalanes

No hay tantos aficionados a su alrededor y muchas veces cuando un chico o una chica, apasionados sin distinción de sexo, caza a uno de ellos es porque pasaba por allí y porque no hay manera de acercarse a Evenepoel y compañía, que parece que tengan cola en los asientos de los autobuses y no se puedan desenganchar hasta que llaman al zafarrancho de la salida.

Que Caja Rural dispute este año la Volta, que se presente con tres ciclistas catalanes en sus filas, algo que no sucede en otros equipos de la competencia, no deja de ser una noticia que entra en la normalidad, en lo habitual, en un terreno que conocen para hacer lo que realizan de maravilla: colarse en escapada y gozar de minutos de gloria, como siempre acostumbra a decir Pedro Delgado en televisión.

Hacia la ronda francesa

Pero que se apunten este año al Tour, ¡ah! esto ya es otro cantar, eso es el premio del euromillón sin necesidad de acertar un solo número. Y que, además, la bendición de ASO (la empresa propietaria de la carrera) haya sido producto de una invitación aumenta todavía más el ánimo y la satisfacción de un equipo de alma navarra y que en otros tiempos ya disputó la ronda francesa cuando Marino Lejarreta era su mayor reclamo ciclista.

Si ahora se les ve fugados en la Volta, sucederá igual en el Tour, aunque sepan que llegar a meta por delante del pelotón será misión imposible, pero se ganarán el aplauso y el derecho a recibir el calor de los micrófonos de las radios y la televisión cuando crucen la línea de llegada aunque sea a distancia de los que lucharán por un jersey amarillo que supuestamente siempre vestirá el mismo general.

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