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El mito de Cruyff pervive diez años después de su muerte

El astro neerlandés marcó una época como futbolista y entrenador en el fútbol mundial al diseñar un estilo de juego que se copia en todo el mundo

La Masia es el mayor legado deportivo que ha dejado: creó los fundamentos de una escuela que sigue dando frutos al Barça

MULTIMEDIA: Los 14 momentos que marcaron la leyenda de Cruyff

Joan Domènech

Joan Domènech

Barcelona
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Dícese del cruyffismo que es la corriente futbolística que sigue la doctrina de Johan Cruyff (Amsterdam, 25 de abril de 1947, Barcelona, 24 de marzo de 2016). Uno de los cinco mejores futbolistas de todos los tiempos, el único de todos ellos que causó un impacto similar al ejercer de entrenador.

La dimensión de una figura está directamente relacionada con la perdurabilidad de su recuerdo o la vigencia de sus principios, y los de Hendrik Johannes Cruyff permanecen duraderos. Aunque ya no esté él para alimentarlos con frases que se han convertido en aforismos. Lo hacen otros. Apóstoles que le siguieron -la inmensa mayoría de los jugadores que tuvo en el Barça han sido o son entrenadores-, siendo el más destacado de todos ellos Pep Guardiola, quien se ha encargado de modernizar preceptos que no solo han desaparecido, sino que se van copiando por el mundo.

Johan Cruyff durante un partido en el Camp Nou

Johan Cruyff durante un partido en el Camp Nou / JORDI COTRINA / EPC_EXTERNAS

Cruyff, como Alfredo di Stéfano, Pelé, Diego Maradona y Lionel Messi, fue grande por sus genialidades sobre el terreno de juego y la recolección de un palmarés de títulos apabullante. Pero una vez retirado, y a diferencia de los demás -Messi está por ver qué será de mayor-, amplió sus éxitos cuando se convirtió en entrenador. No sólo conquistó títulos, sino que la filosofía de juego marcó una época. Que no ha terminado. Es un legado eterno.

La rebeldía frente al poder

Fue mucho más que una moda que se extingue. El cruyffismo futbolístico ha superado ya las pruebas ratificadoras de los resultados; en cualquier caso, estuvo en duda en sus albores. Primero en el Ajax, un territorio hogareño; a continuación en el Barça convulso de 1988.

Josep Lluís Núñez recurrió a él para salvar su mandato. A los diez años de su presidencia, que había empezado con el despido del Cruyff jugador, se entregaba al Cruyff entrenador. Núñez sólo había celebrado una Liga y el vestuario se le había amotinado y pidió su renuncia al cargo. La convivencia se transformó en una manifiesta incompatibilidad. Una de las derivadas del cruyffismo en contraposición al nuñismo.

José Ramón Alesanco, Josep Lluís Núñez y Johan Cruyff, en 1992 al regreso de Wembley.

José Ramón Alesanco, Josep Lluís Núñez y Johan Cruyff, en 1992 al regreso de Wembley. / JORDI COTRINA / EPC

La rebeldía frente al poder establecido. La insumisión que ya exhibió en 1973 cuando el Ajax quería traspasarle al Real Madrid, que ofrecía el doble de dinero, y él amenazó con retirarse si no le dejaban firmar por el Barça. La firmeza ante los pitos del público a José Ramón Alexanco, uno de los capitanes de la plantilla en el motín del Hesperia en la presentación del equipo en 1988, y al que mantuvo a su lado incluso después de retirarse. A Johan le encantaba el desafío. Con Núñez las trifulcas fueron constantes.

Johan amenazó con retirarse si el Ajax le traspasaba al Real Madrid, que ofrecía el doble de dinero, y no al Barça, como él deseaba.

Johan Cruyff, al término del pase del documental 'L'últim partit', con motivo de los 40 años de la llegada del jugador neerlandés a Catalunya.

Johan Cruyff, al término del pase del documental 'L'últim partit', con motivo de los 40 años de la llegada del jugador neerlandés a Catalunya. / JORDI COTRINA / EPC

Núñez despidió al Cruyff jugador y, diez años después, desesperado, fichó al Cruyff entrenador, con quien tuvo constantes trifulcas

“Es una figura clave en la historia del Barça y del fútbol mundial”, afirma Josep Maria Minguella, que le trató en todas las vertientes posibles. El renombrado agente de futbolistas fue en los setenta ayudante y traductor de Vic Buckingham, entrenador del Barça, pero descubridor y padrino de Cruyff al promover su debut en el Ajax a los 17 años. Fue la mano derecha de Rinus Michels, neerlandés y sucesor de Buckingham en el Ajax y en el Barça, que le encargó que se convirtiera en el asistente de Cruyff a su llegada a Barcelona.

Johan Cruyff y Franz Beckenbauer, en la final del Mundial-74 entre Países Bajos y Alemania en el estadio Olímpico de Múnich.

Johan Cruyff y Franz Beckenbauer, en la final del Mundial-74 entre Países Bajos y Alemania en el estadio Olímpico de Múnich. / Staff / EFE

Josep Maria Minguella fue el asistente de Johan cuando llegó en 1973; había sido ayudante de Vic Buckingham, el descubridor del futbolista en Amsterdam, y de Marinus Michels, el entrenador que pidió su fichaje para el Barça.

"Un tío de calle"

El mejor jugador del mundo y el traspaso más caro hasta entonces del fútbol, volaba desde la moderna Holanda a la España de la dictadura con dos hijas, pelo largo y cadenas y pulseras. Minguella acabó sentándose en el otro lado de la mesa con el Cruyff entrenador a la hora de negociar los contratos de sus representados.

“Siempre tuvimos una relación muy cercana, muy franca y muy leal”, subraya. Duró 50 años, hasta la muerte de Johan, y puede hablar del futbolista -”podía jugar en cualquier posición del campo”-, del entrenador -”modernizó los entrenamientos con la disputa de partidos reducidos en zonas más pequeñas para que todos cambiaran supieran cambiar inmediatamente su rol de defender y atacar”- y la persona: “Era un tío de calle, muy sencillo, nada sofisticado”.

Hugo Sotil, Marcial Pina y Johan Cruyff, en un desplazamiento del Barça en la campaña 1973-74.

Hugo Sotil, Marcial Pina y Johan Cruyff, en un desplazamiento del Barça en la campaña 1973-74. / Archivo

Carecía de formación académica, pero le sobraba formación vital. Huérfano desde los 12 años, trabajó para ayudar a la familia hasta que sus dotes le convirtieron en el jugador más grande los Países Bajos, cuyo nombre identifica el estadio del Ajax y la Supercopa neerlandesa.

Jesua Angoy, nieto de Johan Cruyff, Joan Laporta y Sushila Cruyff, hija de Johan, posando junto a la placa de la primera calle en el mundo dedicada en Vallfogona de Riucorb.

Jesua Angoy, nieto de Johan Cruyff, Joan Laporta y Sushila Cruyff, hija de Johan, posando junto a la placa de la primera calle en el mundo dedicada en Vallfogona de Riucorb. / JORDI COTRINA / Delegaciones

El primer sindicalista

“Él fue el primer sindicalista del fútbol. Con 22 años logró que los jugadores cedieran el 5% de su salario para un fondo destinado a exfutbolistas con apuros económicos o jubilados”, explica Joan Patsy, fiel amigo desde que la mañana de Reyes de 1986 viajara a Amsterdam, enviado por El Periódico de Catalunya, para entrevistar a su ídolo de la niñez y la sólida perspectiva de que acabara siendo entrenador del Barça. Núñez tardó cuatro meses en llamarle. Patsy ya había volado varias veces a verle antes.

A Cruyff le nombraron capitán en el Ajax sin ser, ni mucho menos, de los más antigos de la plantilla, y lo mismo sucedió en el Barça. Al año siguiente de irrumpir de azulgrana, y líder del equipo campeón de 1974, 14 años después de la última Liga, le cedieron el brazalete. Para que negociara las primas con Agustí Montal; para que les gestionara seguros contra las lesiones.

Fue el primer futbolista sindicalista de su país, al promover, con 22 años, un fondo solidario reservado para exjugadores retirados o con problemas económicos

La plantilla del Barça que conquistó la Copa de Europa de 1992 en un homenaje del colectivo Amics de Johan al cumplirse los 30 años del éxito de Wembley.

La plantilla del Barça que conquistó la Copa de Europa de 1992 en un homenaje del colectivo Amics de Johan al cumplirse los 30 años del éxito de Wembley. / JORDI COTRINA / EPC

La amenaza del Mundial-74

Ese carisma entre sus iguales derivó en un indiscutible liderazgo al convertirse en entrenador. “El puto jefe”, como diría Pep Guardiola. “Cada entrenamiento era una lección”, añade Òscar Garcia Junyent, que hoy vive tan impregnado de cruyffismo que es el entrenador del Ajax tras haber sido discípulo suyo en el Barça, y ayudante en la selección catalana. “Nadie tuvo cojones para preguntarle por qué no juego”, susurra un exdiscípulo, que nunca se lo preguntó. No tanto por el miedo que infundía Cruyff, “sino por el miedo de la respuesta que te podía dar”.

Patsy recuerda las veces que amenazó a Núñez con irse del Barça cuando el presidente llamaba a El Periódico y a TV3 luego para pedir la cabeza del periodista. En 1974, se negaba a ir al Mundial de Alemania que le consagraría porque él vestía con la firma Puma y Adidas era la patrocinadora de la selección. Su camiseta era la única que tenía las dos bandas en la manga y no las tres de la marca. Con el Ajax había impuesto que luciría el 14 cuando los equipos jugaban con la numeración del 1 al 11.

Bakero se abraza a Cruyff en el homenaje al Dream Team que se tributó en el Camp Nu en marzo de 1999.

Bakero se abraza a Cruyff en el homenaje al Dream Team que se tributó en el Camp Nou en marzo de 1999. / JORDI COTRINA / NEGATIVO

El legado de La Masia

Pero todo eso fue posible porque su calidad le convirtió en un líder y ese poderío lo convirtió en firmeza para defender sus postulados, fueran deportivos o civiles.

Cruyff reinterpretó el fútbol total de Holanda de los 70 en el juego de posición que ha pervivido desde los 80 hasta hoy. El legado definitivo, además de la identidad futbolística que reconoce Hansi Flick en el Barça -”ya sé que es tan importante el ganar como la manera de ganar”, asume el técnico alemán- es La Masia. El árbol que plantó sigue dando frutos. De Amor, Guardiola, Sergi a Cubarsí, Bernal, Casadó y Lamine Yamal.

Johan Cruyff fotografiado sobre un balón sobre el hoyo 18 del campo de golf de El Muntanya.

Johan Cruyff fotografiado sobre un balón sobre el hoyo 18 del campo de golf de El Muntanya. / Bcn

Una filosofía de vida

Para muchos de sus allegados, el cruyffismo ha acabado siendo una filosofía de vida. Al astro neerlandés le enervaba el victimismo de los catalanes, que ayudó a cambiar, al menos el de los futboleros, pero no pudo cambiar -a tanto no llegó- que la celebración nacional sea la derrota del 11 de septiembre de 1714.

La obstinación que tanto enervaba al poder era una sorprendente humanidad lejos de los focos. Las numerosas obras de caridad que hizo permanecerán secretas, ya que partían de una premisa: jamás podían llegar a conocerse. Una de las virtudes que le caracterizó, aprendida de la época que pasó en Estados Unidos tras abandonar el Barça en la etapa de futbolista.

Las numerosas obras de caridad que hizo permanecerán secretas, ya que partían de una premisa: jamás podían llegar a conocerse.

Dejó en vida la Cruyff Foundation, que promueve la práctica del deporte para niños con necesidades especiales, y el Johan Cruyff Institute, un programa de formación de estudios para deportistas. “Lo único que no puedo arruinar es mi nombre, es lo que tengo para toda la vida”, dijo. Y después de ella.

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