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Fútbol

¿El cruyffismo tiene vigencia en la pizarra? Del extremismo de Flick al jugador intercambiable de Kompany

Flick se ha declarado un entrenador profundamente cruyffista. El Dream Team, inspira al alemán. Tiene gusto por lo extremo, en su caso usando el fuera de juego como motor para sacar ventajas. Flick, como Johan, parte de una misma premisa: divertirse y llevar las virtudes a una consumación total.

Johan Cruyff junto a Carles Rexach en un partido de pretemporada en Holanda

Johan Cruyff junto a Carles Rexach en un partido de pretemporada en Holanda / JORDI COTRINA

Albert Blaya

Albert Blaya

Barcelona
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Cuando Hansi Flick llegó al FC Barcelona el presidente Joan Laporta le entregó una carta. Aquel regalo, en palabras del alemán, se centraba sobre todo en el papel fundacional de Cruyff y en el sello distintivo que dejó el neerlandés a la entidad, y de rebote y por extensión, al resto del fútbol. Pero es difícil seguirle el rastro porque Johan no fue Platón, sino Sócrates, y su genio no quedó estructurado y escrito por él mismo, sino en boca de otros, a modo de axiomas que en su boca sonaban categóricamente certeros y en la de los demás, a lo sumo, frases mal construidas. El cruyffismo, diez años después de su muerte, es una doctrina que nació de la inspiración de quién ve el fútbol sin fronteras y desde una cumbre. Incopiable.

Su fútbol estaba hecho de aforismos que siempre contenían la verdad. Su primer año fue rígido y extremadamente duro, pues trató de que cada jugador entendiese qué papel jugaba en ese sistema. Los jugadores no debían moverse mucho, sino entender la posición. Por eso explicó tras su debut que el mejor había sido Txiki, para sorpresa de todos, pues el extremo había abierto el campo sin apenas tocar el balón y, según el neerlandés, «el único que me ha hecho caso». ¿Les suena de algo?

Lillo y Pedro Rodríguez

Años después, en 2011, Juanma Lillo explicaba ante el mundo que Pedro Rodríguez había sido la clave de la final de la Champions League en un equipo que tuvo a Xavi y Messi en trance. Sonaba a blasfemia. Pero Juanma aplicaba la mirada de Cruyff. Pedro, en aquello de abrir el campo y no moverse si no era correspondiente, era un elegido, y según aquella mirada eran esos conceptos los que daban espacio y tiempo a los mejores, que jugaban por dentro. Esa obsesión enfermiza de Johan por automatizar unas ideas, y que después permitiesen al jugador interpretar en base a ellas, llevó conceptos como la amplitud o el jugar a pocos toques a otro nivel de relevancia, como poniendo en el centro del debate futbolístico, y de forma perenne, sus ideas.

Hansi Flick observa a Lamine Yamal.

Hansi Flick observa a Lamine Yamal. / JORDI COTRINA

Hansi Flick se ha declarado un entrenador profundamente cruyffista. Sus partidos y el Dream Team, inspiran al alemán. Y hay un nexo en ambos. Cruyff defendía de una forma atípica, con muy pocos efectivos en última línea, algo que en aquella época era contracultural, pues hasta el 92 no había cesiones y no tenía sentido presionar al portero. Había quiénes dudaban de aquel sistema, poniendo a jugadores más ofensivos y de buen pie a cerrar atrás. La lógica de Johan es la de una mente preclara, que anticipa.

El fuera de juego

Flick tiene ese gusto por lo extremo, en su caso usando el fuera de juego semiautomático como motor, situando la línea no solo muy arriba, sino buscando provocar los fueras de juego a modo de ventaja. ¿Cuántas veces se ha cuestionado el fuera de juego como interruptor de los malos partidos? Flick, como Johan en su momento, parte de una misma premisa: divertirse y llevar las virtudes a una consumación total. ¿Si mis defensas no son buenos en el área y mis centrocampistas no saben defender centros, por qué tengo que enseñarles esto? No lo dijo Hansi, pero si Johan hablase en boca suya, hablaría así.

Vincent Kompany, técnico del Bayern.

Vincent Kompany, técnico del Bayern. / ANNA SZILAGYI / EFE

Se ve en Vincent Kompany y su Bayern. El belga declaró ser un fan de Johan y estudiarle a fondo y su equipo abraza un concepto clave de Cruyff: el jugador intercambiable. Johan cambiaba a los futbolistas de zona, incluso si antes no habían pisado nunca esa posición, por pura lógica de genio, convencido que el futbolista resolvería el problema a su manera, sin necesitarle salvo para dudas concretas. Era un mentor. Kompany abraza ese fútbol expansivo pero estudiado, de intercambios, de jugadores permeables y posiciones que se vacían para ser ocupadas por otro futbolista, en ese juego infinito de pases que Cruyff soñaba.

El cruyffismo sigue vivo de una forma mucho más cultural y vivencial que táctica. Ser cruyffista en 2026 no equivale tanto a los dogmas de Johan (amplitud, el 3-4-3), sino en la forma de percibir y sentir el juego. Aplicarlo está solo al alcance de quién nació sabiendo la verdad.

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