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Opinión | Apunte

Sergi Mas

Sergi Mas

Periodista

Verdades incómodas, por Sergi Mas

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Pablo Torre, defendido por Urko, el domingo en Son Moix.

Pablo Torre, defendido por Urko, el domingo en Son Moix. / EFE

No soy nadie para pedir nada, pero no malgastemos esfuerzos con protestas desde la grada ante al colectivo arbitral; eso solo conlleva que el trencilla se engorile y a las primeras de cambio nos pite otro penalti, dos, o cinco si hacen falta.

Escuchar a De Burgos Bengoetxea el audio del VAR decir: "¿Pero estás seguro de que le pega la patada? Eso no me vale. Con esas imágenes no lo tengo claro" y que el del VAR ni le responda implica el nivel de la justicia en este podrido negocio, el de un colectivo cagón que se mueve por egos, celos y dinero, y en el que es imposible que un árbitro aplique la misma resolución si los protagonistas son Madrid, Barça o Atlético. Imposible.

Poco a poco vamos descubriendo esta gran farsa llamada Liga, en la que hemos pasado de tener una herramienta que ayuda al árbitro en el caso de equivocarse, a que lo penalice y lo lleve a la nevera si la utiliza dos veces en un partido.

Proteger el ego

El exárbitro Estrada Fernández habló en La Grada Radio de las jerarquías entre los trencillas, cosa que explica que De Burgos prefirió hacer el ridículo y proteger su ego, antes que darle la razón al árbitro del VAR, que era de Segunda División. "Antes salvo mi culo que aplico la justicia", debió pensar. A De Burgos no le dio la gana reconocer que vio una patada en una jugada que ya la vio en vivo. Yo a eso le llamo comportamiento vomitivo. No se crean sus lágrimas cuando las veamos en una previa de una final de copa. Y menos metiendo en medio a su hijo.

Digo yo que algo haremos mal club, equipo y seguidores. Pues sí: el club mira para otro lado y deja cada semana a Manolo González en pelotas. Miren: si en 120 años de historia y 94 ediciones que cumple de la Liga, no hemos rascado ni un título y nuestra mejor clasificación histórica ha sido quedar en tercer lugar, en cuatro ocasiones, no lo haremos nunca. Lo del amor a los colores ya no cuela en este podrido negocio. Aspiremos tan solo a sobrevivir.

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