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Elecciones en el FC Barcelona

Joan Laporta, a por los 17 años en la presidencia del Barça: un candidato humano e imperfecto

Laporta domina el relato tanto como los límites de la semántica y es transparente. Su cara es el espejo de su alma.

Laporta cierra la campaña con una fiesta anticipada: "Soy presidente del Barça y lo seré hasta que me muera"

Joan Laporta, candidato a la presidencia del FC Barcelona en las elecciones del próximo domingo, observa desde el césped la gradería del Camp Nou todavía con grúas, mientras espera para hacerse la fotografía con el otro candidato, Víctor Font.

Joan Laporta, candidato a la presidencia del FC Barcelona en las elecciones del próximo domingo, observa desde el césped la gradería del Camp Nou todavía con grúas, mientras espera para hacerse la fotografía con el otro candidato, Víctor Font. / JORDI COTRINA / EPC_EXTERNAS

Joan Domènech

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Barcelona
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Si la cara es el espejo del alma, Joan Laporta no engaña. Transmite claramente si está contento o está enfadado, si escucha o desatiende. Y el expresidente pasa por todos los estados de ánimo a velocidad centrifugadora durante la campaña electoral. Pone a juicio ante 114.504 culés con derecho a voto la obra ejecutada durante cinco años y la confianza para continuarla y acabarla cinco años más, hasta 2031. Su credibilidad y su solvencia.

Si engaña, como le acusa Víctor Font a diario, lo hace a través de la palabra. La oratoria es una de las virtudes de Joan Laporta i Estruch (Barcelona, 29 de junio de 1962), como corresponde a un ilustre miembro del Colegio de Abogados de Barcelona -por el cargo de presidente del FC Barcelona, no tanto por una sobresaliente trayectoria como togado en la Ciutat de la Justicia- y la desmesura a la que le arrastra el Barça cuestiona la fiabilidad que deja en cuestión Font con un solo ejemplo.

La firma con New Era Visionary Group, anunciada con grandilocuencia por el club al definir al nuevo socio como líder mundial en conectividad e integraciones de infraestructuras, se ha descubierto con el tiempo que era un invento que sirvió para obtener un puñado de millones que permitieron la inscripción de Dani Olmo y Pau Víctor.

Laporta domina el relato tanto como los límites de la semántica, y con ella jugó cuando, al frente de un grupo de cuarentañeros, cerró la etapa del nuñismo frente a la que tanto combatió. En 2003 insinuó un acuerdo con el Manchester United para fichar a David Beckham, que ya estaba comprometido con el Real Madrid; en 2021 jugó la carta de su proximidad con Lionel Messi que le brindó la ventaja decisiva para imponerse a sus rivales. Entre tanto, acudió a la cita electoral de 2015 con la actitud del que se está aburriendo en el bufete de abogados, imprimió un tríptico y perdió, sin un nombre con el que arrimarse votos para batir a Josep Maria Bartomeu, al que sucedió seis años más tarde. Beckham vistió se blanco y Messi se marchó a París al acabar el contrato.   

Joan Laporta, candidato a la presidencia del FC Barcelona en las elecciones del próximo domingo, espera en el Camp Nou para hacerse la fotografía con el otro candidato, Víctor Font.

Joan Laporta, candidato a la presidencia del FC Barcelona en las elecciones del próximo domingo, espera en el Camp Nou para hacerse la fotografía con el otro candidato, Víctor Font. / JORDI COTRINA / EPC_EXTERNAS

Resucitar al Barça

A Laporta se le encomendó en 2021 que resucitara al Barça. Los socios le vieron el más capacitado para acometer un ejercicio de supervivencia, semejante al que practicó en 2003 para rescatar al club del estado de miseria económica, moral y futbolística en que lo dejó Joan Gaspart. Era el único de aquellos osados que volvió a atreverse a heredar la enferma entidad que no supo sanar Bartomeu después de la pandemia. Dos momentos que requerían valentía, audacia y determinación para hallar y aplicar las soluciones y para soportar la carga de erosión que iba a sufrir. No hace falta recordar el bombardeo constante de una campaña que duró años que sostuvo un sector mediático para destronarle durante el primer mandato, hasta que ha acabado aliándose con él en el segundo.

El Barça es lo más importante de lo menos importante para millones de culés (y que cada cual establezca el orden de sus prioridades), y Laporta cumple el aforismo que se atribuye al escritor uruguayo Eduardo Galeano. El sujeto original era el fútbol y no el Barça. Seguramente piensa igual Víctor Font, que no ha sabido inocular entre los culés una corriente semejante al laportismo, humana e imperfecta.

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