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Juan Pablo Mitjans, hijo del arquitecto del Camp Nou: "El estadio ha perdido elegancia respecto al proyecto inicial"
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Retratos a Juan Pablo Mitjans, hijo de Francesc Mitjans, primer arquitecto del Camp Nou. / Zowy Voeten / EPC

Juan Pablo Mitjans creció bajo la influencia de su padre, el arquitecto Francesc Mitjans, autor del proyecto originario del Camp Nou, inaugurado el 24 de septiembre de 1957. También arquitecto, Juan Pablo formó parte del equipo técnico de algunas de las reformas posteriores que se fueron llevando a cabo en el templo culé desde 1980 hasta 2003. Ahora, tras unos años ya alejado del club y con la reapertura completa de la segunda gradería a punto de tener lugar este domingo en el partido frente al Sevilla, atiende a EL PERIÓDICO para valorar el resultado de las obras.
¿Ha visto ya los resultados de las obras?
Desde dentro no. Ayer pasé por delante y anteriormente, cuando excavaron y se veían los cimientos hice una visita. Todavía no se puede ver el resultado porque la obra no ha terminado, pero ya se empiezan a ver cosas. Si me invitan iré encantado a verlo.
¿Y qué le parece lo que ha visto?
Me ha decepcionado un poco. El proyecto ganador de Nikken y Pascual, para mí, era modélico, muy elegante. Yo estaba convencido de que iba a ser un éxito. Además, participé en el jurado porque el club me invitó a formar parte. Nos pasó algo curioso: todos vimos enseguida que aquel proyecto era muy diferente al resto, nos gustó mucho. Tenía una sección muy elegante y eso, por el camino, se ha ido perdiendo. No sé exactamente por qué. A veces los proyectos evolucionan y dejan de ser lo mismo.
¿Ha perdido fuerza respecto a la idea inicial?
Sí. Y, además, para mí hay demasiado color. Esto de pintar los edificios con los colores de la camiseta me parece excesivo. Dentro lo entiendo, porque el espacio, el escenario, es la grada, y tiene sentido que los asientos remitan a los colores del club. Pero por fuera del edificio, una cosa es un detalle, una bandera, y otra muy distinta es cargarlo todo de color. Ya sé que a mucha gente le gusta, pero a mí no. El día que los socios se pinten el Audi de azulgrana empezaremos a valorarlo; mientras tanto, no.
La fachada se ha presentado como algo muy moderno, sostenible, más abierta y transparente hacia el exterior. ¿Eso cómo lo valora?
Muy bien. Una de las cosas que aprendí viviendo este concurso y también el del 2007, el que organizó Laporta y ganó Foster, es que esa manía de hacer estadios como volúmenes cerrados, donde todo se basa en la iluminación o en una piel efectista, no me gusta. Esto otro me parece más mediterráneo. Sigue un poco el camino que se trazó en 1957 y, en ese sentido, me parece bien.
¿Considera que es un proyecto continuista con la obra de su padre?
Aquí hay dos cuestiones. Teóricamente, se ha mantenido la estructura de la segunda gradería, y eso sería un punto de continuidad. Se dieron cuenta de que, pese al paso del tiempo, la segunda grada tenía un buen diseño y no tenía sentido derribarla. Además, el estadio tenía protección arquitectónica. De hecho, a mí me pidieron revisar la ficha de Patrimoni, y yo defendí que lo que realmente tenía valor era la segunda grada. La primera ya no era original y la tercera, honestamente, tampoco tenía ya ese valor arquitectónico. El proyecto de los años 50, el que luego se inauguró en 1957, era en realidad una primera fase de un proyecto que ya contemplaba las tres gradas. Cuando en los años 80 se hizo la ampliación, se trabajó sobre la base de ese proyecto inicial. La tercera grada que se hizo en los 80 se parecía bastante a lo previsto, aunque no era exactamente igual. Seguía la lógica de lo anterior. Hubo un momento en que, como tuvo mucho éxito la contratación de localidades, se planteó ampliar la tribuna. El club se dirigió entonces a los arquitectos que ya habían hecho el proyecto para que redactaran el proyecto de ejecución. Pero el coste era muy elevado, surgieron problemas con el Ayuntamiento y, además, ciertos resultados deportivos enfriaron aquella fiebre por ampliar. Al final se dejó correr.
¿Cómo surgió la idea inicial?
El Camp Nou del 57 fue el resultado de una investigación exhaustiva. Mi padre no tenía experiencia previa en estadios, pero era una persona muy inteligente, muy estudiosa y muy buen arquitecto. Se lo trabajó a fondo. En la ampliación de los 80, en cambio, habían pasado 25 años y el entorno del fútbol había cambiado muchísimo.

Retratos a Juan Pablo Mitjans, hijo de Francesc Mitjans, primer arquitecto del Camp Nou. Foto: Zowy Voeten / El Periódico / Zowy Voeten / EPC
¿Diría entonces que el diseño de su padre ha envejecido bien?
Sí, pero hay que distinguir. Una cosa es el envejecimiento del material y otra la validez del diseño. Es curioso, por ejemplo, que el hormigón de la tercera grada ha envejecido peor que el de la segunda. Pero eso se puede reparar. Otra cosa es que, con los años, al estadio se le fueron añadiendo elementos que no estaban previstos.
¿Usted ha participado en esas reformas?
Desde 1980 hasta 2003 trabajé para el FC Barcelona y participé en prácticamente todas las obras que se hicieron en el campo: palcos, marcadores, adaptaciones varias… Al principio como uno más del equipo; luego, cuando fueron falleciendo los demás, acabé quedándome yo solo. Lo que ocurría es que el estadio era perfecto para las necesidades de su tiempo, pero luego llegó la televisión, las cámaras detrás de la portería, nuevos usos, nuevas exigencias… Todo eso obligó a ir añadiendo piezas. Las cámaras molestaban, los espacios se adaptaban como se podía. Esa acumulación ha envejecido mal y fue deteriorando la claridad de la grada inicial.
Antes decía que le ha decepcionado un poco el resultado respecto al proyecto que vio.
Sí. Aquel proyecto tenía una imagen muy elegante. Más que un volumen, era una sucesión de plataformas con mucha profundidad, y la sección era muy buena. Ahora, en cambio, el ángulo ha cambiado totalmente: aparecen pavimentos claros y una especie de fachada inclinada que penetra. Sí, se mantienen algunos ángulos, pero el conjunto ha perdido elegancia.
¿Cree que a su padre tampoco le habría gustado?
No habría tolerado la coloraina, eso seguro. Ya tuvimos problemas en su día con el tema de los asientos, y por fuera menos aún. Para él eso no tocaba. Entendía el color como algo muy puntual, no como un recubrimiento del edificio.
¿Y más allá del color?
El proyecto ganador del concurso sí le habría gustado, sin duda. Y la realidad final le parecería menos elegante, pero tampoco la criticaría con dureza. Al final lo entendería como arquitectura y acabaría interesándose. Otra cosa es que a él no le interesaban demasiado los partidos. De hecho, la última vez que estuvo en el campo ya se aburría de estar allí sentado.
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