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Girona - Athletic (3-0)

Un Girona extraordinario resiste y golea al frustrado Athletic de Valverde

Los goles de Rincón, Ounahi y Echeverri conceden el triunfo a los de Míchel, que agradecieron las paradas de Gazzaniga

Ounahi celebra su tanto en la goleada del Girona frente al Athletic en Montilivi.

Ounahi celebra su tanto en la goleada del Girona frente al Athletic en Montilivi. / Siu Wu / Efe

Marc Brugués

Girona
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Montilivi sonríe y respira después de la victoria del Girona este sábado contra el Athletic. En un día cargado de emociones fuertes, los de Míchel han superado al Athletic en un partido muy completo en el que el equipo ha firmado buenos minutos de fútbol, ha sabido sufrir y resistir, gracias a un inmenso Gazzaniga, para rematarlo al final con dos goles de Ounahi y Echeverri. Una victoria trabajadísima que al final ha acabado siendo plácida para acercar al Girona al objetivo de la salvación. El 1-0 de Rincón nada más empezar encarriló mucho un duelo en el que los de Míchel tuvieron que remar y achicar mucha agua en la segunda parte, hasta que aparecieron el marroquí y el argentino para sentenciar y dar una victoria clave y contundente. Hoy no hubo susto de última hora y Montilivi celebró una alegría que confirma que no hay que sufrir.

El empate en Valencia contra el Levante evitó un tropiezo grave y dejó todo igual. A la vez, supuso también otra oportunidad perdida de escaparse, casi definitivamente, del peligro y pasar un tramo final de temporada tranquilo. A partir de ahí, tocaba seguir pedaleando y la siguiente etapa era contra el Athletic en Montilivi. Un partido para confirmar unas buenas sensaciones que el equipo no acaba de saber transformar en puntos, ya sea por goles en el añadido, resbalones o penaltis fallados. Para intentar sumar los tres puntos, Míchel se decantó por Francés para ocupar el enorme vacío dejado por el sancionado Vitor Reis y por Joel Roca, que se ganó el derecho a ser titular después de ser el gran protagonista en Valencia. La otra novedad, la más esperada, fue la entrada de Ounahi en lugar de Lemar, con molestias.

No podía entrar mejor el Girona al partido. Ganó los primeros duelos en defensa y, en la primera aproximación al área visitante, zas. Sin una ocasión clara de gol, Rincón enganchó con la derecha un misil que entró pegado a la base del palo derecho de Unai Simón. Montilivi saltaba de alegría nada más empezar. Y lo hacía satisfecho viendo la agresividad de los suyos a la hora de buscar la espalda de la defensa tan adelantada del Athletic. Joel Roca le ganaba la partida a Gorosabel y, por ahí, combinando con Ounahi, los de Míchel generaban sensación de peligro. Solo sensación, porque ocasiones claras tampoco se verían demasiadas en una primera parte en la que, hasta el tramo final, Vanat no volvería a rematar a portería tras una buena acción entre Beltrán y Witsel que Vanat no acertó a culminar.

Lucidez

Dinámico y lúcido con el balón, el Girona tampoco sufría cuando atacaba el Athletic. Porque también lo intentarían, claro, los vascos, con muchos jugadores en campo contrario, pero sin acercarse con claridad al gol. Y cuando lo hacían, Francés y sobre todo Blind despejaban todo el peligro. Se llegaba al descanso con ventaja en el marcador, lo más importante, pero también con la sensación de estar haciendo un buen partido al que solo se le habría podido pedir un segundo gol antes del descanso.

Valverde cambió por completo la banda derecha para dar entrada a Areso y Guruzeta en lugar de Gorosabel y Navarro. Se notó enseguida y el Athletic empezó a pisar área y a crear peligro de verdad. Y así, tuvo que aparecer Gazzaniga para salvar con el pie un remate a bocajarro de Guruzeta después de un mal rechace de Arnau.

El Girona sufría y Ounahi intentó poner remedio con dos genialidades desde fuera del área. El partido, sin embargo, era del Athletic, que había incrementado el asedio. Y de qué manera... Porque si Gazzaniga había salvado un gol, volvería a hacerlo no una sino dos veces más con paradas magníficas a Laporte primero y a Guruzeta después.

Y con el equipo achicando agua como podía, pasó lo mejor que le podía pasar. A trompicones, Echeverri consiguió enviar el balón a Ounahi en un contragolpe para que el marroquí superara a Simón y llevara la tranquilidad a Montilivi. El Athletic había bajado los brazos, pero por si alguien aún sufría, Echeverri se encargó de instalar la calma, y la alegría definitiva en el estadio, con el tercer gol de una tarde redonda.

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