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Maratón de Barcelona

Txema Morales, la liebre que rinde homenaje a su padre cada vez que corre la maratón: “Fue como una catarsis”

Este domingo se celebra la 48ª edición del Maratón de Barcelona y Morales volverá a correr como guía para aquellos que quieran terminarla en 3 horas y 45 minutos

Txema, haciendo de liebre en la maratón de Barcelona.

Txema, haciendo de liebre en la maratón de Barcelona. / EP

Giacomo Leoni Amat

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Txema Morales (55 años, Barcelona) ha participado en muchas maratones desde que se aventurara a correr la primera en 2008, pero no sigue la cuenta. A pesar de ser liebre de la maratón de Barcelona desde 2021, para él lo más importante no son los tiempos ni las estadísticas, sino seguir rindiéndole homenaje a esa primera maratón que hizo con 38 años, dos meses más tarde de que muriera su padre: “Era la manera de pasar el duelo que tenía ese momento”. Haber participado en hasta 16 ediciones de la maratón de Barcelona significa mucho para Txema, pues además de haberlas finalizado todas, el poder ejercer como pacer lo considera el "orgullo deportivo más grande de todos los logros competitivos," por ser la ciudad donde siempre ha vivido y que "siente dentro".

Cada año Txema se presenta en la línea de salida para volver a demostrarse a si mismo de lo que es capaz. Empezó a correr cuando era adolescente y se adentró en el mundo del triatlón sobre los 30 años, pero no fue hasta el fallecimiento de su padre cuando decidió “hacer algo diferente”. Ya había completado medias maratones, pero nunca le habían llamado demasiado la atención los 42 kilómetros de recorrido. Fue entonces cuando se apuntó a la maratón de Barcelona, su ciudad natal, a pesar de no tener tiempo para prepararla. Las emociones hicieron que se lanzara de lleno a por un reto mayúsculo al que nuca antes se había enfrentado y que terminó siendo muy emotivo: “Recuerdo pasar por el kilómetro 22 y pensar que nunca había corrido tanta distancia, cada kilómetro era un logro, una consecución.”

Txema haciendo de liebre en Barcelona.

Txema haciendo de liebre en Barcelona. / EP

Cruzar la meta fue una experiencia terapéutica para Txema, un instante en el que culminaron todas las emociones que había vivido en los últimos dos meses desde la muerte de su padre: “Me derrumbé completamente y empecé a llorar, fue como una catarsis”. Desde entonces no ha querido perderse ninguna edición de la maratón de Barcelona: “A partir de ese momento, lo que quería era rendir un homenaje continuo a esa maratón e intentar bajar tiempo.” En 2015, con el objetivo marcado de terminar la carrera por debajo de las tres horas, algo que se había quedado a nueve segundos de lograr el año anterior, volvió a cruzarse en su camino otro “momento muy emotivo”. Una semana antes de la maratón, recibe una llamada que llevaba mucho tiempo esperando. Su hijo de 16 años con insuficiencia renal crónica podrá someterse a un trasplante de riñón.  

Txema había entrenado durante muchos meses para superar su récord personal, pero debía acudir al hospital para estar con su hijo durante la operación y el tiempo que iba a estar ingresado: “Después de que la operación fuera bien y se estabilizó en la UCI le dije a mi entrenador que quería hacer la maratón, por mi hijo”. Finalmente fue, y rompió su marca por la que tanto se había esforzado en mejorar, pero eso ya no era importante para él: “Cada kilómetro pensaba en volver al hospital con mi hijo.” Al terminar la carrera, no se colgó la medalla del cuello: “Le pedí a la voluntaria que me la entregase en la mano. Tal y como la cogí me fui directamente al hospital y le entregué la medalla a mi hijo.”

Txema en el hospital con su hijo, 2015.

Txema en el hospital con su hijo, 2015. / EP

Su mentalidad ha cambiado desde entonces, pues ya no piensa en superar su marca ni en competir, y desde 2021 se dedica a guiar los corredores con menos experiencia: “Me encanta, es brutal, alucinante, es una experiencia continua". Después de unos años como liebre en la media maratón, consiguió entrar en el grupo de pacers oficiales del gran recorrido de Barcelona. Por grupos de cinco, las liebres marcan el ritmo necesario para terminar la carrera en un cierto tiempo: “Hay uno cada cuarto de hora, desde las 2:45 hasta las 4:30.” Llevan la equipación oficial y unas banderolas que marcan el tiempo. En el caso de Morales actúa de guía para los que quieran acabar la maratón en 3 horas y 45 minutos: “Los corredores te tienen de referencia y les vas dando indicaciones, avisándoles sobre los avituallamientos, animando”. Para Txema, esta es la última etapa de su trayectoria como corredor: “Mi retirada será como liebre de la maratón de Barcelona porque me llena muchísimo.”

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