CHAMPIONS LEAGUE
Cita en Newcastle: el encanto del Barça de Flick frente al estruendo electoral
El equipo azulgrana busca pavimentar la clasificación para cuartos de final en la ida de Inglaterra al tiempo que trata de abstraerse del ambiente contaminado de los comicios presidenciales

Hansi Flick, en el entrenamiento del Barcelona de este lunes en Newcastle. / ADAM VAUGHAN / EFE

Entre el estruendo electoral se abre paso el fútbol, la esencia del club. Newcastle, con sus hoteles como castillos de Harry Potter y su lejanía de los polos mediáticos, más al norte que ninguna otra ciudad de Inglaterra, se convierte en un emplazamiento idóneo para abstraerse del ruido de navajas que impregna la pugna por ocupar la zona noble del Camp Nou.
La directiva actual, la que aparenta que gobierna y la que controla por los canales subterráneos, quiso enclaustrar las elecciones en medio de la competición, en lugar de aguardar al balance de final de temporada, y la estrategia apunta a rentable. Aquí viene el equipo de Hansi Flick, con su encanto inalterable, para atraer el foco social en la competición más sexy y que más se resiste. Aguarda el partido en un enclave sacado de un cuento de hadas, aislado, bucólico y de aire puro.

Lamine Yamal, con sus compañeros, en un entrenamiento el lunes en Newcastle. / SCOTT HEPPELL / AFP
A estas alturas, el Barça de Flick juega para sí y las emociones, con un impacto electoral ya definido. Difícilmente el resultado de Saint James Park alterará percepciones y votos. Juega para avanzar en un camino de la Champions que converge en Budapest, más amplio y menos rocoso que otros años. El Newcastle, en principio, es más una colina que una montaña escarpada.
Es un equipo el de las urracas que flota por media tabla de la Premier, que corre y pelea, pero sin estrellas ni artistas, pese a la propiedad saudí, más rácana de lo esperado. Disputar los octavos de final ya sacia sus expectativas. Es la primera vez en su historia que juega una eliminatoria de Champions. Aunque Eddie Howe, el técnico inglés, pidió más. "Este enfrenamiento contra el Barcelona es el más grande de la historia del club. No queremos desperdiciar esta oportunidad. Quizá no la volvemos a tener nunca más", comentó.
El Barça ya tumbó al Newcastle en el atronador Saint James Park en septiembre, en la primera fase, con dos goles de Marcus Rashford (1-2), el segundo de un disparo memorable. Una noche que se sacó adelante sin Lamine Yamal. Pero Flick no toma como referencia tanto ese encuentro como la ida de Copa ante el Atlético.

Hansi Flick asiste a la rueda de prensa previa al partido del Barça contra el Newcastle en octavos de la Champions. / SCOTT HEPPELL / AFP
Ahí sus jugadores hicieron todo lo que no debían hacer. Les condenó para la semifinal. Que no ocurra lo mismo en la Champions. "Hemos hablado de forma muy honesta sobre ese partido. No defendimos como equipo, algunos jugadores no hicieron un buen trabajo. En casa, en cambio, todos presionaron cuando tocaba y mantenían la distancia necesaria. Quiero ver eso aquí", dijo en las catacumbas del estadio inglés.
En defensa de Deco
En este marco estrictamente futbolístico se encontró cómodo Flick. En el contexto electoral, o sobre Xavi, no tanto. Por eso buscó fórmulas para zafarse. "Solo estoy concentrado en nuestro partido. Si jugamos mal y perdemos no me preguntaréis por las elecciones, ¿verdad? Quiero centrarme en lo que pasa en el campo".
No lo consiguió, porque el ruido electoral ya es de muchos decibelios, y el resultado de las urnas le afecta, y lo sabe. Podría saltar Deco, por ejemplo, del que subrayó el grado de complicidad que ha formado con él. "Hay que esperar a las elecciones", empezó diciendo. "Pero quiero decir que vamos siempre a una, tenemos siempre la misma idea. Hemos creado un equipo para el futuro. Llevo un año y medio aquí y disfruto cada día", remarcó cuando se le insistió sobre si ata su continuidad a la del director deportivo.

Marcus Rashford, en el entrenamiento en Newcastle. / ADAM VAUGHAN / EFE
A Flick se le percibió más incómodo al hablar de Xavi y la publicidad de sus encuentros, en particular ahora que es enemigo público de Joan Laporta. "Tengo buena relación con él. Hablamos cuando yo era seleccionador y cuando llegué a Barcelona le visité en su casa. Pero esto es privado. Cuando hablo con mi mujer o con otro entrenador es privado. Sé la verdad y esto es todo lo que quiero decir ahora". Pareció morderse la lengua.
Prefiere concentrarse en el Newcastle, club que transmite culto por sus leyendas, como Kevin Keegan y Alan Shearer. Hay estatuas, librerías y pubs con sus nombres por la ciudad. Fueron los Lamine Yamal de otros tiempos ya lejanos. Qué diferencia con el Barcelona ahora mismo. Las fidelidades presidenciales parecen pesar más. ¿Quién lo iba a decir? Nunca nadie dijo que esta fuera una institución normal.
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