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LA LUPA

Araujo ya solo sufre, por Albert Blaya

LA CRÓNICA: Un penalti de Lamine Yamal en el último segundo blanquea un mal partido del Barça en Newcastle

LAS REACCIONES: Flick celebra el empate: "Antes del partido era un buen resultado"

La lupa del Newcastle-Barça, por Albert Blaya

EL PERIÓDICO

Albert Blaya

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Lamine Yamal pasó el partido sin tener aquello que le hace distinto, sin apenas poder oler el cuero, en un estadio que buscaba intimidarle para que su fútbol, mágico, no floreciese nunca. Cuando Raphinha, que es el alma, se fue a por el penalti, apareció quién será el Rey del fútbol la próxima década para decirle al público que su griterío no tenía efectos y que el 10 que luce, heredado del jugador que hizo del verde su jardín, no es pirotecnia narrativa, sino la asunción lógica del camino. Lamine absorbió la presión y el horroroso partido del equipo para marcar un gol que puede valer una eliminatoria. Las noches grandes son para Lamine Yamal lo que las rutinarias para el resto: lo habitual.

Ir a Newcastle es ir a un sitio donde la gente solo tiene al fútbol como salida. Es aceptar que el ruido ensordecedor, de infierno que arde, de Sant James Park no es una reacción; es una forma de ser y entender lo que les sustenta. Con eso, el Barça se tenía que preparar para aceptar que durante unos minutos no iba a poder jugar, o no sabría hacerlo. La presión se sentía en cada recorrido, como un fantasma, y los jugadores azulgranas no podían pasarse la pelota, que siempre estaba en una esquina, volando, en el aire, donde los Goliats que posee el Newcastle siempre serán mejores. El Barça jugó un primer tiempo convencido que en ese campo que parecía un escenario de guerra, no sabría jugar. Y no lo hizo. Salvo Pedri, que siempre quiere la pelota por lo que es, y no por lo que imagina.

Este Barça necesita oxígeno

Pero si algo ha quedado patente es que este Barça necesita oxigeno. Flick, que cedería a Pedri la custodia de sus nietos, quitó al canario porque no podía más, tras haberlo reservado ya en Bilbao. Hizo lo propio con Bernal, acalambrado, y Eric se quedó sin jugar. En el momento más importante del curso, los azulgranas han perdido a Koundé, Balde y De Jong, y otros juegan ya padeciendo el cansancio que deberá ser gasolina para la gloria. Si algo no se le puede reprochar a este Barça es fe, ese deseo imponderable de que por mucho que el rival te asfalte, siempre quedará una opción para vivir. Pero Flick, que debe hacer malabares, pensará ya cada partido como una batalla con demasiados frentes como para que ese equilibrio no ceda en algún momento. Newcastle le demostró a este Barça su vulnerabilidad y que lo que brilla, si el rival achucha, todavía puede caerse.

Un epitafio para Araujo. Volvió a aparecer en la foto, esta vez de forma un tanto absurda, agarrotado tras intentar un remate al segundo palo cuando el partido pedía calma, regresando a destiempo y quedándose como lo hacen los niños cuando juegan y el rigor y la lectura son todavía cosas de adultos. Estaba ahí, parado, abriendo un espacio que atacó quién él debía defender. Quizá esto le alivió, pues en la foto del gol su cara no aparecía. Precisamente por eso, porque no estaba. Su partido confirma que todo lo que fue el uruguayo es pasado, esa dureza, contundencia y amenaza se sienten como días lejanos y Xavi Espart, menudo y debutante, dejó mejores jugadas defensivas que las del uruguayo en 5 minutos. Flick deberá tomar decisiones porque lo de Ronald no es una involución, sino una caída al vacío en el que lo que le hizo sobresalir ha dejado de existir, como auto anularse para convertirse en un cuerpo extraño. Los uruguayos saben sufrir. Y Araujo ya solo sufre.

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