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Opinión | Elecciones en el FC Barcelona

Francisco Cabezas

Francisco Cabezas

Jefe de Deportes de EL PERIÓDICO

El análisis del debate: Laporta y Font se enredan entre navajazos

Joan Laporta y Víctor Font, durante el debate del Grupo Godó.

Joan Laporta y Víctor Font, durante el debate del Grupo Godó.

Joan Laporta y Víctor Font tenían las butacas muy cerca, pero el presidente saliente, repantigado en su silla, tenía que girar el cogote para dirigirse a su contrincante y señalarle con el dedo. Una posición de lo más incómoda para un cara a cara muy adecuado para estos tiempos en que los impactos de 'reel', los navajazos, y las frases construidas por el gabinete de turno -fácilmente subtitulables, por supuesto-, importan más que el fondo del asunto. Y eso a Laporta no le viene nada mal.

El momento clave del primer debate de las elecciones a la presidencia del Barça, organizado por el Grupo Godó, se produjo cuando Font, al que se notaba que tenía preparado ese ataque -consistente en una única frase-, se le ocurrió decirle a Laporta: "Yo no llevaré al Barça en la cartera". El presidente saliente, algo descolocado, se agarró con fuerza a la silla. "¿Qué quiere decir eso?", le contestó su oponente. Sin ir más allá.

Pero Jordi Basté, que era quien moderaba, estuvo brillante al rescatar la cuestión un rato después, cuando tanto Laporta, al que no le interesaba demasiado entrar ahí, como Font, que no había sabido aprovechar su momento consciente de que podía meterse en un berenjenal de consecuencia judicial, se habían enredado en la opereta y los tortazos de fogueo. Ni Font pudo incidir más: "Yo no vivo del Barça". Ni Laporta tuvo que esmerarse en defenderse: "Es una mentira que te desacredita para ser presidente". Pelillos a la mar.

Víctor Font y Joan Laporta antes del debate electoral del Grupo Godó.

Víctor Font y Joan Laporta antes del debate electoral del Grupo Godó. / Europa Press

Sirva el ejemplo para entender por qué en el debate se repitió una y otra vez la palabra "mentira". Una expresión empleada por los candidatos como si ésta fuera la única manera posible de posicionarse en un electorado militante y que ya ha descubierto que Laporta, el hombre del pueblo, ridiculiza a Font llamándole "tecnócrata de ordenador", y que Font tiene bien aprendidos los puntos oscuros del 'laportismo', desde la New Era de Birladeanu -a saber si el socio sabe ya quién es este señor moldavo que un día se hace con las telecomunicaciones, y otro compra un paquete de asientos VIP para salvar la inscripción de Olmo-, pasando por las comisiones de los intermediarios hasta los acuerdos con el Congo.

Tampoco pareció muy afectado el presidente saliente por la entrevista de La Vanguardia en la que Xavi Hernández, que ha entrado con los tanques en la campaña después de un buen tiempo a la bartola sin saber muy bien qué hacer, publicita su mala relación con quien fuera uña y carne (Alejandro Echevarría), y responsabiliza a Laporta de haber vetado el retorno de Messi después del Mundial de Qatar.

En un barcelonismo entregado a Hansi Flick, gran punto de unión en el Camp Nou al ser quien ha cambiado el ánimo derrotista en el que estaba clavado el club desde el oscuro tiempo de Bartomeu y quien ha puesto en valor a los jóvenes de La Masia, la figura de Xavi suma ahora de aquella manera. Más aún cuando él mismo declaró, en una entrevista a Gerard Romero, que había sido Messi quien había rechazado regresar a Barcelona porque veía Miami un destino más adecuado para su estabilidad emocional. Ahora, Xavi se ha corregido y ha reformulado su verdad.

Pero claro, estamos en campaña. La verdad es lo de menos.

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