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Barraca y tangana

Seremos intensos, ingenuos y apasionados, por Enrique Ballester

La Jornada Retro se convertirá en la clásica trampa de la nostalgia, pero a quién no le gusta engañarse de vez en cuando.

LaLiga organizará una jornada retro en abril.

LaLiga organizará una jornada retro en abril. / LALIGA

Enrique Ballester

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Atención: LaLiga ha programado una Jornada Retro. Del 10 al 13 de abril, la mayoría de los equipos de Primera y Segunda División jugará con «equipaciones inspiradas en modelos icónicos». Aquí estamos a favor de la idea, pero vamos con todo. No nos quedemos a medias.

La Jornada Retro debe ser completa, más allá del envoltorio. El sábado solo se jugará un partido, por la noche, y lo veremos por televisión en abierto. El domingo a las cinco se jugará casi toda la jornada. Iremos al estadio, mascaremos regaliz, pagaremos en pesetas y escucharemos los goles de los otros campos por la radio, girándonos para ver en el videomarcador los resultados.

El último partido del domingo será el partido del plus. Cuando el árbitro pite el inicio, desearemos con todas nuestras fuerzas que al tío que aprieta el botón de codificar la imagen le haya dado un desmayo. Como eso nunca pasaba, veremos el partido codificado. Después llegará el turno de los resúmenes en la tele, antes de dormirnos con la radio.

La primera vez

El lunes, obviamente, habrá que comprar el periódico para leer las crónicas, justo al salir del colegio. Nos sobrará algo de dinero para comprar un tiburón, una carretera y un huevo. Nos los comeremos mientras jugamos al PC Fútbol, con el noble objetivo de ganar la Champions con el Plasencia. Intentaremos fichar a Lakabeg, que terminará contrato a final de temporada. Nos dirá que no quiere salir de su entorno, como siempre, y recordaremos lo que decía nuestro primo en verano: ¿Por qué no puede vivir lejos de su entorno? ¿Qué es? ¿Un ciervo?

Respiraremos fútbol las 24 horas: en casa, en clase, en el patio, en la calle, en el entrenamiento, en el pueblo en verano. Seremos felices, soñaremos despiertos y lloraremos de vez en cuando. Viviremos cada paso como si fuera la primera vez, porque de hecho será la primera vez. Seremos intensos, ingenuos y apasionados. Un poco insolentes. Naturalmente exagerados.

Por unos días, recuperaremos el entusiasmo. Estaremos absolutamente convencidos de que somos mejores que los demás. Seremos insoportables. Sentiremos que formamos parte de algo.

Sin videoarbitraje

En los partidos de la Jornada Retro no debería haber videoarbitraje. Tampoco árbitros ciclados. Cuando haya un gol, miraremos rápidamente al árbitro y al linier y lo celebraremos a pleno pulmón, sin temor a que sea después anulado. La victoria valdrá dos puntos y todos sabremos qué es penalti y qué es mano.

Después de la Jornada Retro no tendremos que ir al trabajo. Los problemas los tendrán nuestros padres, y ni siquiera nos enteraremos de qué está pasando. Tendremos energía. No sabremos qué es vivir cansados.

Unos días antes, en Semana Santa, habrán publicado el Extra del Mundial de Don Balón y ya sabremos de memoria el calendario. Colgaremos un póster en nuestra habitación, con los días que faltan para el Mundial, y cada noche tacharemos un número en la cuenta atrás. Pensaremos en la cama qué harán los nuestros, medio inquietos y medio emocionados.

La Jornada Retro se convertirá en la clásica trampa de la nostalgia, pero a quién no le gusta engañarse de vez en cuando.

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