Andá p'allá, bobo
El partido está donde lo quería Víctor Font

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas / ·

Esto ha empezado. Y ha empezado con Joan Laporta y su gente sacando los tanques a la calle. Una cosa es el calentamiento y otra, muy distinta, una campaña de apenas una semana.
Si nada más ser nominado candidato, Laporta tarda 20 minutos en presentarse en la redacción de su periódico favorito y se deja entrevistar por alguien que, en 2012, dijo de él que era “el peor expresidente de la historia del Barça”, es porque no lo ve claro. Y si, dos horas después, se va a la emisora de ese mismo grupo, es porque sabe que el partido está donde quería Víctor Font, en un verdadero cara a cara.
Si Laporta ha puesto su maquinaria a pleno rendimiento, si ha lanzado a Xavier Sala i Martín a destrozar al que se ponga por delante, se llame Marc Ciria o como se llame, si Elena Fort, su vicepresidenta, tiene el descaro, porque no se puede llamar de otra manera, de asegurarle al ‘Ara’ que “Alejandro Echevarría es imprescindible para que el Barça funcione”, es porque temen que, en siete días, Font sea capaz de darle la vuelta a los pronósticos.
Esto solo acaba de empezar, pero Laporta y los suyos se han puesto manos a la obra, por tierra, mar y aire. Y, digo aire, porque supongo que la nube, las redes, que yo no tengo ni sigo, ni sé, también van a jugar un papel importantísimo en esta batalla de todos contra Font. Ya he oído demasiadas veces eso de que, posiblemente, Font sea un buen presidente, pero es un mal candidato. Y me pregunto, si usted piensa que sería un buen presidente ¿por qué no lo vota?

Joan Laporta, en el palco del Camp Nou. / Jordi Cotrina
Una cosa tengo clara, no sé si la tiene también Víctor Font, que, como se ha podido comprobar en la recogida de firmas, era el único que tenía suficientes argumentos para exigir ser el líder de la oposición, para aglutinar las otras versiones de la oposición. Ahora, por descontado, ya es tarde. No tiene sentido recoger a los perdedores, ni siquiera que pidan el voto para Font. Ahora es Font quien se tiene que ganar los votos, él solito.
Y, en ese cara a cara, va a tener que decidir si quiere jugar con las mismas cartas que Laporta o quiere seguir siendo la marca blanca del Barça. Lo digo porque Laporta ya empezó anoche a engañar al socio al afirmar que la Audiencia Nacional rechazó la demanda del socio del Barça, demostrando que todo era falso.
No, no, Laporta, que es abogado, aunque no ejerza, sabe que lo que hizo la Audiencia Nacional es decir que no es competente en ese tema y que, si quiere el demandante, puede acudir a los juzgados de Barcelona. Esto no ha terminado y Laporta lo sabe, lo que ocurre es que no le interesa que se sepa que el caso está aún muy vivo, ya que la Audiencia Nacional no lo tiró a la basura, que va, que va, simplemente dijo que no era competente en ese asunto.
Víctor Font sabe que está solo, sabe que, de la sociedad civil catalana, solo Jaume Guardiola se ha atrevido a dar el paso. Si hubiesen más Guardiola, Font podría ganar. Si dos, tres o cuatro de los 37 directivos y/o ejecutivos que abandonaron el Barça, hablasen, Font arrasaría. Pero nada de eso ocurrirá.
El problema que tendrá Víctor Font es que, en este pulso, está muy solo. Nadie, nadie, de la sociedad civil catalana le va a echar una mano. Nadie. Bueno, sí, se ha atrevido Jaume Guardiola, al que no estaría nada mal ver actuar en un debate económico, por ejemplo, ¿verdad?, con Sala i Martín.
Cuando digo que Font está muy solo es porque ni uno solo de los 37 directivos, ejecutivos o profesionales que abandonaron el club en este segundo mandato de Laporta, por la puerta trasera, se atreverán a decir lo que vieron y oyeron o, simplemente, explicar los motivos por los que dejaron el proyecto de Laporta.
Si cualquiera de los prestigiosos miembros de la sociedad civil catalana, que piensan que Joan Laporta no debería ser el presidente del Barça, abrieran la boca, diesen, simplemente, su opinión (muchos han sido sondeados por diversos medios y se han negado a dar su opinión), las posibilidades de Font, aumentarían. Y si dos, tres o cuatro de los 37 que se fueron contasen por qué se fueron, Font arrasaría. Repito: arrasaría. Pero nada de eso ocurrirá. Y Font, lo sabe.
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