Opinión | Apunte

Jefe de Deportes de EL PERIÓDICO
Con Laporta, contra Laporta

Joan Laporta, en el palco del Camp Nou. / Jordi Cotrina
Hay quien dice que los procesos electorales del Barça sirven para promocionarse y sacar partido personal y profesional. Sin embargo, no es extraño que provoquen también el efecto contrario y los aspirantes, envueltos en un delirio al que los medios de comunicación contribuimos de manera muchas veces irresponsable, queden del todo expuestos. Agustí Benedito, Jordi Farré o Emili Rousaud salieron en su día trasquilados cuando les tocó demostrar que había carne tras la máscara. A Marc Ciria, cuya precampaña será recordada por su gestualidad de 'reel' y sus discursos 'dicaprianos', le tumbaron el 21% de las firmas después de confiar buena parte del trabajo a un ejército de adolescentes. Una chavalada reclutada para hacer más o menos lo mismo que los que te asaltan a las puertas de El Corte Inglés con la carpeta y el cuento.
Con todo, a Víctor Font se le ha abierto ese escenario con el que tanto había soñado cuando reparó en que con aquello de Sí al Futur no habría ni por dónde empezar si no había manera de unir al 'antilaportismo'. Y que la única opción viable para sacar de la silla presidencial a Joan Laporta pasaba por un plebiscito electoral, más accesible que aquella moción de censura que hace un año no quiso promover y donde hubiera necesitado el 66,6% de los votos de los socios compromisarios. Ni siquiera ha tenido Font que forzar una candidatura Frankenstein que acabara con los implicados entregándose a la lucha de pasta y egos.
Aunque un plebiscito ni mucho menos asegura el triunfo del opositor de turno. Será la cuarta vez que las elecciones del FC Barcelona vivan un cara a cara, imponiéndose siempre el poder reinante. Josep Lluís Núñez ganó a Sixte Cambra (1989) y a Ángel Fernández (1997) sin despeinarse, y Joan Gaspart, con las brasas del 'nuñismo', a Lluís Bassat (2000). Lo que sí obliga el nuevo campo de juego es a que el presidente saliente baje del tractor y se implique de verdad, porque a Víctor Font no sólo le votarán quienes crean en su modelo de gestión, sino también todos los que rechazan el 'laportismo', con el escondido voto 'nuñista', irrelevante en las últimas elecciones, esperando su momento. Es más fácil odiar que amar.
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