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El cuestionario de las elecciones

Xavi Martín, exdirector de La Masia: "Laporta ha reactivado el corazón del club. El reto ahora es no depender de una heroicidad para sobrevivir"

Quien fuera máximo responsable de la residencia del Barça, también exdirector de comunicación del club, responde al cuestionario de EL PERIÓDICO

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Xavi Martín, exdirector de La Masia.

Xavi Martín, exdirector de La Masia. / EP

Francisco Cabezas

Francisco Cabezas

Barcelona
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Xavi Martín ha tenido varias vidas, también en el Barça. Con Sandro Rosell como presidente ejerció de director de comunicación del club entre diciembre de 2011 y enero de 2014. Mucho más agradecida fue su labor como director de La Masia, trabajo del que se siente especialmente orgulloso, y que desarrolló desde febrero de 2019, cuando Josep Maria Bartomeu le ofreció el puesto sustituyendo a Carles Folguera, hasta mayo de 2021, poco después de que Joan Laporta ganara las elecciones de aquel año.

El cuestionario

El segundo mandato de Joan Laporta no se puede leer solo en cifras. Se tiene que leer en estado de ánimo. Laporta devolvió algo que el club había perdido: orgullo. Venía de una etapa gris, con sensación de decadencia institucional y tristeza colectiva. El regreso de Laporta activó emocionalmente al barcelonismo: relato, autoestima, confrontación externa, energía. Pero hay una paradoja: el mismo liderazgo que alimenta ilusión genera tensión constante.

El balance es dual: ha reconectado al socio con la emoción. Pero el club vive en permanente montaña rusa. El Barça necesita ilusión, sí. Pero no puede vivir solo de ella.

El Barça no es solo una empresa; es un estado emocional. La continuidad de Laporta significa mantener un liderazgo carismático, presidencialista y simbólico. Eso moviliza. Pero también polariza. El cambio implicaría un perfil más gestor. Aquí la pregunta incómoda es: ¿el socio quiere más estabilidad o quiere sentir que el club vuelve a desafiar al mundo? Porque el barcelonismo históricamente ha preferido la épica a la contabilidad.

Sí, pero me preocupa más la normalización del riesgo. El Barça siempre ha sido emocionalmente expansivo: fichajes, ambición, grandeza. El problema es cuando esa pulsión forma parte estructural del modelo. El club necesita volver a una idea muy sencilla: crecer desde el talento propio.

Cuando el Barça ha sido más fuerte —Cruyff, Guardiola, no fue cuando más gastó, sino cuando más creyó en sí mismo, en La Masia. Algo que , afortunadamente, está pasando ahora y que todos los socios y aficionados estamos disfrutando. La economía es importante, pero lo que realmente sostiene al Barça es su coherencia futbolística.

Lionel Messi no es nostalgia. Es patrimonio emocional. Su salida dejó una herida abierta. No fue solo una marcha deportiva; fue una ruptura simbólica.

Como jugador, su retorno hoy tendría más valor emocional que estructural.. Como icono global, su vinculación futura es estratégica. Por tanto, ¿debe volver como jugador? No necesariamente. ¿Debe volver al club? Sin duda.

Messi representa el Barça que enamoró al mundo: talento humilde, excelencia sin arrogancia, identidad pura. Su papel debería ser institucional, pedagógico, simbólico. Un puente entre generaciones. Pero cuidado: el Barça no puede vivir esperando que Messi lo salve . El ciclo debe construirse con los nuevos referentes.

Aquí está el corazón del asunto. El Barça es “més que un club” porque el socio siente pertenencia real. Pero cuando las decisiones se vuelven opacas o demasiado complejas, esa sensación se diluye.

Hoy el socio vibra con el equipo, pero entiende poco el modelo económico. Y cuando el socio deja de entender, delega emocionalmente. El reto no es solo ganar títulos. Es que el socio sienta que el club le pertenece también en las decisiones difíciles, no solo en las celebraciones.

El Barça no es una institución más. Es memoria, identidad y orgullo de pertenencia. El mandato de Laporta ha reactivado el corazón del club. Ahora el reto no es ganar una Liga más. El reto es que el club no dependa siempre de una heroicidad para sobrevivir. Porque el Barça necesita emoción. Pero todavía más, necesita futuro.

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