LA SITUACIÓN AZULGRANA
Flick pierde una Copa, pero alumbra y gana a Marc Bernal
La crónica: Un Barça de ensueño y éxtasis se queda a un palmo del milagro ante el Atlético (3-0)
La contracrónica: El Camp Nou ensaya las futuras gestas
Las reacciones: "Si seguimos jugando así, el final de temporada será espectacular", dice el Barça

Marc Bernal, entre Gerard Martín y Cancelo, tras el partido frente al Atlético en el Camp Nou. / JORDI COTRINA

Lamine Yamal, abatido y frustrado, se retiraba por el túnel de vestuarios del Camp Nou. Iba solo. Afuera, miles de personas no abandonaban sus asientos, orgullosos de un triunfo que era, en realidad, una derrota porque el Barça caía en la semifinal de Copa, perdiendo así Hansi Flick su primer título nacional.
Ahí, mientras sus compañeros terminaban derrengados sobre el césped, con el Atlético festejando su primera final en los últimos 13 años, emergía la figura de un imponente adolescente que digería en silencio la amargura de una victoria insuficiente. Pero la gente, puesta en pie, no se quería ir de su sitio, reconciliado con su Barça.
Y él, un tipo altísimo (mide 1.91 m), con apenas 18 años, Bernal miraba ese momento de catarsis en una noche que jamás olvidará, mientras Lamine ya había cruzado la puerta del vestuario. "Jugaron bárbaro, planteamos el partido para atacar, pero no se dio", confesó un feliz y aliviado Simeone, justo antes de que Flick ensalzara el comportamiento de su equipo.
Delanteros sin puntería (de nuevo)
Un equipo capaz de marcar tres goles, a pesar de la falta de puntería de sus delanteros. No hubo un ‘nueve’ resolutivo porque Ferran se extravió. Raphinha no es el mismo del curso pasado. Y Lamine Yamal, que firmó una colección de regates prodigiosos (anotó 14 regates de 19 realizados), dejando la asistencia del 1-0 a Marc Bernal, pero sin poder enfocar con acierto en la portería de Musso. Apenas tres remates dejó el extremo, solo uno entre los tres palos.

Flick se acerca a Pedri para levantarle tras caer eliminado el Barça en la Copa del Rey. / Jordi Cotrina
Lewandowski, entretanto, lo miraba todo desde la grada pagando ese golpe en la cara interna de la órbita del ojo izquierdo, que le dejó de baja. Tan extrañado andaba el Barcelona que Flick, en una decisión insólita, sacó a Araujo para colocarlo en el eje del ataque en los últimos 20 minutos. Era ya un síntoma más evidente de que el alemán no tenía más recursos para alcanzar el cuarto tanto que le llevara a la prórroga.
Marc trae orden y equilibrio defensivo
En la orilla se quedó el Barça, quien ha recuperado la solidez defensiva después de encadenar dos derrotas consecutivas: 4-0 del Atlético en el Metropolitano y 2-1 del Girona en Montilivi. Coincidiendo, además, con la irrupción de Marc Bernal en el centro del campo tejiendo un triángulo firme con Eric y Gerard Martín (Levante), luego repetido con Cubarsí y Eric (Villarreal) y después con Cubarsí y Gerard Martín (la vuelta de la Copa).

Raphinha dispuesto a marcar de penalti ante el Atlético. / Jordi Cotrina
Se ha establecido con una seguridad pasmosa, convertido en el jefe del equipo como si llevara toda la vida habitando en la casa de Busquets, minimizando riesgos atrás de tal manera que solo ha encajado el Barça un gol en los últimos 270 minutos (el de Pape Gueye, a la salida de un córner) y recibiendo solo cinco remates a portería, quitando así muchísimo trabajo a Joan Garcia que vive ahora con tranquilidad, lejos del vértigo de otros días.
Desde que Flick lo colocó en el cruce de caminos ha dotado de consistencia a un Barcelona que se había rasgado de manera más que evidente. Desde entonces, tres partidos, tres triunfos azulgranas (Levante, Villarreal y Atlético) con un contundente parcial de 10-1. Todos esos encuentros jugados en el Camp Nou.
Y con Bernal al frente de un equipo jovencísimo (la media de edad del once inicial era de 23,7 años, sin que nadie alcanzara la treintena) transformado en mucho más que un recambio del lesionado Frenkie de Jong. Es ya una solución y un tesoro para Flick.

Marc Bernal marca el 1-0 a puerta vacía. / Jordi Cotrina
Su trascendencia en la semifinal copera iba mucho más allá de los dos goles que anotó. Goles que no parecen propios de un medio centro. En el primero estuvo astuto para engañar a la poblada defensa del Atlético para quedarse solo en el corazón del área pequeña para premiar el gran pase de Lamine. En el segundo oteó un hueco en la zaga cholista para sacar con inteligencia su pierna izquierda y engañar a Musso con un preciso remate al primer toque. Gol de puro ‘nueve’.
Completó el partido de su vida firmando cinco tiros, cuatro a puerta (el 45% de los que firmó todo el equipo) y dos tantos, siendo el delantero más peligroso del Barcelona, que solo anotó a balón parado. Los dos goles de Bernal llegaron tras saques de esquina servidos en corto, funcionó la pizarra de Hansi, y el penalti de Raphinha.
Apenas falló el centrocampista siete pases, con un 86% de acierto, mientras el Camp Nou se marchaba triste porque se pierde una final de Copa, aunque sabe que ha asistido al alumbramiento de un poderoso y goleador medio centro, hijo de la misma generación de Pau Cubarsí y Lamine Yamal.
Niños son los tres del 2007, juveniles que deberían estar sosteniendo al juvenil azulgrana en la Youth League, pero son, sin embargo, pilares indiscutibles del Barça de Flick.
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