Golpe franco
Pedri no pudo con todo
Un Barça de ensueño y en éxtasis se queda a un palmo del milagro contra el Atlético
El Camp Nou ensaya las futuras gestas

Copa del Rey: Barcelona - Atlético de Madrid, en imágenes. / Alejandro Garcia / EFE

Un partido extraordinario del Barcelona en el que hubo un héroe, Pedri, que no pudo con todo pero que dio una lección impresionante de fútbol y de pasión por su equipo. Él es mucho más que un futbolista: es un compañero que espera el suspiro de los otros para correr con ellos aunque se le rompa el aliento.
El partido es menos importante, ahora, que esa enorme fortaleza con la que Pedri se mantuvo en el campo. Él no estuvo en el partido de ida, pero en esta ocasión, obligado a ser el capitán in péctore del equipo, fue a la vez de casi todas las demarcaciones, hasta que el azar al que obliga el cansancio le aconsejó al entrenador que debía llevárselo al vestuario.
No se fue. A veces hay futbolistas así, capaces de hacer de su pasión un ejercicio que alienta al colectivo a seguir y seguir y seguir en busca de una alegría que, en este caso, él no quería dejar a cargo de sus compañeros. O, quizá, no quiso dejar que el campeón fuera otro. Él quizá quería estar allí para chutar en el último suspiro de un partido que acabara en empate.
El miedo de la grada
Esa fue, sin duda, la aspiración de la grada azulgrana, y sin duda fue la mía propia, asustado desde el principio por la posibilidad de que el equipo se rindiera ante un gol del contrincante. Eso no ocurrió, es evidente, pero yo pensé que en algún momento ese 3-0 podía ser una reivindicación cuádruple de Bernal, que ya es parte de los mejores del Barcelona.
No pudo ser, no fue, pero casi todo lo que pasó resultó una explicación ética del fútbol del Barça, que tuvo a todo el equipo, los que salieron primero y los suplentes, dispuesto a hacer de esta jornada difícil una celebración inesperada.
El equipo jugó como si estuviera en la final de todas las temporadas del año, y aplaudirlos a todos es justo, sin duda. Que Pedri me parezca el mejor de los que hicieron de este partido una enorme proeza fallida tiene que ver con los méritos del canario: quedarse ahí cuando el tiempo ya se le había cumplido es un ejemplo más de su sentido de la responsabilidad y de su pasión por el equipo en el que juega.
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