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EL APUNTE

Sumas que no suman

Laporta, en los aledaños del Camp Nou, este domingo.

Laporta, en los aledaños del Camp Nou, este domingo. / Jordi Cotrina

Lluís Carrasco

Lluís Carrasco

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En el universo siempre imprevisible de unas elecciones a can Barça, donde el carisma de alguno fundiendo Parmigiano Reggiano sobre unos macarrones, convive con excels de color ya amarillento o discursos motivacionales que recuerdan a chat GPT, ha irrumpido un último estallido de emergencia: la fusión de todos contra Laporta. Una especie de filme hollywoodiense de Vengadores del descontento, pero con más urgencias que superpoderes.

La unidad y la transparencia colectiva frente a la supuesta opacidad de un palco. La aritmética es tentadora; si A es perdedor, B es perdedor, y C es perdedor, quizá A+B+C obren, por suma, el milagro. El problema es que las elecciones no son una hoja de cálculo, sino una cuestión de relato, credibilidad y liderazgo. Y ahí es donde hay sumas que restan. No, el "todos contra Laporta" no garantiza el éxito. Cada aspirante tiene su carácter, su equipo, su sueño e idea de club. No es lo mismo un gestor que gusta de ser obedecido sin demasiado conocimiento, que un agitador con poco consejo, aun colmado de ambición y futuro, que un nostálgico del ayer y de un 4-3-3 de hemeroteca. Y mezclarlo todo a 14 días de las urnas, tiene más pinta de cóctel desesperado que de proyecto unificado.

La porta, Max Cidia, Victor Font, Xavier Villanova

Xavier Vilajoana, Víctor Font, Marc Ciria y Joan Laporta. / El Periódico

Si esa confluencia la hubieran trabajado hace meses, con tiempo para debatir, ceder y construir un programa común, hoy estaríamos hablando de una suma de proyectos convertidos en una firme alternativa. Los socios votarían una visión compartida, una hoja de ruta clara, una opción sólida. Pero cuando la foto se prepara deprisa y corriendo, la sensación no es de sinergia, sino de urgencia.

Y la urgencia, en política azulgrana, huele a derrota anticipada. Porque cuando varios candidatos que no despegan deciden fundirse en un abrazo táctico a dos semanas de las elecciones, uno no piensa en la fuerza de la unión, sino en la aritmética del naufragio. La suma de perdedores no da un ganador. Da un perdedor más grande. Con más logos, eso sí. Más logos y más sillas que, probablemente, nunca llegue a poder ocupar.

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