Girona - Celta (1-2)
El Girona se lleva un chasco ante el Celta y vuelve a mirar hacia abajo
El equipo de Míchel ve cómo el equipo gallego le remonta el partido por culpa de 12 minutos fatídicos

Witsel y Jutglà disputan un balón durante la derrota del Girona ante el Celta en Montilivi. / Afp7
El vaso medio lleno, el vaso medio vacío… El Girona ha visto cómo se le escapaba no solo la victoria, sino también el empate, en doce minutos fatídicos que han condenado al equipo a la derrota ante un Celta de lo más efectivo. Y eso que el partido se había puesto muy de cara en la primera parte, con un gol de Vanat a la salida de un córner. Tras el descanso, Jutglà y un autogol de Vitor Reis le dieron la vuelta al marcador y helaron las aspiraciones del Girona de mirar más hacia arriba que hacia abajo. Ni siquiera Ounahi pudo igualarlo, pese a que con el marroquí sobre el césped fue cuando el equipo disfrutó de más ocasiones para marcar. La derrota no es tan trascendental porque el descenso sigue a seis puntos, pero sí queda claro que, para mirar hacia arriba, todavía falta mucho. Tocará seguir pedaleando…
La victoria contra el Barça contrarrestaba el doble regusto amargo que habían dejado los empates en Vitoria (2-2), el lunes pasado, y en Sevilla (1-1). Se habían escapado cuatro puntos en el añadido; aun así, el equipo sumaba y seguía avanzando hacia la tranquilidad. Con una solidez y una competitividad inimaginables a principio de curso, el Girona se había colocado seis puntos por encima del descenso y recibía al Celta consciente de que tenía una buena oportunidad para ampliar aún más la distancia. Sobre todo si lograba ganar y empezaba a convertir Montilivi en un fortín, asegurando los puntos.
Para intentarlo, Míchel solo hizo un cambio en el once titular y no, no fue Ounahi, sino Fran Beltrán. El ex, precisamente, del Celta ocupó el lugar de Iván Martín, el gran sacrificado. El resto, los de siempre, para afrontar una empresa complicadísima. Porque este Celta es un gran equipo, dinámico y alegre, que enseguida complicó las cosas a los gerundenses. De hecho, los gallegos pronto pusieron el corazón en un puño a Montilivi con un centro-chut de Mingueza que se estrelló en el larguero.
El partido estaba abierto y daba la sensación de que el Celta, más compacto, sabía mejor cómo atacar que el Girona. Y los de Míchel sufrirían a la espalda de Rincón y Arnau, sobre todo con un Fer López muy activo. Tsygankov lo probó de cabeza, tímidamente, a manos de Radu. Gazzaniga, muy seguro hasta entonces, también sería protagonista en una mala salida en un córner que pudo corregir con una parada descomunal con los pies a Jutglà. Costaba encontrar grietas en las dos líneas de cinco y cuatro con las que se ordenaba el Celta en defensa. Pero este nuevo Girona de 2026 tiene más armas. La estrategia, por ejemplo. Y si la semana pasada en Vitoria Witsel y Vanat se fabricaron el primer gol, ayer los mismos jugadores fueron los protagonistas del 1-0. Los de Míchel volvieron a encontrar petróleo tras un saque de esquina que primero tocó el belga y remató Vanat, para firmar su noveno gol de la temporada en la Liga.
El partido se le ponía de cara a un Girona que sufriría para llegar al descanso con ventaja. Gazzaniga tendría que aparecer otra vez para tapar un disparo con poco ángulo de Carreira antes de que el palo evitara el empate de Fer López. La madera salvaba al Girona por segunda vez y se llegaba al intermedio con el mejor escenario. La reanudación arrancaría con otra intervención del poste, esta vez para escupir un tiro envenenado de Arnau. A partir de ahí, el partido daría un giro. El Girona no había sido capaz de hacer el segundo gol y vería cómo el Celta, en doce minutos, le daba la vuelta al marcador.
Primero, Jutglà ganaría la espalda a Blind por velocidad tras un gran pase de Fer López y batiría a Gazzaniga con una definición incontestable. Con el empate, Radu tendría que desviar un buen intento de Rincón.
Montilivi: la asignatura pendiente del Girona
El intercambio de golpes favoreció al Celta, a quien la fortuna le sonrió cuando Vitor Reis desvió al fondo de su propia portería un centro de Mingueza. El Girona veía cómo, en un abrir y cerrar de ojos, pasaba a ir por detrás. Había tiempo para intentar arreglarlo y Míchel movió el banquillo con las entradas de Ounahi e Iván Martín primero, y de Echeverri y Abel Ruiz después. Con el marroquí en el campo, el Girona apretó al Celta y de sus botas nacieron dos buenas ocasiones para empatar. La primera la salvó Radu y la segunda rozó el poste. El portero rumano también evitó el intento de Echeverri. No había manera. Ni siquiera a la desesperada, cuando Ounahi cedió para Vitor Reis, que remató fuera de espuela. Tocará seguir pedaleando
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